Trabajadores revelaron que anoche hubo un cambio de último momento en el futuro de la histórica línea que conecta el sur del conurbano con Capital. Ahora hablan de un traspaso a “Misión Buenos Aires”, que promete hacerse cargo de los colectivos y de las deudas salariales. Mientras tanto, choferes y familias siguen esperando lo más urgente: cobrar lo que les deben.

La noticia llegó de golpe, casi como un murmullo que empezó a correr entre teléfonos y mensajes de WhatsApp entrada la noche. En la terminal de la histórica línea 148, donde desde hace meses los trabajadores se presentan para marcar presencia aunque mantienen la abstención de tareas por falta de pago, el comentario se transformó rápidamente en una pequeña asamblea improvisada.
“Se armó una pequeña asamblea. La UTA convocó de urgencia a los delegados que estaban acá en la empresa. Anoche, a última hora, hubo un cambio de dueño”, cuentan los trabajadores que participó del encuentro.
La frase resume el clima que atraviesa a quienes sostienen —o intentan sostener— una línea que durante décadas formó parte de la vida cotidiana de miles de vecinos del sur del Gran Buenos Aires. Desde Florencio Varela, pasando por Quilmes y Avellaneda, hasta llegar a la Ciudad de Buenos Aires, la 148 no es sólo un colectivo: es el trayecto diario de trabajadores, estudiantes y familias que dependen del transporte público para llegar a sus empleos, hospitales o escuelas.
Pero desde hace meses el servicio está atravesado por una crisis profunda. Los trabajadores continúan asistiendo a la empresa para cumplir con la obligación de marcar presencia, pero mantienen la abstención de tareas ante la falta de pago de salarios que se arrastra desde hace tiempo.
En ese contexto de incertidumbre laboral, la novedad sobre un posible cambio de manos volvió a agitar el panorama.
Hasta ayer por la tarde, según relatan los propios trabajadores, todo indicaba que el grupo empresario DOTA sería quien asumiría el control de la línea. Sin embargo, algo cambió a última hora.
“Estaba todo encaminado hasta ayer a última hora: era DOTA el grupo que se hacía cargo. Ahora dicen que se va a hacer cargo Misión Buenos Aires. Misión Buenos Aires se va a hacer cargo de toda la empresa”, explicaron desde el grupo de trabajadores.
El posible desembarco de este nuevo actor empresarial abrió interrogantes dentro del propio sistema de transporte del área metropolitana.
“Ahí, aparentemente, hace un aporte la 22. La línea 22 pertenece al grupo MOQSA. La verdad es que es medio raro. Pero el gran monopolio de Misión Buenos Aires ya tiene 100 coches 0 kilómetros preparados para sacar a la calle”, relatan los trabajadores.
Por ahora, todo se encuentra en una instancia preliminar. Según lo que circuló en la reunión entre trabajadores y representantes sindicales, la formalización del traspaso podría producirse en los próximos días.
“A más tardar el miércoles estaría firmándose el traspaso. Se hacen cargo de la antigüedad. De lo adeudado, aparentemente, sería en dos pagos, quizás”.
La principal preocupación de los trabajadores no gira alrededor del nombre de la empresa que finalmente se haga cargo del servicio, sino de las condiciones que quedarán plasmadas en los documentos del traspaso.
“El sindicato dice que Misión Buenos Aires se hace cargo de todo esto. Así que vamos a esperar a ver que se arme toda la documentación”.
Entre los puntos que los delegados buscan garantizar aparecen tres cuestiones centrales: el reconocimiento de la antigüedad laboral, el mantenimiento de las categorías y, sobre todo, el pago de los salarios adeudados.
“A ver qué es lo que ponen ahí en el traspaso. Nosotros vamos a tratar de velar que figure la categoría, la antigüedad y el compromiso de pagar la totalidad de los salarios adeudados. Es lo que más nos interesa”.
Detrás de esa preocupación hay una realidad concreta que atraviesa a las familias de los trabajadores.
“Estamos todos sin plata. Necesitamos que nos garanticen eso: el pago de todo lo que nos deben. Y salimos a trabajar”.
La crisis de la 148 no se limita a un conflicto empresarial. También deja al descubierto la fragilidad del sistema de transporte del que dependen miles de personas del sur del conurbano para sostener su vida cotidiana.
Cuando una línea deja de funcionar, el impacto se siente rápidamente en los barrios: viajes más largos, combinaciones más costosas y jornadas que pueden extenderse varias horas para llegar al trabajo o volver a casa.
Mientras tanto, en la terminal de la 148 la expectativa se mezcla con el cansancio. Después de meses de crisis, promesas y negociaciones, los trabajadores esperan que esta vez las definiciones lleguen acompañadas de soluciones concretas.
“La verdad es que me sorprendió toda esta noticia”, resumen los choferes.
