Miriam Romero, de enfrentar prejuicios en los barrios a levantar su voz en la vida pública
Ser mujer en Florencio Varela, según el relato de Miriam, implica atravesar una trama de desigualdades persistentes: prejuicios desde la infancia cuando una niña rompe los roles de género, el viejo mandato de “andar a lavar los platos”, la necesidad de imponer la propia voz para no quedar relegada, la falta de informes públicos y de rendición de cuentas del poder político, una justicia que avanza con lentitud y el impacto del narcotráfico que —advierte— destruye familias en los barrios. Dueña de una gomería sobre la avenida Eva Perón y referenta del radicalismo local, Romero reconstruye una vida marcada por el trabajo desde la niñez, el estigma por jugar al fútbol en los años sesenta y la convicción de que las mujeres deben dejar de ser “la sombra de” para convertirse en protagonistas de l...










