Esta entrevista a la concejala Julieta Pereyra inaugura una serie de conversaciones que El Vespertino mantendrá con mujeres referentas de distintos espacios de Florencio Varela, y que se publicarán a lo largo del Mes de la Mujer. Desde los barrios del centro y, sobre todo, desde las periferias donde reside la mayor parte del distrito, el diálogo se adentra en las tensiones entre poder, violencia y participación democrática. “A muchas mujeres que decidimos participar activamente en política se nos intenta disciplinar con descalificaciones, operaciones o silencios. Pero el acoso no nos va a hacer retroceder”, advierte. Y sostiene que cada intento de hostigamiento no hace más que reafirmar la convicción de estar ocupando un lugar que históricamente les fue negado.
Florencio Varela no es solamente su centro. Es también —y principalmente— sus barrios extendidos, donde las calles son de tierra, mejoradas o asfaltadas según la zona; donde el barro y el polvo forman parte del paisaje cotidiano; donde la vida comunitaria se organiza entre clubes, escuelas, sociedades de fomento y comedores.
Allí late el verdadero pulso del distrito: en las veredas sin baldosas, en las casas construidas por etapas, en las trabajadoras que regresan de noche desde otros puntos del conurbano, en las madres que organizan redes cuando el Estado no alcanza. Es en esa Varela amplia, desigual y profundamente solidaria donde se construye la política real.

Desde ese territorio habla Julieta Pereyra, no solo como actual concejala de Florencio Varela sino como la vecina, compañera, mujer, madre, abuela que es. No desde una abstracción institucional, sino desde una pertenencia concreta. En cada barrio —del casco céntrico a la periferia— hay mujeres que sostienen hogares solas, que trabajan y estudian, que militan sin cámaras, que emprenden con lo mínimo y multiplican lo poco. En esa identidad compartida se reconoce su discurso.
La conversación ocurre en una jornada intensa, con la agenda atravesada por debates que vuelven a poner al pueblo de Varela en el centro de la escena. Antes de comenzar, Julieta advierte con tono sereno que lo que sigue no son respuestas cerradas sino una invitación a pensar: “Mis reflexiones, más que respuestas eso son… sobre el rol de las mujeres en la vida pública de Florencio Varela, los desafíos pendientes en materia de género y la importancia de consolidar espacios institucionales de participación real como el Parlamento de Mujeres.”
– ¿Qué recuerdos de tu infancia y adolescencia creés que marcaron tu manera de entender el mundo y el lugar de las mujeres en él?
Crecí viendo que las mujeres sostenían todo: la casa, el trabajo, la comunidad, la política en silencio. Aprendí muy temprano que muchas veces hacemos historia sin que nuestro nombre figure.
Eso me formó en la convicción de que no quiero un lugar prestado, quiero un lugar legítimo. Y que ninguna mujer debería pedir permiso para ocupar el espacio que le corresponde.
– En tu recorrido de formación y crecimiento personal o profesional, ¿qué obstáculos sentís que tuviste que atravesar por ser mujer?
Ser mujer en política implica una evaluación permanente: cómo hablás, cómo vestís, cómo conducís. Se nos exige más y se nos perdona menos.
He atravesado intentos de minimizar mi voz, descalificaciones y situaciones de hostigamiento que difícilmente se ejercerían del mismo modo sobre un varón. Pero aprendí algo: cuando una mujer no se calla, incomoda. Y cuando incomoda, empieza a transformar.

– ¿Cómo describirías hoy la situación de las mujeres en Florencio Varela? ¿Qué avances reconocés y qué deudas siguen pendientes?
En Florencio Varela hay mujeres extraordinarias. Mujeres que sostienen hogares solas, que trabajan, que estudian, que militan, que emprenden con muy pocos recursos y aun así siguen de pie.
Hay avances en términos de visibilidad y participación, pero todavía tenemos deudas profundas en prevención de la violencia, autonomía económica y acceso real a oportunidades. Las políticas de género no pueden ser un eslogan; tienen que sentirse en la vida cotidiana.
– Florencio Varela vuelve a escena con el juicio “Zisuela II” (expediente 1485), donde siete personas serán juzgadas por promoción y facilitación de la prostitución de menores y mayores de edad, prevaricato y encubrimiento, entre ellos funcionarios públicos, militantes partidarios y letrados.
¿Qué mensaje deja este proceso judicial para la sociedad y para las mujeres del distrito?
Cada proceso judicial que involucra delitos contra mujeres nos duele como comunidad. Confío en que la Justicia actúe con independencia y celeridad.
Como representante pública, mi compromiso es fortalecer los mecanismos de prevención, protección y acompañamiento para que ninguna mujer vuelva a sentirse sola frente al abuso de poder. Las instituciones deben estar a la altura de la gravedad de estos hechos.
– El Triple Narco Femicidio ocurrido en Florencio Varela impactó profundamente en la comunidad. ¿Cómo analizás la relación entre narcotráfico, violencia machista y responsabilidades del Estado?
Cuando el delito organizado y la violencia machista se cruzan, el daño es devastador. El narcotráfico no solo genera inseguridad, también profundiza desigualdades y expone a las mujeres a múltiples formas de violencia.
El Estado no puede actuar de manera fragmentada. Seguridad, justicia, políticas sociales y de género deben trabajar articuladamente. No podemos naturalizar el miedo ni resignarnos a que haya barrios donde la violencia sea paisaje cotidiano.
– Si proyectás a Florencio Varela dentro de diez años, ¿cómo imaginás el lugar de las mujeres en la política, el trabajo, la educación y la vida comunitaria? ¿Qué te gustaría haber transformado personalmente?
Imagino una Varela donde las mujeres conduzcan espacios políticos con naturalidad, donde la autonomía económica no sea una excepción y donde las jóvenes puedan proyectar su vida sin miedo.
Me gustaría que dentro de diez años podamos mirar hacia atrás y decir que, entre todas, logramos consolidar herramientas reales de participación como el Parlamento de Mujeres, no como una iniciativa individual sino como una construcción colectiva del Concejo Deliberante. Porque cuando las mujeres trabajamos de manera articulada, la institucionalidad se fortalece y la democracia se amplía.

– Podrías nombrar una mujer de Florencio Varela que consideres relevante hoy?
Hay muchas. Me cuesta elegir una sola porque en cada barrio hay historias silenciosas de enorme valor. Mujeres que sostienen comedores, que crían solas, que emprenden sin red, que estudian de noche.
Creo que debemos empezar a contar más esas historias cotidianas, porque ahí está la verdadera transformación.

– Desde tu rol como concejala y representante de la comunidad, ¿qué iniciativas considerás prioritarias para fortalecer las políticas de género y mejorar la respuesta del Estado frente a las problemáticas que atraviesan hoy las mujeres en Florencio Varela? ¿Qué desafíos institucionales identificás y cómo creés que pueden abordarse de manera articulada?
Desde el Concejo Deliberante impulsé el Parlamento de Mujeres convencida de que la participación no puede ser simbólica, sino con incidencia real.
Considero prioritario fortalecer la autonomía económica, garantizar seguimiento integral en casos de violencia, establecer mecanismos públicos de evaluación de políticas de género y mejorar la articulación con el sistema judicial y las fuerzas de seguridad.
El desafío institucional es sostener estas políticas más allá de coyunturas. La perspectiva de género no puede ser una agenda secundaria.
– ¿Hay algo que quieras agregar?
A muchas mujeres que decidimos participar activamente en política se nos intenta disciplinar con descalificaciones, operaciones o silencios. Pero el acoso no nos va a hacer retroceder. Cada intento de hostigamiento solo reafirma nuestra convicción de que estamos ocupando un lugar que históricamente nos fue negado.
No hay democracia plena si una mujer es silenciada por ejercer su voz. Cuando las mujeres participan, la democracia se fortalece.

