Esta madrugada del 3 de enero marcó un punto de inflexión histórico en la región cuando el gobierno de Estados Unidos lanzó una operación militar directa sobre territorio venezolano, con ataques aéreos que impactaron instalaciones estratégicas como el palacio de Miraflores, Fuerte Tiuna y otros puntos cercanos a Caracas, así como en los estados de Miranda, La Guaira y Aragua. Según comunicados y declaraciones oficiales difundidos por la administración estadounidense, Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores habrían sido capturados y trasladados fuera de Venezuela en avión, en lo que Trump describió como una operación “éxito estratégico contra una dictadura narco-terrorista”. Es una escalada del intervencionismo estadounidense en América Latina, un patrón histórico de imposición de gobiernos afines y de control sobre recursos estratégicos, especialmente en un contexto donde el país caribeño posee una de las mayores reservas petroleras del mundo.
El anuncio fue hecho en redes sociales y acompañado de la promesa de una conferencia de prensa para explicar detalles adicionales. Por su parte, desde el gobierno venezolano se denunciaron estos hechos como una “agresión militar” y una violación flagrante de la soberanía nacional. La vicepresidenta del país exigió pruebas de vida para Maduro y Flores ante la falta de información clara sobre su paradero y llamó a la población a mantenerse movilizada frente a lo que calificó como un acto de intervención imperialista.
¿Qué ocurrió en Caracas?
Durante la madrugada se escucharon explosiones en distintos puntos de la capital, se reportó el sobrevuelo de aeronaves a baja altura y cortes de energía en varios barrios. La intensidad de los ataques fue tal que el propio gobierno de Venezuela declaró un estado de conmoción exterior, convocando a la ciudadanía a salir a las calles para “defender la patria y rechazar la agresión”.
Es una escalada del intervencionismo estadounidense en América Latina, un patrón histórico de imposición de gobiernos afines y de control sobre recursos estratégicos, especialmente en un contexto donde el país caribeño posee una de las mayores reservas petroleras del mundo.
En el marco de la crisis, sectores populares y organizaciones sociales venezolanas comenzaron a organizar asambleas y cortes de calles espontáneos en respuesta a los ataques. Las consignas se centraron en la defensa de la soberanía nacional, la solidaridad con el pueblo venezolano frente a la arremetida extranjera y la exigencia de pruebas de vida de Maduro y Flores.
Movimientos sociales en otros países de Nuestra América también expresaron su rechazo a la intervención, denunciando el accionar del gobierno de Estados Unidos como una forma de neocolonialismo y militarismo que busca reconfigurar el mapa político de la región a favor de intereses geopolíticos occidentales.
Reacciones políticas en el continente
Mientras la situación se desarrolla, actores políticos de derecha en la región no ocultaron su satisfacción. En Argentina, el presidente celebró la supuesta captura con mensajes virulentos en redes sociales, proclamando que “la libertad avanza”, lo que generó indignación en sectores populares y opositores que reinterpretan el anuncio como un respaldo a la intervención extranjera en un país soberano. La situación que se vive en Venezuela abre un escenario altamente volátil. La falta de información verificada y las versiones contradictorias sobre la suerte de Maduro y Flores alimentan incertidumbre y temor. Al mismo tiempo, la movilización popular y la denuncia de agresión por parte de amplios sectores marcan el inicio de un ciclo de confrontación política que podría tener implicancias profundas en toda la región.
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