Nueve postas de plomo disparó con precisión el agente Daniel Miño logrando perforar los pulmones
La autopsia da cuenta de contusiones, golpes, heridas por disparos de goma y palazos sufridos por Juan Gabriel González. Pero su fusilamiento no se produjo por el uso malicioso de una posta de goma ni por un cartucho de gas lacrimógeno —como ocurrió en el caso de Pablo Grillo—. El dato decisivo y mortal fue otro: recibió nueve postas de plomo que perforaron sus pulmones, disparadas con precisión por el agente Daniel Miño, en plena Navidad y a plena luz del día. Miño bajó del patrullero con la decisión de “resolver” el altercado, pese a que ya había media docena de efectivos rodeando a Juan Gabriel, que estaba descalzo y sin remera. No existía posibilidad alguna de amenaza.
Lo que vino después vuelve a mostrar que la policía dispone de un dispositivo de asesinato que, en general, goza d...



