En el primer feriado del año, mientras las mesas familiares repasan lo vivido y ensayan deseos para lo que comienza, los nombres de Paloma y Josué regresan como uno de los recuerdos más tristes que dejó el 2025 en Florencio Varela. No como una evocación del pasado, sino como una ausencia presente, marcada por el dolor, la memoria y un pedido de justicia que muchos vecinos sienten aún inconcluso.
El 1 de enero suele ser, para muchas familias de Florencio Varela, un día de balances íntimos: lo que se perdió, lo que se ganó, lo que todavía duele. En ese ejercicio colectivo de memoria, hay nombres que regresan con fuerza. Paloma y Josué son dos de ellos.
Así lo expresaron numerosos vecinos en los comentarios enviados a El Vespertino, donde el recuerdo de ambos aparece asociado no solo al hecho violento que conmocionó a la comunidad, sino también a la persistencia del dolor. “Paloma y Josué. NO OLVIDAR”, escribió Raúl Carpinetti, sintetizando en pocas palabras un sentimiento que se repite. En la misma línea, José Cejas señaló: “Paloma y Josué, increíble que no tengan un culpable”, reflejando una percepción social extendida sobre la falta de respuestas definitivas.
Dolor, memoria y preguntas que persisten
Otros vecinos remarcaron el impacto emocional que el caso sigue teniendo, incluso a meses de ocurrido. Diana Ponce enumeró una serie de hechos que marcaron a la ciudad y sostuvo: “Desaparición y asesinato de Paloma y Josué… lamentablemente en Varela ante casos tan extremos, miran para otro lado”, una afirmación que expresa una opinión personal y un reclamo ciudadano, no una imputación judicial.
Luis García, por su parte, vinculó el recuerdo de Paloma y Josué con otros episodios de violencia que dejaron huella: “Las muertes de los jóvenes Josué y Paloma… casos terribles en un Varela sin seguridad”. Se trata de una lectura social que emerge de la experiencia cotidiana de los vecinos, enmarcada en una sensación de vulnerabilidad que atraviesa a distintos barrios.
El impacto comunitario más allá del expediente
En varios mensajes aparece una idea recurrente: Paloma y Josué no son solo un caso judicial, sino una marca emocional en la historia reciente de la ciudad. “Increíble que no tengan un culpable y encima cómo los mataron”, escribió otro vecino, dando cuenta de la indignación y el dolor que siguen presentes en el entramado comunitario.
Estas expresiones no constituyen afirmaciones sobre el estado procesal de la causa, sino testimonios del impacto subjetivo y colectivo que el hecho produjo. En Florencio Varela, la memoria se construye tanto con datos oficiales como con vivencias compartidas, y en ese cruce, Paloma y Josué ocupan un lugar central.
El inicio del año y una ausencia que no se diluye
En este 1 de enero de 2026, mientras el calendario avanza y las familias se reúnen para iniciar un nuevo ciclo, el recuerdo de Paloma y Josué reaparece como uno de los balances más dolorosos del año que terminó. No hay brindis que no los nombre en voz baja, ni mesa donde alguien no recuerde dónde estaba cuando la noticia se conoció.
Porque para muchos vecinos, Paloma y Josué siguen ahí: sentados en la mesa de los recuerdos, esperando que el tiempo no borre lo sucedido y que la memoria colectiva siga siendo un espacio de reclamo, de respeto y de humanidad compartida.
