martes, marzo 24

24 de marzo: El terror, la impunidad y los nombres que Varela no terminó de juzgar

El testimonio de Neli Bartucci, vecina de Florencio Varela, obliga a mirar donde más duele: en un distrito donde la memoria del terrorismo de Estado no sólo remite al pasado, sino también a las continuidades de la impunidad, el miedo y el poder enquistado.

El golpe del 24 de marzo de 1976 no cayó sobre la Argentina como un rayo en cielo sereno. Fue la consumación de un proceso de destrucción de derechos, de disciplinamiento social y de persecución a quienes soñaban un país más justo. Medio siglo después, en Florencio Varela, esa memoria no se limita al pasado: sigue latiendo en las ausencias, en las complicidades y en las estructuras de poder que, según denuncian quienes sostienen la lucha por Memoria, Verdad y Justicia, nunca terminaron de desarmarse.

Francisco “Pancho” Bartucci
Francisco trabajaba en SEGBA y militaba en la Juventud Peronista (JP) 

Neli Bartucci habla desde esa historia y desde esa herida. Este año, recuerda, también se cumplen 50 años de la desaparición de su hermano, “Pancho” Bartucci. “Este año se cumplen, a la par del golpe de Estado, 50 años de la desaparición de mi hermano; como saben, este hecho ocurrió el 29 de julio de 1976, a las 17.30 hs, en la Curva de Berraymundo”, dice. Y enseguida ubica el instante en que la vida familiar quedó partida para siempre: “En mi memoria guardo ese trágico día, que no fue exactamente, fue el día 31 cuando pudimos comprobar que algo había pasado con él. A partir de ahí el dolor de la familia fue de una magnitud inconmensurable, ya que nos estábamos enfrentando a la palabra ‘desaparecido’, no detenido, no muerto, y no saber qué hacer frente a esto porque no teníamos registro de lo que estaba sucediendo”.

En su voz, la desaparición de “Pancho” Bartucci no aparece como una abstracción histórica sino como una irrupción brutal en la vida cotidiana. “Solamente recuerdo que mi hermano me había dicho un tiempo antes: ‘sabés que algunos compañeros se van de sus casas y no vuelven’”. Esa frase, dice Neli, fue el comienzo de otro camino, uno que la empujó de lleno a la búsqueda y a la militancia: “Esta situación me llevó a comenzar a recorrer organismos públicos para tratar de tener alguna información, y mi primer contacto con una organización de Derechos Humanos fue la Liga Argentina por los Derechos Humanos. Ese fue mi primer contacto con la militancia pública por Memoria, Verdad y Justicia. Luego participé en Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas”.

La marca del terrorismo de Estado, sin embargo, no queda encerrada para ella en el horror de aquellos años. Neli traza una continuidad directa entre la dictadura y el presente. “La continuidad, que es evidente, es la aplicación del plan económico de la dictadura y el actual plan económico. La represión que viven los jubilados y cualquier organización política o gremial me remite a la dictadura; claro, para implementar ese plan tuvieron que desaparecer a 30.000 personas, y ahora lo implementan con represión y detenciones arbitrarias en forma desmedida, a personas que sólo reclaman sus derechos”. Y agrega una escena que enlaza generaciones de lucha: “También las Madres, en sus primeras rondas, fueron reprimidas en la Plaza de Mayo, de las cuales mi mamá participaba”.

Ese cruce entre pasado y presente también organiza el trabajo territorial que llevan adelante desde la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia. “En la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia, en los Centros Comunitarios o en los talleres y charlas que realizamos, hacemos hincapié en el mensaje que se lanza desde el gobierno y los medios de comunicación afines a éste, que es historia del pasado, que no son 30.000, que los Derechos Humanos son un curro, etcétera, etcétera”. Frente a eso, explica, la tarea consiste en intervenir con memoria concreta y arraigo local: “Entonces nosotros desvirtuamos esos discursos con la historia de Florencio Varela, con pruebas y testimonios por demás relevantes, y toda esta tarea tiene efectos positivos en los territorios y pensamos que las nuevas generaciones tienen que saber qué es lo que pasó, y esta tarea se ve reflejada en las invitaciones que recibimos durante todo el año de distintos sectores de la comunidad”.

Al frente, Neli; detras, el vallado que resguardaba la casa del exJuez de Suprema Corte de Justicia provincial, Luis Esteban Genoud

Para Neli, la defensa de los Derechos Humanos tampoco puede reducirse a una consigna abstracta. “Los Derechos Humanos son imprescriptibles, están los Tratados Internacionales incorporados en nuestra Constitución Nacional, que se deben respetar, y toda vulneración a estos derechos debe ser investigada, juzgada y condenada”. Y advierte que esa vulneración está a la vista: “Esta vulneración la vemos a diario, no sólo en la represión a jubilados, trabajadores y organizaciones políticas, porque hay que tener en cuenta que el derecho a manifestarse está en la Constitución y toda persona tiene ese derecho. La actual reforma laboral es otra muestra más de que los derechos humanos van a ser vulnerados nuevamente, sin dimensionar las consecuencias que van a traer”.

Cuando baja la mirada sobre Florencio Varela, el diagnóstico se vuelve aún más duro. “Mi diagnóstico sobre los Derechos Humanos en el distrito es bastante desolador, porque si vemos que el poder político y económico de Varela siguen haciendo negocios con partícipes directos en la dictadura, léase, por ejemplo, Chicho Basile, probada y comprobada su participación, cuando tuvimos un director de Derechos Humanos que se reunía con estos personajes y no sólo se reunía sino que participaba en cuanto acto hubiera con ellos, no puedo tener una visión alentadora”.

Neli junto a Norita Cortiñas, el día de las autoridades de la UNAJ no le permitió dar una charla en sus aulas a «la madre de todas las luchas»

Allí aparece uno de los núcleos más filosos de su testimonio: la persistencia de la impunidad y sus nombres locales. “Los casos de Lautaro Morello, Lucas Escalante, Paloma y Josué, y tantos otros, con la saña con que han sido asesinados, y oh, qué casualidad, están involucrados personal de la Bonaerense, y si no fuese por la lucha inclaudicable de estas familias estos casos quedarían impunes”. Y remarca que incluso cuando los expedientes avanzan, lo hacen contra una estructura que se resiste a ser desmontada: “Por suerte este 16 de abril se inicia el juicio contra el comisario Centurión, su hijo y su sobrino, a pesar de todos los impedimentos que pusieron tanto el poder político, la policía y la justicia, y esa estructura de poder cuesta romperla, pero como yo digo, nada es para siempre”.

La misma lógica, señala, atraviesa otras formas de violencia y de ilegalidad en el distrito. “Está más que clara esa estructura de poder, si vemos, por ejemplo, miles de familias que son estafadas y qué casualidad que estos personajes que realizan estos loteos están íntimamente ligados al poder político, a la policía y a la justicia”. La pregunta que formula, más que ingenua, suena como una acusación: “Nosotros nos preguntamos: ¿nadie ve cuando se está trazando un loteo, las máquinas, el tendido de cables? ¿Ningún funcionario pasa por ahí o si se entera manda a investigar? Obviamente que no”. Y lo liga a agresiones concretas contra quienes denuncian: “Por eso José Luis Calegari fue agredido por uno de los que administraban un loteo ilegal, porque denunciamos a través de nuestra Agencia La Barriada qué es lo que está pasando”.

Pero si hay una escena que condensa para Neli la temprana trama de complicidades en Varela, esa ocurre en la Comisaría 1ra, apenas dos días después de la desaparición de su hermano. “Lo que viví en la Comisaría 1ra el 31 de julio de 1976 lo tengo nítidamente guardado en mi memoria”. Antes de llegar allí, había ido a ver al entonces abogado Luis Genoud. “Ese día, antes de ir a la Comisaría, fui a ver al Dr. Luis Genoud, ya que mi hermano me había aconsejado un tiempo antes que lo fuera a ver a él si le pasaba algo. Genoud en ese momento me dijo que tal y como estaban las cosas no iba a hacer nada, sí me recomendó que fuera a presentar una averiguación de paradero a dicha Comisaría”. Lo que encontró al llegar la desconcertó: “Grande fue mi sorpresa que antes que yo llegara él ya estaba ahí, hablando con el oficial a cargo”.

Neli reconstruye con precisión lo que ocurrió después. “Hago mi declaración sobre lo poco que sabía hasta ese momento: mi hermano el día 29 de julio había ido a trabajar y había tomado el 148, después de su jornada de trabajo, para volver a casa; esto fue lo único que sabía”. Y entonces aparece una pregunta insistente, cargada de sentido: “Cuando termino de hacer la declaración, estaba Genoud con el oficial y me pregunta si yo sabía dónde dormía mi hermano, a lo que yo le respondo que mi hermano dormía en mi casa y que todos los días iba a trabajar. Esta pregunta, dónde dormía mi hermano, me la hace reiteradas veces con insistencia, a lo que yo, bastante molesta, le respondo por última vez que yo no sabía si mi hermano tenía otro lugar donde dormir y que si lo hubiera sabido tampoco se lo hubiese dicho a él”. La escena, aclara, transcurrió entera dentro de la dependencia policial: “Tengamos en cuenta que esta situación fue dentro de la comisaría, no afuera, y siempre delante del oficial”. Y cierra con una frase que convierte el recuerdo en tesis política: “Ya en esos años se vislumbraba cómo iba a actuar el poder político de Varela, la complicidad de ciertos personajes se estaba forjando a pasos agigantados”.

Aun así, Neli no habla desde la derrota. Habla desde una insistencia. “El balance que hacemos en la Comisión es bastante positivo, como lo expresé anteriormente; lo notamos cuando desde distintos sectores nos invitan a relatar qué es lo que pasó en Varela durante la dictadura y las consecuencias que seguimos teniendo tanto a nivel local como nacional”. Pero también nombra con claridad lo que falta: “Lo que nos queda pendiente es lograr verdad y justicia sobre nuestros desaparecidos, que se abran todos los archivos municipales y que sean condenados los actores civiles cómplices de esas desapariciones”.

A 50 años del golpe, la voz de Neli Bartucci devuelve una certeza incómoda: el 24 de marzo no es sólo una fecha para recordar el horror pasado. También es una llave para leer el presente. En Florencio Varela, esa memoria no vive únicamente en los nombres de los desaparecidos, sino también en los pactos de silencio, en las tramas de impunidad y en los poderes que, según denuncia, la democracia todavía no terminó de juzgar.

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