miércoles, febrero 25

Ian García, el chico de Varela que entrena en silencio para llegar a China

Tiene 13 años, vive en Villa Vatteone y sueña despierto mientras muchos duermen. Fue convocado para representar a la Argentina en el Mundial de Wushu en China, pero necesita reunir 5.000 dólares para poder viajar. Su historia es la de un pibe común, con una pasión extraordinaria, que hoy espera el acompañamiento de todos los varelenses y de todo un país. En esta nota, El Vespertino no solo muestra su presente: también recupera una trayectoria que muchos no supieron ver y que hoy explica por qué Ian ya es un campeón.

A las 6 de la mañana suele sonar el despertador durante el ciclo lectivo. Ian García se levanta, se prepara y sale rumbo a la Escuela Técnica N°2 de Bernal. Regresa entrada la tarde, merienda algo rápido, se cambia y vuelve a salir. Dos horas y media —a veces tres— de entrenamiento de wushu. Martes, miércoles, jueves y sábados.
Hoy, en pleno receso escolar, la rutina cambia en los horarios pero no en la exigencia: el entrenamiento ocupa el centro de sus días. Así transcurre la vida de este chico de 13 años, vecino de Villa Vatteone, Florencio Varela, que recibió una noticia que le cambió la vida: fue convocado para representar a la Argentina en el Mundial de Wushu en China.

El sueño está ahí, al alcance. El esfuerzo también. El único obstáculo es económico.


El orgullo de llegar hasta acá

1°Marcha Ni Una Menos, 2015, Florencio Varela: Ian, siendo parte de la historia varelense.

Ian es el menor de una familia de emprendedores locales. Creció en Villa Vatteone y desde muy chico estuvo ligado a la vida comunitaria de Florencio Varela. Incluso, cuando todavía era un nene, acompañó a su mamá, Débora Ferrerya, en la primera marcha local de Ni Una Menos, en junio de 2005. Su historia personal y la del distrito se entrelazan desde siempre.

Cuando habla de este presente, Ian no piensa primero en China. Piensa en el recorrido.

—¿Qué fue lo primero que sentiste cuando supiste que podías representar a la Argentina?
-Aunque aún no lo creo, lo primero que siento es orgullo. Se me vienen a la cabeza las primeras competencias con este deporte.

¿Qué es el Wushu?

El wushu es un arte marcial chino que combina técnicas de combate con acrobacias de alta complejidad: saltos, giros, patadas y secuencias coreografiadas que exigen fuerza, flexibilidad y precisión extrema.
Es una disciplina reconocida a nivel mundial. El Mundial de Wushu se organiza desde 1991 bajo la Federación Internacional de Wushu. En Argentina, los representantes son seleccionados por la Federación Argentina de Wushu.

Débora y Leandro, los padres de Ian y las caras visibles de Sempiterno, emprendimiento varelense.


Aprender a hablarse a uno mismo

Antes de los podios, antes de los nacionales, Ian fue un chico al que el reglamento todavía no sabía cómo contener.

—¿Recordás algún momento en el que te hablaste a vos mismo para no aflojar?
-Cuando tenía 11 años, en una competencia, mientras caminaba por el borde de la alfombra para presentarme, pensaba: ‘tranquilo Ian, vas a hacer lo que más te gusta’. Me lo dije porque era mi primer nacional y estaba nervioso.

En 2016, cuando Ian todavía era un nene al que el reglamento no le permitía entrenar de manera formal, Diario El Vespertino hizo una pregunta incómoda pero necesaria en una plaza de Florencio Varela. No fue por un título ni por una coyuntura: fue por un chico al que el sistema todavía no sabía cómo contener.
En una actividad pública, este medio consultó directamente al entonces intendente Andrés Watson sobre las restricciones de edad para que menores de seis años realizaran actividades deportivas formales bajo el ámbito municipal. El jefe comunal explicó el marco legal vigente, vinculado a seguros y responsabilidad civil. Fue una respuesta institucional, pero también una muestra temprana de cómo el camino de Ian siempre estuvo atravesado por obstáculos ajenos a su voluntad.
Ian no se dejó vencer.


La confianza que se construye entrenando

El Nacional de Rosario marcó un quiebre.

—¿Qué cambió en vos después de esa competencia?
-Cambió la forma en que me veo. Tenía confianza, sabía que había mejorado mis tres rutinas y sentía que iba a ganar. Igual siempre busco mejorar más.

Hoy, Ian es el único deportista de Florencio Varela convocado para esta competencia internacional. Un logro individual que también es colectivo: del barrio, de la escuela, del club, de la familia.

El camino no es solo deportivo. Es físico, emocional y cotidiano.

—¿Qué fue lo más difícil de aceptar en todo este proceso?
-Nada me hizo pensar que no podía. Siempre pensé que si no se lograba no me iba a desanimar y nunca dejaría de entrenar. Pero ver todo el apoyo me hace creer que esto sí va a ser posible.

Durante el ciclo lectivo, la exigencia se multiplica. Estudio técnico, viajes largos, cansancio acumulado. En este receso escolar, el cuerpo descansa un poco más, pero la cabeza sigue enfocada.

—¿Cómo cambia el entrenamiento ahora que no hay clases?
-Se siente la diferencia. Cuando hay colegio, el cansancio del estudio y después entrenar no deja pensar claro. Ahora que estoy de vacaciones, el entreno es mi única prioridad.

—¿Qué te sostiene cuando todo se vuelve cuesta arriba?
La disciplina que construí con el tiempo. Aunque no se logre juntar todo, nunca voy a dejar de entrenar.

—¿Qué imagen sentís que te representa hoy?
-Una foto antes de entrar al área de competencia, con la concentración en la mirada. Ahí está el esfuerzo de cada entrenamiento.

—¿Qué significa para vos llevar el nombre de Varela a otro país?
-Como pibe de Varela siento que represento a mi familia, a mi barrio y a mi escuela. Me da orgullo.

Ian acompañado de su hermano Lemuel García.

¿Cuánto es un sueño cuando se lo pone en contexto?

—¿Cómo convivís con la idea de que el viaje depende de juntar plata?
-No tuve mucho tiempo de pensarlo. Estoy concentrado en entrenar y confiado en que lo vamos a resolver.

El monto que Ian necesita reunir para viajar al Mundial de Wushu en China es de 5.000 dólares. Puesto en números cotidianos, equivale aproximadamente a 432 combos Big Mac (a 11,58 dólares cada uno), o a más de 333 kilos de helado (a 14,98 dólares el kilo). También representa el valor de casi 15 entradas de campo para un recital internacional, como el de Bad Bunny en el Estadio River Plate en 2026 (338,70 dólares cada una).
Para dimensionar aún más el contraste, el costo anual de un concejal asciende a 53.285,10 dólares, según el informe de diciembre de 2025 de la Fundación Libertad: más de diez veces el monto que Ian necesita para cumplir su sueño. Para él, esos 5.000 dólares no significan consumo ni entretenimiento: significan una oportunidad única de representar a la Argentina.

—¿Qué te gustaría que se entienda de tu historia?
-Que no es solo suerte. El camino está lleno de esfuerzo, sufrimiento, llanto y muchas ganas de mejorar.


Cómo ayudar

Para poder viajar al Mundial, Ian necesita del acompañamiento de toda la comunidad.

👉 Alias para colaborar: ian.garcia.mundial
📌 Cuenta a nombre de Sergio Leandro García, su papá.


El Vespertino y los procesos

Esta no es una historia que Diario El Vespertino cuenta por primera vez hoy. Es un proceso acompañado desde el inicio: cuando Ian era demasiado chico para entrenar, cuando el reglamento no alcanzaba, cuando el esfuerzo todavía no tenía nombre.
Hoy, ese mismo chico está a un paso de China.
El sueño es suyo.
El orgullo es de Varela.
Y el último empujón, como siempre, es colectivo.

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