miércoles, mayo 13

Celeste Vargas juntó $130 mil para seguir viva y, según denuncian, se los robó un hombre acusado de estafar enfermos en todo el país

La joven de 29 años, vecina de La Capilla, lucha contra un cáncer de útero, duerme en una silla de ruedas prestada y necesita un andador para no perder definitivamente la movilidad. En medio de rifas y colectas solidarias, transfirió $130.000 a una supuesta médica que prometía donarle materiales de construcción para mejorar su vivienda. El dinero terminó en una cuenta a nombre de Pablo Emanuel Thomas Llanes, un hombre mencionado desde hace más de una década en denuncias públicas por presuntas estafas a pacientes, familias de niños enfermos, accidentados y personas en extrema vulnerabilidad social en distintas provincias argentinas. La pregunta, después de tantos años, tantos casos y tantas víctimas, ya no es solamente quién lo hizo: es cómo todavía puede seguir ocurriendo.

El frío entra primero por las paredes.

Después por las piernas.

Después por los huesos.

En la casa de Celeste Vargas, en el barrio La Capilla de Florencio Varela, el invierno parece instalado incluso antes de llegar. Las paredes sin revoque transpiran humedad. El viento se filtra por las hendijas. La silla de ruedas prestada donde duerme algunas noches queda junto a medicamentos, bolsas de ropa y los juguetes de sus hijos.

Tiene 29 años. Tiene cáncer de útero. Tiene neuropatía. Y tiene miedo de perder definitivamente la movilidad.

Los médicos le recomendaron un andador con asiento para evitar que el deterioro avance más rápido. Pero en una casa donde todo cuesta, incluso caminar se transforma en un privilegio.

Hasta ahora, quienes sostienen a Celeste no son estructuras estatales, ni dirigentes, ni organizaciones partidarias.

Son vecinos.

Vecinos que organizaron rifas. Vecinos que compartieron publicaciones. Vecinos que acercaron abrigo, comida o dinero cuando pudieron. Vecinos que, según cuentan allegados, fueron la única red real que apareció mientras el dolor avanzaba y el frío se volvía insoportable.

Porque mientras abundan los discursos sobre inclusión, presencia territorial y acompañamiento social, en la casa de Celeste —aseguran personas cercanas— todavía no apareció ningún funcionario municipal, provincial o nacional con ayuda concreta. Tampoco referentes políticos ni militantes de ningún espacio.

Ni un andador.

Ni materiales.

Ni asistencia habitacional.

Ni acompañamiento sostenido.

La política, tantas veces omnipresente en los barrios más pobres, acá parece haberse vuelto invisible.

Nota publicada en www.infocanuelas.com

En medio de esa desesperación, Celeste buscó ayuda. No solamente económica. También humana. Una palabra de alivio. Una orientación. Alguien que le dijera cómo seguir cuando el cuerpo ya no responde y la urgencia se vuelve rutina.

Entonces apareció una supuesta médica.

Según el relato de la propia Celeste, la mujer le aseguró que tenía materiales de construcción para donarle y ayudarla a mejorar la vivienda precaria donde vive junto a sus hijos. Chapas. Elementos para cerrar paredes. Cosas concretas. Cosas urgentes. Cosas imposibles de rechazar para alguien que atraviesa un tratamiento oncológico en una casa atravesada por el frío.

Los materiales estaban en Vicente López, pero no tenían vehículo para trasladarlos hasta Florencio Varela.

Entonces comenzaron los pedidos de dinero.

Primero una transferencia.

Después otra.

Una de $100.000.

Otra de $30.000.

El titular de la cuenta era Pablo Emanuel Thomas Llanes.

CUIT 20-32853469-0.

Nota publicada en www.elesquiu.com

El mismo esquema que otras víctimas relataron anteriormente: primero un monto menor, después otro más grande. Una metodología que se repite con demasiada precisión en distintas provincias del país y que deja flotando una pregunta incómoda: si detrás de cada transferencia había solamente un hombre o algo más.

Porque el nombre de Thomas Llanes no aparece por primera vez.

En enero de 2026, Mercedes González —madre de una bebé diagnosticada con Tay-Sachs— denunció haber sido engañada por una persona que se presentó como neurocirujano del Hospital Garrahan. Según trascendió, le solicitaron $260.000 para una supuesta intervención médica innovadora.

En marzo de 2025, la organización rescatista S.O.S Galgos de Zárate también denunció maniobras similares.

Meses antes, familiares de una joven catamarqueña internada en terapia intensiva tras un choque denunciaron la aparición de una falsa colecta solidaria y señalaron públicamente a Thomas Llanes.

En febrero de 2024 apareció otro caso: Gonzalo Bufanda, un profesor de educación física desalojado junto a su perro, que terminó transfiriendo dinero para una vivienda que nunca existió.

Y antes de eso, en julio de 2023, el estafador llegó a Cañuelas. Allí, una familia denunció que un supuesto neurocirujano les pidió dinero para operar a una mujer con neuralgia del trigémino en el Hospital Cuenca Alta. También hubo dos pagos. También hubo audios emotivos. También hubo una historia armada para entrar exactamente por el lugar donde más dolía. Cuando la familia llegó al hospital, nadie conocía al médico.

A medida que se retrocede en el tiempo, las provincias cambian, pero el mecanismo parece repetirse.

Posadas.

Santiago del Estero.

La Rioja.

San Fernando del Valle de Catamarca.

Nota publicada en www.elliberal.com.ar

Y todavía más atrás, publicaciones de 2014 en Tucumán donde algunas personas ya advertían sobre un hombre acusado de sustraer dinero y pertenencias en hosteles.

Doce años.

Doce años de denuncias públicas.

Doce años de nombres repetidos.

Doce años de víctimas desesperadas.

Doce años de publicaciones, escraches y relatos dispersos en distintas provincias argentinas.

Y mientras tanto, Celeste sigue ahí.

Con frío.

Con dolor.

Sin el andador.

Sin respuestas.

Y con una pregunta que ya no pertenece solamente a una víctima, sino a todas las anteriores: ¿cómo puede ser que alguien señalado durante más de una década por presuntas estafas contra personas vulnerables siga encontrando nuevas víctimas en la Argentina?

Porque ya ni siquiera se trata solamente del dinero.

Se trata de elegir a quién lastimar.

De mirar historias atravesadas por cáncer, bebés con enfermedades terminales, personas en terapia intensiva o familias desesperadas y aun así decidir avanzar.

Entonces quizás la última pregunta sea todavía más brutal que todas las anteriores: ¿qué nivel de crueldad hace falta para convertir el dolor más extremo de otras personas en una oportunidad de negocio? ¿cómo puede ser que alguien señalado durante más de una década por presuntas estafas contra personas vulnerables siga encontrando nuevas víctimas en la Argentina?

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