Pionera, revolucionaria e impulsora de la Ley de Identidad de Género. A una década de su adiós, la figura de Lohana Berkins trasciende el tiempo para recordarnos que la identidad no es un destino, sino un grito de emancipación colectiva.
Se cumplen diez años de la partida física de Lohana Berkins, activista travesti revolucionaria y pionera en la defensa e impulso de la identidad travesti en Argentina.
Gracias a su incansable labor, en el país se sancionó la Ley de Identidad de Género, convirtiéndose en el primer Estado del mundo en contar con una legislación de vanguardia basada en la autopercepción. Sin embargo, este hito representa sólo una fracción de su impacto: Lohana fue, ante todo, el motor de una lucha colectiva que transformó la realidad de las personas travestis y trans.
Aunque Lohana se despidió del mundo terrenal el cinco de febrero de 2016, su presencia persiste a través de un legado inabarcable. En 1994, fundó la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (ALITT), organización desde la cual impulsó la Ley 3.062 de respeto a la identidad en la Ciudad de Buenos Aires (2009) y sentó las bases para la histórica Ley Nacional de 2012.
Hoy la recordamos con la vigencia de sus palabras:
«De volver a nacer elegiría ser travesti… Yo al mundo lo veo a través de mis ojos feministas… Amo mi cuerpecete tal cual es. Lo veo divino y firmé la paz con mi propio cuerpo. Lohana Berkins tiene tetas y tiene un pene. Y soy maravillosa.
Después tengo defectos y virtudes como todo el mundo, tampoco el travestismo me hace per se revolucionaria… no es un antídoto de nada. Pero para mí el travestismo es eso: es ruptura, es la posibilidad más cierta de vivir con genitalidades diferentes y en corporalidades distintas. Le arranca el poder al biologicismo y a las teorías de una ‘armonía absoluta’ entre identidad y genitalidad…
Fuimos dando pasos. Pasamos de ser víctimas pasivas a ser víctimas activas. Porque somos víctimas, sí. A mí no me la vengan a contar: el cuerpo lo puse yo, los años de cárcel me los comí yo; las golpizas, las torturas y las violaciones nos las comimos nosotras. Esa parte no hay que olvidarla: los desprecios, el hambre, el frío. Todo eso nos pasó, pero reaccionamos y nos convertimos en sujetas de derecho. Empezamos a emanciparnos y a empoderarnos, no solo en términos económicos, sino de la palabra y del cuerpo. Yo lo hice a través del feminismo, uno de los caminos más maravillosos que recorrí.»
Un faro que no se apaga
A una década de su partida, el nombre de Lohana Berkins no es solo un recuerdo, sino una bandera que flamea en cada marcha y en cada conquista pendiente. Su figura nos enseñó que la identidad no es un destino biológico, sino un acto político de libertad.
«La Furia Travesti» que ella pregonó sigue siendo el combustible para las nuevas generaciones que, bajo su luz, continúan exigiendo un mundo donde la disidencia sexogenérica no sea una condena, sino una fiesta. Lohana no se fue; se multiplicó en cada cuerpo que hoy se reconoce digno, visible y, por sobre todas las cosas, soberano.
:::Revista Citrica:::
