jueves, febrero 19

Florencio Varela: perdió su pierna en un accidente ferroviario y hoy no puede trabajar porque su prótesis está a punto de partirse

Una prótesis heredada, pegada con lo que había a mano, hoy es la única barrera entre Ezequiel y el dolor. Sin poder caminar sin lastimarse, sin poder abrir su barbería, sin ingresos y sin ayuda, pide algo tan básico como urgente: volver a ponerse de pie y recuperar su dignidad.

Una rajadura que primero fue pequeña hoy es una amenaza concreta. La prótesis que le permite caminar a Ezequiel Rodrigo Villalba está quebrada, pierde aire y le provoca dolor. Sin ella no puede trabajar. Y sin trabajar, no puede vivir.

Ezequiel tiene su pierna ortopédica desde noviembre de 2024. “La pierna ortopédica la utilizo desde noviembre de 2024 aproximadamente. Perdí mi pierna a causa de un accidente ferroviario”, cuenta. La prótesis no llegó por el sistema de salud ni por una cobertura médica: “La prótesis la recibí de una persona fallecida que ya no la usaba”.

Hace cuatro meses comenzó el deterioro. “Hace aproximadamente unos 4 meses se me rajó y la pegué con La Gotita, luego se volvió a partir y lo intenté pegar con calor, pero ya no funciona nada”. La solución casera fue un intento desesperado por sostener la autonomía.

Hoy el daño es físico y emocional. “Que me lastime el muñón donde está colocada y ya me es imposible utilizarla por el motivo que entra mucho aire y me lastima la entrepierna”, explica. Cada paso es riesgo. Cada intento, dolor.

Vive en Florencio Varela, barrio Villa Aurora. Cuando podía usar la prótesis, su rutina empezaba temprano: “Los días que la pude utilizar me levantaba 8 AM, abría la barbería donde estaba trabajando (actualmente por este problema no estoy yendo), pero estaba todo el día hasta las 20:30 HS cortando el pelo”.

Hoy esa puerta está cerrada. “Impacta en todo en general: mi autoestima, mi trabajo. No puedo trabajar y ya van 2 días que estoy solamente tomando mates y ya me quedé sin yerba. Esto está muy mal”. La frase no es una metáfora: es la descripción de una urgencia.

Buscó ayuda. “Intenté en varios hospitales y ortopedias, pero nadie hace nada gratis”. La reparación o reemplazo cuesta entre 500 y 700 dólares. “No, no puedo afrontar ese gasto”. Tampoco recibió respaldo institucional: “No, no recibí ninguna ayuda de nadie”.

Lo que pide es concreto: “Una ortopedia que me brinde una solución sin costo o algún descuento considerable y/o una colecta solidaria”.

Y deja un mensaje que interpela: “A quien esté leyendo esto y pudiera resolverlo me gustaría pedirle que utilice la empatía y se ponga mentalmente unos minutos en mi zapato…”.

Quienes puedan colaborar pueden comunicarse vía WhatsApp al 11 7109 5101, canal habilitado para articular la ayuda de manera directa y responsable.

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