El testimonio de una vecina de Bosques expone una situación urgente de presunta desatención animal y un recorrido institucional sin respuestas. Mientras el perro permanece herido y sin atención visible, la comunidad se enfrenta a una pregunta incómoda: ¿quién debe actuar cuando el auxilio no llega?
Un perro visible, una herida evidente y una alarma que nadie atendió

La escena ocurre en un punto preciso y reconocible de la localidad de Bosques. “La direc es avenida Bosques entre Constancio C. Vigil y César Cantú (es justo al costado del bajo nivel de avenida Bosques donde están los locales que van a abrir un chino de mano yendo a Hudson)”, detalló Nadia, vecina de la zona, en un mensaje enviado a la redacción de El Vespertino.
Allí permanece desde hace al menos dos años un perro que se volvió parte del entorno cotidiano. “Más o menos hace 2 años que lo conozco al perro; con mi nene de 9 años le pusimos de apodo ‘Gordo’, le decimos así y él enseguida nos reconoce”, relató. El vínculo afectivo construido —especialmente con su hijo— da cuenta de una presencia constante, observada y reconocida por quienes transitan el lugar a diario.
Cartas, frío, calor y una ayuda que nunca fue suficiente

Con el paso del tiempo, la preocupación creció. “Desde que lo conocí al perro le dejamos cartas a los dueños varias veces con mi nene porque hacía frío y no tiene refugio donde cubrirse del frío y del calor tampoco”, explicó Nadia.
Según su testimonio, esas acciones tuvieron una respuesta parcial: “Lo que notamos era que, cuando dejábamos cartas, le dejaban dos baldes de agua y un bolsón de comida para perro y nada más”.
La vecina describió además el espacio donde permanece el animal: “Vive entre tres paredes y un portón. Lo bueno es que tiene techo, pero igual el perro está solo todo el día”.
En su relato, Nadia aclara que cierta información surge de comentarios barriales: “Lo que me dijeron los vecinos es que los dueños son chinos”. Este dato no fue verificado por este medio y se consigna únicamente como parte del testimonio recibido, sin atribución de identidad ni responsabilidad.
Del cansancio al miedo: cuando el cuerpo del animal empezó a fallar

La situación se tornó crítica hacia fines de diciembre. “Yo el 31 pasé a verlo: estaba recostado, no quiso levantarse a jugar como siempre. Le dije a mi nene que seguro que era por el calor”, narró.
Días después, el cuadro empeoró. “Ayer pasé a verlo y lo mismo; insistí que se acerque al portón para verlo de cerca y noté que está lastimado. Tiene su pata delantera izquierda, parece que está quebrada porque no apoya, y en su lomo tiene un agujero; se ponía nervioso porque las moscas lo seguían”.
Estas observaciones corresponden exclusivamente a la percepción directa de la vecina y no constituyen un diagnóstico veterinario.
El laberinto institucional: pedir ayuda y no encontrar una puerta abierta

Ante lo que consideró una urgencia, Nadia buscó asistencia por vías formales. “El viernes llamé al 911; me dijeron que llame al centro veterinario del municipio”, relató. Según su versión, la respuesta fue negativa: “Me dijeron que ellos no tenían nada que ver, que es para castración”.
El recorrido continuó en dependencias judiciales. “Me dijeron que me vaya a la fiscalía de avenida Eva Perón. Fui y me dijeron que ellos no atienden cosas de maltrato animal; me dijeron ‘andate a la fiscalía de Lavalle’”.
El tiempo jugó en contra: “Llegué justo antes de que cierren y me dijeron lo mismo, que ellos no podían ayudarme, que me vaya a la municipalidad”.
El último intento tampoco prosperó. “Me fui caminando desde ahí y no llegué, estaba cerrado”.
Cuando la ley existe pero la respuesta no llega

En Argentina, la Ley Nacional 14.346 sanciona los actos de maltrato y crueldad hacia los animales. Sin embargo, la efectividad de esa norma depende de la articulación concreta entre fuerzas de seguridad, fiscalías, áreas municipales y organismos especializados.
En Florencio Varela existen programas vinculados a zoonosis y castración, pero no siempre resulta claro para la ciudadanía cuál es el canal adecuado frente a situaciones urgentes que involucran animales heridos o en riesgo. El testimonio recibido por El Vespertino muestra un problema recurrente: derivaciones cruzadas, competencias difusas y ausencia de respuestas inmediatas.
Desde una perspectiva de derechos humanos, el acceso real a mecanismos de denuncia y auxilio forma parte del derecho a la participación comunitaria y al cuidado del espacio común. La protección animal se vincula también con la salud pública y con una ética social del cuidado.
Un final abierto que interpela a todos

Con la información disponible, este medio no puede atribuir delitos ni responsabilidades legales a personas determinadas. Sí puede dar cuenta de un hecho verificable: un perro permanece herido en un espacio visible, y una vecina recorrió múltiples instancias institucionales sin obtener una respuesta concreta.
La historia de “Gordo” deja una pregunta que no admite demoras: ¿qué falla cuando una alarma se enciende y nadie responde? Mientras esa respuesta no llegue, el tiempo sigue pasando. Y el perro, también.
