Desde Florencio Varela, con trabajo cooperativo, sacrificio personal y una convicción que no negocia, el director Rodrigo Marassi impulsa El Sello, una película de terror hecha a pulmón que apuesta al cine como sueño colectivo y al barrio como escenario y protagonista.
En un contexto donde hacer cine en Argentina parece cada vez más difícil, El Sello avanza por fuera de los caminos tradicionales. Es una película de terror ambiciosa, producida de manera independiente, que reúne a actores de gran trayectoria y que se filmará casi en su totalidad en Florencio Varela, apostando fuerte a la producción local.
“Se pueden lograr cosas enormes, incluso desde la independencia”, afirma su creador y director, Rodrigo Marassi, con una convicción que atraviesa todo el proyecto.
Lejos de las grandes productoras, El Sello se construye bajo una lógica cooperativa. “Armé un grupo de trabajo donde cada persona aporta su saber, su equipo técnico y su experiencia para construir una película de gran envergadura”, explica. A ese esquema se suman sponsors y comercios que acompañan el proyecto para cubrir gastos. “Con una buena cabeza, un equipo comprometido y una idea clara, se pueden lograr cosas enormes”.
Un elenco de peso, desde una producción independiente

El proyecto cuenta con actores de reconocida trayectoria como Pablo Rago, Diego Alonso, Matías Alé, Larry De Clay, Papucho Di Lorenzo y Sofía Buscio, algo poco habitual para una película realizada por fuera del circuito industrial.
Para Marassi, esto también forma parte de demostrar que el cine independiente puede jugar en otra liga. “Que alguien como yo, de Florencio Varela, sin un nombre conocido, pueda reunir este elenco y levantar una película de esta escala, ya es una victoria”, sostiene. “Hoy, hacer una película ya es un logro enorme. Pase lo que pase después, el camino recorrido vale la pena”.
Volver al barrio como decisión consciente
La decisión de filmar casi toda la película en Florencio Varela no responde a una cuestión de comodidad. “Quería hacer algo en mi barrio, ponerlo en valor”, dice Marassi. “Florencio Varela es un partido enorme, con una identidad muy fuerte, que no tiene nada que envidiarle a otros lugares más ‘glamorosos’”.
Después de haber filmado su obra anterior en Caseros, el director sintió la necesidad de volver al lugar del que es parte. “Más allá de las dificultades, creo profundamente en su potencial y quería que eso también quedara registrado en la película”.
Filmar en Varela también implica disputar sentidos. “Muchas veces aparece en las noticias por motivos negativos, ligados a la inseguridad, la política o el abandono. Pero eso no define al barrio”, remarca. “Hay muchísima gente laburadora, con talento y con ganas de crecer. Esta película también es una forma de decir: acá hay potencial, acá hay historias y acá hay futuro”.
El terror como lenguaje para decir verdades
El Sello se inscribe en el género terror, una elección que Marassi defiende sin rodeos. “El terror es uno de los lenguajes más potentes para hablar de la realidad”, afirma. “Dentro del género podés decir cosas muy crudas, muy profundas, sin filtros”.
La película aborda una temática religiosa atravesada por elementos de ciencia ficción, pero siempre anclada en conflictos reales. “Habla de la fe, del miedo y del fin de los tiempos. El terror permite exagerar, incomodar y, justamente por eso, decir verdades que otros géneros suavizan”.
Una película que se construye antes de filmarse

Para Marassi, hoy el cine no empieza cuando se prende la cámara. “El cine también se juega en las redes, y eso lo tengo muy claro desde el inicio”, explica. El Sello se viene construyendo desde hace meses como una historia viva, que genera conversación, expectativa e identificación incluso antes del rodaje.
“No es solo una película que va a estrenarse: es una historia que se está construyendo en tiempo real”, dice. En un ecosistema donde el algoritmo premia lo inmediato y lo descartable, la estrategia es la constancia. “Hay que estar presente todo el tiempo, generando contenido y manteniendo viva la chispa”.
El verdadero costo de hacer cine
Cuando se le pregunta qué fue lo más difícil del proceso, Marassi no lo romantiza. “Las tres cosas fueron terroríficas”, admite. “Escribir el guion es lo que menos pesa, porque me apasiona y lo disfruto. Conseguir financiamiento es lo más complejo y todavía estoy en ese proceso”.
Por eso, no duda en abrir la convocatoria. “Invito a comerciantes y empresarios que quieran sumarse sin miedo”, dice. “El Sello va a llegar lejos”.
Pero hay un costo silencioso. “Sostener el proyecto emocionalmente es durísimo”, reconoce. “Implica trabajar todo el día y después dedicarle horas extra, resignando tiempo con la familia y con uno mismo”.
El sueño como motor colectivo
Para Marassi, El Sello no es solo una película: es una invitación. “Nace del sueño de una persona común, de un trabajador, como podría ser cualquiera”, afirma. “Todos tenemos sueños, y está bueno apoyarlos”.
Su mensaje final resume el espíritu del proyecto: “De los sueños se arranca. Después uno crece, mejora y profesionaliza todo, pero el motor inicial siempre es ese. Apoyar a otros soñadores —y animarse a apoyar los propios— es la forma de construir algo más grande”.
