Una pregunta simple publicada por Diario Vespertino en su comunidad digital —¿cuál creés que es la mejor escuela/colegio de Florencio Varela?— desató una catarata de historias, recuerdos, argumentos y emociones. De jardines rurales a técnicas legendarias, de públicas masivas a privadas familiares: el mapa afectivo y educativo de un distrito entero contado por quienes pasaron por sus aulas.
La consigna fue directa: “Contanos qué escuela te marcó y por qué la elegís como la mejor”. A partir de esa pregunta, padres, madres, exalumnos, docentes y abuelos reconstruyeron —con nombre propio y fundamentos personales— un mapa vivo de la educación varelense.
Las opiniones no expresan comparaciones objetivas ni rankings académicos: son valoraciones subjetivas, testimoniales, y corresponden exclusivamente a quienes las escribieron.
San Juan Bautista: una comunidad que muchos describen como “familia”
El Instituto San Juan Bautista aparece mencionado reiteradamente por lectoras y lectores. Algunas voces destacan “amor, calidez y buena enseñanza”; otras señalan que gracias a esa institución “hoy trabajan de lo que aprendieron”. Muchos subrayan un punto en común: la construcción de comunidad y el acompañamiento cotidiano.
La Escuela Técnica N.° 2: rigor, oportunidades y continuidad generacional
La Técnica 2 —Rodolfo Walsh— es una de las escuelas más repetidas. Los comentarios mencionan formación sólida, docentes comprometidos y una preparación que, según sus autores, facilita el ingreso a estudios superiores.
Algunos testimonios citan trayectorias familiares completas: madres, hijos y ahora nietos pasando por la misma técnica.
Primarias históricas, rurales y de barrio: la identidad en el territorio
La EP N.º 8 “Bernardino Rivadavia”, la EP N.º 16 Esteban Echeverría, la EP N.º 13 Almafuerte, la EP N.º 26 Aida Leonor Derosa, la EP N.º 20 República de Chile, la EP N.º 10 Manuel Belgrano, la EP N.º 23 Héroes de Malvinas, entre muchas otras, aparecen como depositarias de recuerdos formativos profundos.
Las menciones incluyen calidad humana, acompañamiento docente, limpieza de los edificios, infancias compartidas y tradiciones que aún perduran.
También emergen relatos de escuelas rurales —como la N.º 4 de La Capilla— donde se recuerdan recreos eternos, caminos de barro, molinos, maestras que viajaban en citronetas y una vida escolar atravesada por la geografía.
Las secundarias que marcaron épocas
Entre las más mencionadas:
- Media 8 “Julio Cortázar”, asociada a respeto, trayectoria histórica y profesores muy recordados.
- Silvio Dessy, destacada por varias generaciones.
- Instituto Santa Lucía, vinculado a buenos recuerdos y actividad cultural.
- Sagrado Corazón, reconocido por infraestructura y docentes.
- Santo Domingo de Guzmán, elegido por exalumnos que lo describen como el mejor “lejos”.
- Escuela Agraria N.º 1 de La Capilla, muy valorada por familias que hoy continúan eligiéndola.
Jardines que dejan huella
Las menciones a jardines estatales —como el Jardín 936 “José Hernández”, Pecos y Pequitas, Barquito de Papel, Garabatos— destacan a las maestras jardineras que, según quienes comentan, ponen “más que el alma”.
Una mirada que también incluye críticas
Entre cientos de elogios también aparecen voces que expresan preocupación por problemas transversales del sistema educativo: ausentismo, cambios sociales, agresiones o deterioro del respeto institucional. Quienes comparten estas observaciones lo hacen desde su propia experiencia personal, sin atribuir responsabilidades a escuelas específicas.
Lo que revela la consulta
La suma de testimonios expuestos por los lectores del Vespertino —todos disponibles en la publicación original del medio, fuente única de esta nota (Facebook Diario Vespertino) permite observar un fenómeno:
la mejor escuela para cada vecino es aquella que lo acompañó, lo cuidó y lo vio crecer.
No surge un único establecimiento como “ganador”. Lo que emerge, más bien, es un entramado profundo entre territorio, memoria y educación: cada escuela es la mejor para alguien, porque ahí se construyen historias.
