Desde hace casi cuatro décadas, Florencio Varela cuenta con ordenanzas municipales que prohíben expresamente el vuelco de basura en la vía pública y obligan a propietarios y al Estado local a preservar la limpieza y el ambiente urbano. Sin embargo, vecinos de distintos barrios advierten que los microbasurales a cielo abierto siguen formando parte del paisaje cotidiano, con consecuencias sanitarias, ambientales y sociales.
Los reclamos vecinales se repiten en distintos puntos del distrito. Av. Novak, calle 556, Cabello y Novak; la salida de la estación Bosques por Dean Funes; calle Boon en el ingreso al complejo Santa Rosa; estación Km 26; avenida Hudson y calle 966. La enumeración surge de testimonios públicos de vecinos y vecinas que describen acumulación de residuos domiciliarios, restos de poda, quema de basura y, en algunos casos, animales muertos arrojados en la vía pública.
“No es el perímetro del centro: todos los barrios padecen el abandono”, señala Liliana Guanuco. Otros vecinos apuntan a la reiteración del problema aun después de operativos de limpieza. “Cuando lo limpian, vuelven a tirar”, resume Vero Rojas.
Si bien estos testimonios no constituyen pruebas administrativas ni judiciales, sí reflejan una percepción social extendida: la existencia de microbasurales no es un hecho aislado ni excepcional.

Ordenanza N.º 1072 (1986): la prohibición expresa del vuelco de residuos
El marco legal municipal que regula esta problemática tiene un punto de partida claro. En la sesión extraordinaria del 28 de febrero de 1986, el Concejo Deliberante sancionó la Ordenanza N.º 1072, que prohíbe el vuelco de basura domiciliaria, desperdicios industriales y residuos de cualquier naturaleza en:
- la vía pública
- terrenos baldíos
- pastizales
- zonas bajas y ciénagas
- áreas de cultivo o no cultivadas
- bienes de dominio público o privado
dentro del ámbito del partido de Florencio Varela.
La norma no se limita a particulares. Según su Artículo 2.º, la prohibición alcanza a concesionarios oficiales o privados del servicio de recolección, industrias, comercios, depósitos, talleres y cualquier otra actividad generadora de residuos.
La ordenanza establece además un régimen de sanciones económicas progresivas y faculta al Departamento Ejecutivo a disponer medidas accesorias —como la incautación del vehículo utilizado— siempre dentro del marco legal correspondiente. No es posible afirmar, con información pública disponible, cuántas sanciones se aplican actualmente ni con qué frecuencia se ejecutan estas facultades.
Ordenanza N.º 2271 y N.º 2921: obligación de los propietarios de mantener terrenos y veredas
A la prohibición del vuelco de residuos se suma la responsabilidad directa de quienes poseen inmuebles. La Ordenanza N.º 2271 establece que todo propietario de un terreno baldío y/o edificado debe:
- construir y conservar un cerco a nivel de la línea municipal,
- construir y mantener la vereda correspondiente,
- mantener tanto el terreno como la vereda limpios, sin malezas, yuyos ni acumulación de basura o residuos.
La Ordenanza N.º 2921 refuerza esta obligación y la extiende a propietarios, poseedores o tenedores de inmuebles, consolidando el deber de cuidado del espacio inmediato que da a la vía pública.
Estas normas son relevantes en barrios donde los microbasurales se forman en terrenos sin cercar o con frentes abandonados, una situación señalada reiteradamente por los vecinos.
Ordenanza N.º 3128: control ambiental y poder de policía
La Ordenanza N.º 3128 amplía los alcances de la normativa anterior al extender el poder de policía municipal en materia ambiental. Esta disposición habilita al Departamento Ejecutivo a designar personal —incluso con carácter ad honorem— para tareas vinculadas a:
- control del vuelco de basura domiciliaria e industrial,
- control de aguas servidas y desechos cloacales,
- preservación de espacios verdes,
- prevención de la contaminación y protección ecológica.
La existencia de esta norma indica que el municipio cuenta con herramientas legales para el control ambiental. Sin embargo, no se dispone de información pública verificable sobre el alcance real de estas designaciones ni sobre su despliegue territorial efectivo.
Entre la falta de servicios, el control y las prácticas sociales
Los testimonios vecinales muestran una tensión persistente. Por un lado, hay quienes señalan prácticas individuales: personas que arrojan basura en espacios públicos aun cuando el camión recolector pasa por la zona. Por otro, aparecen reclamos vinculados a la irregularidad del servicio de recolección en determinadas cuadras.
“En nuestra cuadra no pasa el recolector y recurrimos a quemar la basura para que no se acumule”, explica Zulma Céspedes, describiendo una práctica que, aunque frecuente, implica riesgos sanitarios y ambientales.
Otros vecinos plantean la ausencia de sanciones visibles como un factor que desalienta el cumplimiento de la norma. “Cuando el municipio comience a multar, se terminan los barrios sucios”, afirma Teresa Leonor Ranz. Estas expresiones reflejan percepciones ciudadanas, no datos oficiales.
Salud, ambiente y desigualdad territorial
La acumulación de residuos y la quema a cielo abierto impactan de forma directa en el derecho a un ambiente sano y a condiciones de vida dignas. La presencia de ratas, humo tóxico, basura en descomposición y falta de mantenimiento del espacio público afecta especialmente a niñas, niños, personas mayores y sectores con menor capacidad de reclamo institucional.
Desde una perspectiva de derechos humanos, el problema de los microbasurales no puede desvincularse de la desigualdad territorial. La reiteración de estos focos fuera del área céntrica refuerza la sensación de abandono en amplios sectores del distrito.
Voces del territorio: lo que dicen los vecinos y vecinas
Los testimonios que siguen fueron expresados públicamente por vecinos y vecinas de Florencio Varela y reflejan percepciones, experiencias cotidianas y reclamos comunitarios en relación con los microbasurales. El Vespertino los reproduce como expresiones sociales, sin atribuirles carácter probatorio ni responsabilidades legales individuales.
“Pero la misma gente tira, son unos cochinos, y cuando lo limpian vuelven a tirar”, sostuvo Vero Rojas.
“Av. Novak, calle 556 y Novak, Cabello y Novak”, indicó Irma Montenegro, al señalar zonas puntuales.
“En nuestra cuadra no pasa el recolector. Nosotros recurrimos a quemar para que no se acumule porque juntan ratas. Estamos a cuadras de la estación Zeballos y la Hudson”, relató Zulma Céspedes.
“La gente es sucia”, expresó Carolina Britez.
“Calle Boon, al final empieza el complejo Santa Rosa. Tiran toda clase de basura”, señaló Lala María.
“¿Quién hace el basural? ¿No se puede multar porque nadie denuncia?”, se preguntó Oscar Carrasco Ávila.
“No pueden ver la vereda limpia que ya se ponen a tirar basura y a quemar animales muertos. No digo que la municipalidad no limpie, porque sí lo hace, pero deberían usar las cámaras para identificar al que tira basura y multarlo”, manifestó Faty Barrios, vecina de avenida Hudson y calle 966.
“Estación Km 26, mucha mugre”, resumió Marcos Romero.
“A la salida de la estación Bosques, calle Dean Funes”, indicó Teresa Gómez.
“Todos los barrios padecen el abandono”, sostuvo Liliana Guanuco, quien además enumeró problemas de iluminación, poda y mantenimiento urbano.
“También falta educación. Si no tenés canasto, poné uno. Hay ingenio para todo, pero parece que para algunas cosas no”, opinó Esteban Oscar Mannarino.
“El basurero pasa, pero igual tiran animales muertos. La problemática es la gente sucia”, afirmó Romina Torres.
“En calle Montavani, Villa Brown, no pasa el camión de recolección y los carros tiran la basura al costado de la calle”, advirtió Liliana Corbalán.
Un marco legal claro, una deuda persistente
Florencio Varela cuenta desde 1986 con un entramado normativo que prohíbe, regula y sanciona el arrojo de residuos en la vía pública, además de imponer obligaciones concretas a propietarios y habilitar el control ambiental municipal. Las ordenanzas N.º 1072, 2271, 2921 y 3128 siguen vigentes.
Lo que permanece en discusión es la efectividad de su aplicación, un aspecto que no puede evaluarse sin información oficial accesible sobre controles, sanciones y políticas de prevención.
Mientras tanto, los microbasurales continúan siendo una postal cotidiana en muchos barrios. No es solo una cuestión de basura: es una señal de cómo se ejerce —o se posterga— el derecho colectivo a vivir en un entorno cuidado, saludable y equitativo. En Florencio Varela, esa discusión sigue abierta.
