domingo, febrero 1

Recolección de residuos en Florencio Varela: entre el incumplimiento cotidiano, las respuestas vecinales y una política pública fragmentada

Barrios con calles precarias, vecinos que pagan soluciones informales y un Estado que responde con operativos de emergencia antes que con prevención. Mientras se anuncian programas y proyectos —como el Parque Ambiental de Ingeniero Allan— persisten desigualdades en el acceso a un servicio básico, sin plazos claros ni resultados verificables a largo plazo.

En la calle 1147 del barrio La Carolina, el problema no es nuevo. “No pasan a recolectar la basura, es una vergüenza cómo se vive en Varela”, escribió Hernán M. R. Gómez en los comentarios de Diario Vespertino. “Cada vecino hace lo posible para arreglar las calles y mantener limpio todo, pero el municipio no hace nada. Es un reclamo constante y nadie se hace cargo”.

El testimonio no es aislado. Adriana, otra lectora, puso palabras a una escena repetida en barrios populares del distrito: “En los barrios no pasa el camión de la basura, entonces le pagan a los carreros para que lleven la basura y pasa esto: se arman basurales”. Desde Ingeniero Allan, Lala María fue aún más directa: “En la calle 1143 y 1130 A pasa un carro y cobra, es lógico, hace su trabajo. ¿Y los camiones de la basura?”.

A esos reclamos se suman otros que apuntan a déficits estructurales. “Cestos casi inexistentes”, señaló Andrea Fabiana Goyeneche. “En los asentamientos no entra el camión y en los barrios no pasa seguido”, agregó Mary Palomo. Las frases cambian, pero la escena se repite: residuos acumulados, soluciones informales y una ausencia estatal que se vuelve parte del paisaje cotidiano.


Lo que muestran los datos: una desigualdad medida

El diagnóstico académico elaborado por estudiantes de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ) permite poner números a esa experiencia barrial. Según el relevamiento Diagnóstico del Municipio de Florencio Varela: Políticas actuales y propuestas, solo el 46% de las personas entrevistadas afirmó que la recolección se realiza de manera diaria. Un 40% señaló que ocurre cada dos días y un 12% reportó una frecuencia aún menor.

El estudio no mide percepción, sino frecuencia declarada del servicio, y deja en evidencia una prestación fragmentada, que varía según el territorio. Esa desigualdad coincide con lo que describen los vecinos: en barrios con calles de difícil acceso o infraestructura precaria, el servicio formal se vuelve irregular o directamente inexistente.

En términos de derechos, la consecuencia es clara: no todos los habitantes del distrito acceden en igualdad de condiciones a un servicio básico para la salud pública y el ambiente.


Incumplimientos, accesibilidad y costos trasladados a la comunidad

A lo largo de los últimos años, medios locales y organizaciones sociales han documentado incumplimientos por parte de la empresa concesionaria del servicio de recolección domiciliaria, tanto en la frecuencia como en la colocación y el mantenimiento de contenedores callejeros.

Según esas coberturas, una de las explicaciones esgrimidas desde el ámbito empresarial es la dificultad para acceder a determinadas calles. El resultado, sin embargo, recae siempre en el mismo lugar: vecinos que deben pagar carros u otros medios informales para retirar los residuos acumulados. Una práctica que no solo implica un costo económico adicional, sino también riesgos sanitarios y ambientales en zonas ya vulnerables.


Gestión reactiva en un territorio vulnerable

Frente a alertas meteorológicas y tormentas, el Municipio despliega operativos extraordinarios de limpieza en puntos estratégicos del distrito. Estas acciones incluyen recolección de residuos en la vía pública, limpieza de márgenes de arroyos y tareas de zanjeo, especialmente en zonas cercanas al polideportivo Thevenet, La Capilla y el centro de Florencio Varela.

Si bien estos operativos buscan mitigar emergencias, su reiteración expone una gestión predominantemente reactiva. En un territorio históricamente afectado por el colapso de desagües y la acumulación de residuos, la respuesta estatal aparece ligada a la urgencia climática más que a una política preventiva y sostenida.


Programas ambientales: actividad visible, alcance limitado

Desde 2025, el Municipio informó distintas acciones en el marco de sus políticas ambientales. En noviembre de ese año se instaló un nuevo módulo ecológico en la Plaza Lomas de Monteverde, que permite la separación diferenciada de residuos. También se relanzó el concurso escolar “Pintá tu ambiente”, orientado a la concientización a través del arte con materiales reciclados.

A lo largo del año, se intensificó además el trabajo con cooperativas de reciclado, como Viento en Contra. Según estimaciones oficiales, se recuperaron alrededor de 200.000 kilos de materiales reciclables mediante recorridas casa por casa en más de 40 barrios y un relevamiento en comercios como verdulerías.

Sin embargo, estas iniciativas conviven con una recolección domiciliaria irregular. El propio diagnóstico de la UNAJ señala la necesidad de ampliar puntos de recolección, sostener campañas de difusión y fortalecer de manera estructural a los recuperadores urbanos, para que la política de reciclado no quede limitada a experiencias puntuales.


Parque Ambiental: un proyecto sin certezas

En cuanto a la disposición final, el Municipio planificó el Parque Ambiental de Ingeniero Allan, en las calles 1155 y 1150, con el objetivo de reconvertir un basural, instalar una planta de transferencia y crear un espacio recreativo. Si bien se informaron avances en el proyecto, hasta el momento no existe información pública confirmada sobre plazos de ejecución ni estado concreto de la obra.

La falta de precisiones se inscribe en un antecedente conocido: en 2012, un proyecto de Parque Ecológico en la zona de humedales no se concretó tras la oposición vecinal. La historia reciente alimenta la cautela frente a anuncios que no terminan de materializarse.


Una deuda que sigue en la calle

El cruce entre los testimonios barriales y el diagnóstico académico traza una misma línea: la gestión de residuos en Florencio Varela presenta fallas estructurales que se expresan de manera desigual en el territorio. Allí donde el camión no entra, el Estado se retira y el barrio paga.

La recolección efectiva y diaria, el mantenimiento de contenedores, la prevención de microbasurales y el fortalecimiento de los circuitos formales de reciclado no aparecen como problemas técnicos aislados, sino como indicadores de una deuda ambiental y social persistente. En Florencio Varela, la basura no solo se acumula: expone, todos los días, las fronteras reales del derecho a la ciudad.

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