viernes, febrero 6

“La noche no es más violenta por la cantidad de locales”

Leonardo Calcagnini, director del Observatorio de Nocturnidad, advierte que en municipios como Florencio Varela la concentración de jóvenes, la falta de regulación preventiva y la ausencia de una política pública activa convierten a la noche en un espacio de riesgo estructural más que en una suma de hechos aislados.

La nocturnidad en municipios del conurbano bonaerense como Florencio Varela suele quedar fuera del centro del debate público hasta que ocurre un hecho grave. Para Leonardo Calcagnini, director del Observatorio de Nocturnidad y con más de 30 años de experiencia en la gestión de la seguridad en locales de esparcimiento nocturno y eventos masivos, esa mirada es equivocada.

“Yo trabajo desde los 18 años en la nocturnidad. Fui jefe y encargado de seguridad de diferentes boliches y eventos con más de 30 años de experiencia y también trabajando en otro país vecino. Siempre estoy en posición de aprender cosas nuevas, porque la seguridad se actualiza día tras día”.

Desde su experiencia, Calcagnini sostiene que Florencio Varela no es menos riesgosa por tener menos locales.

“A diferencia de otros municipios como Lanús o Quilmes, Florencio Varela tiene menos cantidad de lugares de diversión nocturna, pero no por eso deja de ser menos peligroso para la juventud”.

Según explica, esa característica genera un fenómeno particular:

“La oferta es limitada y eso genera una fuerte concentración de jóvenes en pocos espacios. Cuando la noche se concentra y no hay una política preventiva clara, aparecen los conflictos: discusiones, expulsiones violentas, situaciones de discriminación y peleas que muchas veces continúan fuera de los locales y se trasladan al barrio”.

Calcagnini cuestiona que estos episodios sean interpretados como excepcionales.

“No es una total verdad que sean hechos aislados. Todos los fines de semana existen hechos de violencia, discriminación y acosos”.

También advierte sobre la naturalización de estas conductas:

“Los pibes mismos naturalizan la discriminación y cualquier tipo de conducta agresiva y lesiva hacia el otro”.

Uno de los principales problemas, señala, es la falta de contención institucional.

“Cuando un joven sufre un problema no sabe a quién recurrir. ¿Va al municipio donde la oficina de Dirección General de Inspección está cerrada? ¿Va a la policía donde lo van a tener horas y horas siendo maltratado?”.

Para Calcagnini, esta situación responde a un vacío estructural:

“Estamos ante un Estado ausente y sin compromiso social hacia la juventud”.

La Ley Nacional de Nocturnidad (26.370), aprobada en 2008, es otro de los ejes que analiza. Si bien reconoce sus aportes, afirma que presenta limitaciones.

“Así como tiene beneficios para la sociedad, también está desfasada y fuera de término en algunas de sus cosas”.

Entre los ejemplos, menciona los centros culturales:

“No tienen un organismo controlador. Esa categoría fue creada mucho después de la ley y, después de cierta hora, funcionan como un boliche”.

Y también la prevención de muertes súbitas:

“Sabemos que hay locales donde entran muchas más personas de las debidas por capacidad municipal”.

Desde su mirada, los municipios deberían avanzar con normativas propias.

“Tendría que haber una ordenanza municipal que obligue a los bolicheros a tener un DEA y capacitar al personal”.

La discriminación sigue siendo un problema persistente en la nocturnidad.

“Antes era si tenías la piel más oscura, ahora es contra la condición sexual”, señala, aunque reconoce que “hay controladores que tienen su mente más abierta”.

Aun así, remarca que muchos jóvenes terminan aceptando situaciones de abuso.

“La mayoría acepta los abusos para no quedar afuera del grupo social”.

El problema, otra vez, es la falta de canales.

“Volvemos a lo mismo: ¿adónde vamos a ir a quejarnos?”.

Para Calcagnini, la respuesta es clara:

“El comienzo de todo es la creación de una oficina de nocturnidad, observatorio como quiera titularlo el municipio, especializada en la noche”.

Y resume su postura en una definición que atraviesa toda la entrevista:

“Donde hay nocturnidad, hay Estado. Prevención, control, cuidado y acompañamiento”.

En ese marco, insiste:

“Los jóvenes no son el problema. El problema es la falta de controles, prevención y políticas públicas”.

Y concluye:

“Prevención es más seguridad. Donde hay jóvenes, hay derechos”.

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