Las 140 identidades restituidas son la bandera que con mayor orgullo sostienen las abuelas buscadoras de identidades robadas. La continuidad de ese camino de 48 años se prologa ahora en la generación de nietos y nietas.
Es probable que a lo largo de 48 años las Abuelas de Plaza de Mayo hayan tenido necesidad de abogados, médicos, genetistas, antropólogos, periodistas y algunos otros oficios que fortalecieron su tarea de búsqueda de identidades robadas. Pero esta tarde de marzo de 2026, a poco de cumplirse medio siglo del inicio de la dictadura militar que puso en práctica la sistemática apropiación de bebés e infancias, lo que las Abuelas necesitan es un fotógrafo.
Por eso ni bien llegamos a la sede de la calle Virrey Cevallos los ojos se posan en mi compañero Rodrigo Ruiz. “Te necesitamos”, le dice Pablo Wybert, secretario de Abuelas.
En el interior de una sala de reuniones está Buscarita Roa, vicepresidenta de Abuelas, junto a integrantes de la Comisión Directiva que desde hace algunos años conforman nietos y nietas de identidad restituida junto a familiares comprometidos con la causa.
La novedad de este martes, día habitual de reunión, es que en una punta de la mesa está sentado Tom Morello. Recién llegado al país, casi sin descansar, el ex guitarrista de Rage Against The Machine (RATM) quiso pasar a saludar a las Abuelas antes de seguir con sus compromisos musicales. Entonces, en pose de foto familiar, Buscarita, Tom y el resto del equipo sonríen ante Rodrigo. Clic.
Leonardo Fossati Ortega (nieto 81, 49 años, restituido en 2005) termina de preparar carteles y remeras con la consigna “Florecerán Pañuelos” para llevar a La Plata, donde tiene un rol clave en las políticas de memoria del municipio. Está entusiasmado por la visita y la charla con Tom Morello, habla del compromiso social que siempre tuvo la banda (incluida su solidaridad con los obreros de la recuperada Zanón en Neuquén), de los estilos musicales que viene desarrollando Tom, de las sorpresas que suelen darse en las reuniones de trabajo de los martes. Se disculpa porque está apurado para regresar a la capital bonaerense.

Buscarita, quien secunda a Estela de Carlotto (hoy no vino por problemas de salud), enfila hacia la puerta con la convicción y la picardía que caben en sus 88 años. Cuando me acerco hace mención a un diagnóstico médico que no condice con la firmeza de su postura ni con el bastón que lleva en la mano sin apoyar en el piso: tiene la cadera quebrada. Espera por un remís que la lleve hasta su casa de La Boca, pero antes se permite bromear con nuestra diferencia de edad y pide que le cuente a mi novia que “una vieja” me regaló un piropo.
El movimiento no frena alrededor. Nietos y nietas todavía exultantes por la visita internacional. Personas que llegan para llevarse alguna remera con los pañuelos florecidos ilustrados por el artista Matías De Brasi. Teléfonos que suenan. Charlas mezcladas con mates. Wybert le pide a nuestro Rodrigo que no se olvide de mandar la foto con Tom que minutos después difundirán en redes sociales.
La sede porteña de Abuelas de Plaza de Mayo tiene su propia atmósfera y su propio tiempo, aunque de la puerta para afuera se agiten vientos turbulentos.
La hermandad de nietos y nietas
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Esteban Herrera Simerman (50) es uno de los nietos que participan en la Comisión Directiva, en su rol de vocal suplente. Él pudo volver con su familia biológica incluso antes de que Abuelas comenzara a funcionar formalmente. Georgina Simerman, su mamá, fue secuestrada el 12 de mayo de 1977 en Luján (Buenos Aires) y tanto él (2 años) como su hermano Raúl (3) fueron entregados a la familia paterna. Durante gran parte de su vida pensó que sólo tenía que buscar los restos de su mamá, hasta que recibió un llamado del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF):
–Tenemos novedades del caso de tu mamá: no encontramos los restos, pero sí sabemos de buena fuente que tu mamá estaba embarazada de tres meses cuando se la llevaron.
Desde 2012, Esteban busca a un hermano o una hermana de 1977 nacido de la relación de Georgina con Jorge Cañete, un compañero de militancia en el PRT-ERP.

Con Esteban caminamos la media cuadra que separa la sede de Abuelas del Espacio de Memoria Virrey Cevallos, que funcionó como centro clandestino de detención y tortura a pocas cuadras de la vida céntrica de la Ciudad de Buenos Aires. Allí nos espera en la puerta Miguel Tano Santucho Navajas (50), que mastica unas gomitas frutales. Es quien coordina las visitas guiadas a las escuelas que llegan a Virrey Cevallos.
El Tano tiene una sonrisa clavada en la expresión, como cuando fue noticia por haber encontrado a su hermano Daniel, en julio de 2023. A Cristina Navajas, la mamá, se la llevaron de un departamento porteño el 13 de julio de 1976. Los niños Miguel y Camilo sobrevivieron al operativo y su papá exiliado, Julio, hizo gestiones para reencontrarse con ellos fuera del país. El circuito clandestino de detención de Cristina incluyó Automotores Orletti, Proto Banco y el Pozo de Banfield. El 10 de enero de 1977 parió a Daniel. Ella sigue desaparecida.
El apodo de Miguel responde a la patria que lo cobijó y que también le dejó una marca en el habla. Nélida Navajas, la mamá de su mamá, fue una Abuela muy activa. Cuando falleció, en 2012, el Tano se acercó a Abuelas para continuar con esa tarea. Hoy es el tesorero.
La entrevista va a transcurrir en una cocina que podría ser cualquier cocina: azulejos en las paredes, una heladera con freezer, una mesa larga de madera donde hay botellas, un mate y bananas, un ventilador de pie que intenta aplacar los últimos calores del verano porteño. El detalle que resignifica la cocina es una cartel con una gorra militar y la consigna “Juicio y castigo”. Tanto Esteban como Miguel tienen la edad del comienzo de la dictadura: 50 años.

–¿Cómo sienten ustedes la proximidad de este aniversario redondo?
–Miguel Santucho Navajas: A mí me parece que los 50 son un número hermoso. De hecho, a pesar de todo el quilombo, yo festejé mis 50, hice una gran fiesta, y siento que es una meta importante. Lamentablemente, estamos en un momento histórico, me parece a mí, de cambio epocal. Uno no puede dejar de ver que todo el mundo está, digamos, oliendo el fin de una época y no sabe bien cómo reacomodarse. Estamos con muy pocas referencias, con muy pocas seguridades. Lamentablemente, nosotros tenemos todavía mucho trabajo por delante, tenemos más de 300 hombres y mujeres que queremos encontrar, y tenemos mucha información que todavía no conseguimos descubrir.
–Esteban Herrera Simerman: Cincuenta años es medio siglo y por ahí a la gente le parece mucho, sobre todo a las nuevas generaciones. Parece que hubiese pasado hace tres siglos. En realidad, hoy todavía estamos viviendo las consecuencias, no sólo económicas, políticas, de lo que se heredó de la dictadura, sino que también atraviesa a sectores de la sociedad, particularmente a nosotros, que es carne viva lo que pasa. Día a día estamos buscando a los hermanos que nos faltan. A esas personas que todavía no conocen su verdadera identidad les sigue pasando, siguen viviendo algo que no les corresponde y se perpetúa en el día a día ese crimen que sufrieron al nacer, del cual fueron víctimas. Y además se van multiplicando las víctimas en las nuevas generaciones, en los hijos de los hijos. Los nietos de las Abuelas tienen familia, ya son los bisnietos de las Abuelas que estamos buscando. Entonces, la cantidad de gente que ha sido dañada por el Estado en la dictadura va creciendo, no es un número cerrado. Ni siquiera por eso, por el no saber el número real, sino porque sabemos que han tenido familia, entonces van creciendo las personas que hoy deberían tener otra identidad y que caminan entre nosotros.
–Aun en un contexto tan adverso políticamente, se siguen restituyendo identidades. ¿Qué vínculo hay entre nietos y nietas? ¿Cómo pondrían en palabras ese vínculo en esta familia que se va agrandando?
–Miguel: Bueno, por suerte seguimos todos los años, hasta ahora seguimos encontrando. No quiero dejar de remarcar que es una historia colectiva. Claramente, hay una gran parte de la sociedad que sostiene, acompaña y sin ellos, obviamente, nuestras abuelas y nosotros tampoco pudiéramos lograr nada. Desde que estoy en Abuelas, desde que me acerqué, para mí siempre fue muy importante conocer a los otros nietos, porque de alguna manera en cada uno de ellos buscaba, esperaba encontrar a mi hermano o de alguna manera representaba a mi hermano. Entonces, poder vincularme, poder entender qué era lo que se le podía preguntar, lo que le hacía bien, era como un aprendizaje esperando un hipotético momento que no sabía si alguna vez se me iba a dar. Pero en ese aprendizaje me iba vinculando de una manera muy cercana. Para mí sigue siendo una hermandad, porque de alguna manera estamos hermanados por nuestras historias y por las ganas que tenemos de recuperar esas cosas. En nuestro caso, el hermano que nos apropiaron; en el caso de ellos, una vida que les negaron. Y bueno, hay esa necesidad de tener que vincularse y complementar eso. A mí me pasó algo muy loco: cuando lo conocí a mi hermano resultó ser mucho mejor de lo que me había imaginado. Era como ¡guau, es un montón!

–¿Cómo fue el recorrido que hizo tu hermano?
–Miguel: Él llegó sin que nunca nadie hubiera acercado una denuncia sobre él y sólo por dudas que le fueron surgiendo a él y que, en realidad, fueron madurando en él, porque estuvo más de 20 años con esa duda. Él hizo un recorrido muy largo, muy solitario y muy fuerte. Eso de enfrentar las culpas y los miedos, de “si me equivoco qué va a pensar mi viejo”. Entonces, cuando nos vimos yo no sabía su historia. Yo sabía de su existencia y tardé 35 en poder encontrarlo. Él tenía 46 cuando lo encontré, pero me encontré que él había hecho un camino muy parecido al mío. Muchos años, mucha cosa y tenía un miedo de no encontrar a nadie. Entonces, cuando nos vimos, ¡me salvaste, hermano! Como que nos complementamos de una manera increíble. Por todos los años que estoy en Abuelas, por todos los casos que fui conociendo y todo, no es fácil vincularse con hermanos, no es fácil darle tiempo a nuestros hermanos de asimilar la realidad, las consecuencias, de ver las cosas. Yo creo que mi hermano vino, se acercó y nos encontró en un momento que para él era posible, estaba preparado para eso. Entonces, eso explica también la facilidad de vínculo que tenemos.
–Esteban: Yo, a diferencia del Tano, no supe siempre que tenía que buscar un hermano. De hecho, mis abuelos fallecieron sin saber. Nos habían recuperado a mi hermano y a mí antes de la fundación de Abuelas de Plaza de Mayo. En junio del ’77 nos encontraron, cuando la habían secuestrado a mi vieja en mayo. Entonces, mis abuelos pensaron que ya habían encontrado a los hijos de su hija, sus dos nietos por parte de mi vieja. Y bueno, se hicieron cargo de criarnos y todo y nunca supieron que mi mamá estaba embarazada. Eso llegó recién en el 2012. Ellos ya había fallecido: mi abuelo en el ’87, mi abuela en el 2001. Y para mí era… fueron años de creer que tenía procesada la historia de mi vieja, de creer que solamente tenía que buscar los restos de mi vieja, los huesos, y de repente era “tengo que salir a buscar a alguien con vida”. Me cambió la vida, me dio vuelta para arriba la vida, lo que tenía que hacer, la búsqueda que tenía que realizar.
–El proceso de restitución de la identidad es complejo.
–Esteban: Y también quiero mencionar que de los 140 casos resueltos por Abuelas de Plaza de Mayo, no todos terminaron en una restitución, sino que lamentablemente fue tan violenta, tan cruel la dictadura, que mataba mujeres embarazadas. Entonces, hay casos resueltos que no tienen una restitución de identidad de alguien con vida. Pero bueno, las esperanzas, cada vez que aparece un nieto, se renuevan: pegó en el palo, está cada vez más cerca, falta menos. Y, por supuesto, la alegría del encuentro es colectiva, es como que aparece alguien de tu familia, porque en Abuelas somos como una familia. Cuando yo me acerqué a la institución empecé a conocer. Entender que tenía que buscar un hermano y conocer nietos es “estoy viendo el otro lado de lo que vivió o podría haber vivido la persona que tengo que buscar”. Entonces, aprender de su experiencia, ver cuánto tiempo le tomó a cada uno, entender que cada historia es diferente, porque te encontrás con miles de historias. Hay algunos factores en común, claro que está, pero cada uno tuvo su recorrido, su tiempo de aclimatarse a esta nueva realidad. A algunos los golpeó como un mazazo y dieron vuelta 180 grados, otros tuvieron un proceso largo. Eso también uno lo va preparando, sabiendo que hay todo un abanico de posibilidades cuando llega ese encuentro.

Traspaso generacional
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–Hay un pensamiento incómodo. Dentro de no mucho tiempo más, ya no va a haber ni Abuelas ni Madres vivas. Entonces, a las nuevas generaciones les va a quedar un poco más lejana todavía esta búsqueda. ¿Cómo sienten ustedes ese traspaso generacional?
–Miguel: Yo entiendo que las Abuelas, al tener un objetivo concreto y hasta diría cuantificado de encontrar a todos los nietos que faltan, ese cambio generacional se da, digamos, de una forma más natural, más espontánea. Hay tarea. Entonces, al haber tarea hay que organizarla para ver cómo se resuelve. Pero, al mismo tiempo, yo que estoy trabajando en un espacio de memoria, con colegios, que voy a dar charlas, trato siempre de mirarles la cara a los pibes cuando les hablo, de entender si alguno está prestando atención de alguna manera a la cuestión. Para mí es fundamental que esto no sea como la transmisión de una historia pasada, sino que le signifique algo para su propio día a día, que entiendan que lo que yo les estoy contando no es un cuento. Más allá que es una historia, no es algo que pasó, cerró y listo.
–Es importante involucrar a las nuevas generaciones.
–Miguel: Necesitamos seguir sosteniendo, son valores de la sociedad. Yo les digo a los chicos: “Ustedes pueden entender que, por ejemplo, la apropiación de niños pasó en muchos lugares del mundo, en distintas épocas históricas, pero la Argentina es el único lugar en el mundo donde esa apropiación se pudo revertir y las familias pudieron recuperarlo. ¿Se pusieron a pensar en eso?”. Somos un ejemplo para el resto del mundo porque somos los primeros que logramos hacer eso, gracias a las Abuelas. Pero todavía falta mucho. Y aparte les cuento: “¿Creen que es algo que a ustedes no les afecta? Mis sobrinos tienen la edad de ustedes, hace tres años tenían otro apellido y no me conocían, no tenían ni idea de quiénes eran. Les puede afectar a ustedes, a un compañerito, a cualquiera de su edad también”. Entonces los pibes empiezan ahí a conectar, empiezan a abrir los ojos de otra manera, porque uno logra darle una proyección, una cercanía. Cuando vos te das cuenta que en un grupo de 20, 25, hay 5 que te prestaron atención, que después se acercan, te comentan “yo le voy a comentar a mi mamá”, “yo conozco una amiga”, bueno, hay un traspaso.
–Esteban: Yo creo que tenemos que apelar a la juventud de ahora, hacerle entender que incluso hoy estamos viviendo momentos más duros a los previos a la dictadura. La previa de la dictadura de los 70 y de tantas dictaduras que hubo en la Argentina fueron acompañadas de un espíritu, de una época, de algo que se estaba viviendo y había una efervescencia para contrarrestar eso. Creo que hoy tenemos que lograr que esa efervescencia sea más caudalosa que toda la catarata de información falsa que te están tirando. Me parece que tenemos que seguir con esta tarea.

–Que le llegue la duda por la identidad a la generación anterior a través de sus hijos.
–Miguel: No sólo pasa eso, sino que pasan cosas muy fuertes. Mi hermano, cada vez que voy con él a dar una charla, nos pasa siempre que la gente se identifica con él desde distintos lugares. Cuando él cuenta la identidad o cómo él enfrentó esa duda existencial sobre su identidad, después empieza a haber gente que está en su propio conflicto, en su propia búsqueda, que puede ser una identidad de género o una identidad perdida. La otra vez que terminamos la charla se acerca una madre con el hijo y nos dice: “quería agradecer, porque hoy vine la charla con mi hijo, que es adoptado, para que entienda la diferencia entre una adopción con amor y una apropiación; para que de alguna manera tenga elementos para darse cuenta que si bien no soy su madre biológica, elegí tenerlo y le dije la verdad, no le estuve mintiendo”. Uno también se empieza a relacionar desde distintos lugares, y esas cosas valen un montón, porque esa persona que no se siente escuchada, que no sabe cómo decir lo que le pasa a los otros, porque no quiere ser discriminado, de repente escuchó a una persona valiente que enfrentó esa cosa en la vida y dice “bueno, es un ejemplo a seguir”.
–También podría suceder que entre el público haya un familiar que ustedes no conocen.
–Miguel: No necesariamente uno cuando da una charla cree o espera que esté uno de nuestros parientes, familiares o el hermano de uno de nuestros hermanos de búsqueda. El que está del otro lado tiene su propia subjetividad y eso le puede servir, porque son cosas que habitualmente no se enfrentan, no se dicen y que tienen un montón de niveles. Bueno, uno siempre cree que puede hacer el bien sin necesariamente encontrar a un hermano. Ahora, para mí encontrar a Dani fue algo totalmente imprevisto, un antes y un después muy fuerte. Ese abrazo para mí fue un montón y por eso mismo, porque estuve del otro lado, yo los veo a ellos, los hermanos que buscan, a un montón de gente que hace 20 años que conozco y que seguimos buscando juntos. Ellos merecen estar ahí, ellos tienen que estar ahí, porque es el lugar que nos corresponde a todos los que emprendimos este camino: llegar a la meta.
–Esteban: A ese abrazo tan esperado.
–Miguel: Sí, por eso seguimos hasta encontrar al último, porque es un compromiso de todos.
–Esteban: Uno que lo conocía desde la militancia, desde la amistad que surgió, ver la luz que creció en el Tano cuando lo encontró a Dani fue revitalizador. Es una renovación de esperanza. Solo por eso yo sé que estoy más cerca.
–Miguel: Igual es re fuerte, yo quedé afónico durante 4 meses más o menos. Yo quería contestarle a todo el mundo, dar todas las notas, pero cada vez podía hablar menos. “Ahora que tengo algo para decir, no puedo hablar”. Pero se nota en el cuerpo, toda esa energía, esas emociones.

Oesterheld y la generación soñadora
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–Más allá de estos tiempos de negacionismo, con las especulaciones que hay de que se podría indultar a los genocidas, las semillas que sembraron las Abuelas aparecen en distintos lugares. Por ejemplo, con el boom que hubo con El Eternauta y la pregunta por los nietos de Oesterheld. Hay algo de la vitalidad de esta lucha que está en un sustrato de la sociedad más allá de las circunstancias políticas. ¿Qué piensan ustedes?
–Esteban: Mientras se hable y el tema está presente en los medios, las consultas que llegan a Abuelas suben un montón. El pico que tuvimos cuando fue el boom de El Eternauta era equivalente más o menos a cada vez que había una pauta estatal de difusión de algún mensaje de Abuelas. Cuando en los medios públicos, en las radios, en los canales de televisión salían los spots de Abuelas, llegaban la misma cantidad de consultas. Después vino esta sequía al no comprometerse el Estado a hacer visible esta búsqueda, esta necesidad de exposición, que es lo que mantiene la afluencia de las consultas. Entonces, cada vez que hay una restitución nueva se disparan picos de consulta. Cuando hay un tema en los medios, como fue El Eternauta, se disparan las consultas. Eso antes lo vivíamos institucionalmente como algo que se daba por hecho que iba a llegar, porque había un acompañamiento del Estado. Hoy quizás no es así, pero dependemos de las campañas, que por ahí son espontáneas, de repente. Por ejemplo, cuando fue el 2×1, masivamente sí hay una cierta respuesta todavía que está lista ahí para acompañar. Ante esta situación tan dura se recrudece la necesidad de salir a mostrar que lo opuesto, los ideales, todavía están presentes, todavía valen la pena. Quisiera que se multipliquen cada vez más masivamente estas respuestas de la sociedad.
–Miguel: Yo creo que en un subconsciente colectivo las Abuelas, las Madres, esa generación ya dejó una marca permanente, identitaria. Los pañuelos, por ejemplo, que se resignifican: ahora está el pañuelo verde, el pañuelo violeta… y el pañuelo son las Madres, las Abuelas. El pañuelo es esa generación que de alguna manera se va retransmitiendo y que va resignificándose. Nosotros bastante más conscientemente, desde el grupo de difusión, tenemos esa idea de que hay que resignificar nuestra propia lucha, nuestra propia historia. Eso de sembrar memoria y que cada árbol represente un reclamo vivo, algo que la gente pueda sostener, entender, que tenga el nombre no sólo de un desaparecido: que tenga el de una víctima de femicidio, el de una víctima de violencia institucional, que la gente pueda ver en eso una resignificación de esas ideas. Pero, al mismo tiempo, yo siento que el paso del tiempo es terrible. Uno ya se da cuenta que no hay más Abuelas o Madres que puedan tener una presencia como hace pocos años sí pasaba. Entonces, uno ya sabe que tenemos esa responsabilidad de dar el paso al frente y ser nosotros ese sostén, pero somos una generación distinta. Ahí está el problema: qué representamos o qué es el mensaje de las Abuelas, sobre todo en un contexto donde todo está cambiando el significado.
–Las generaciones nacidas en democracia tienen una perspectiva distinta.
–Miguel: Yo pienso mucho en los 40 años de la democracia, el período más largo de esta democracia y, sin embargo, la democracia está implosionando. Ya en el 2001 estábamos en una crisis de representatividad que era terrible: que se vayan todos, que se vayan todos. Hoy el mismo “que se vayan todos” pasó a ser “que se mueran todos”. Los mismos diputados que te tienen que representar, que fueron elegidos en una campaña diciendo tal cosa, la primera vez que pueden votar hacen exactamente lo contrario. Eso es un límite, un límite de representatividad. Uno ya no puede creer en nadie ni en nada. Y lo mismo pasa con un montón de otros agentes que te representan. Los sindicatos, los representantes de los trabajadores, están negociando por su cuenta. Todas esas relaciones que se rompieron ponen en serio riesgo la democracia, porque si uno no se siente representado, si uno no se siente parte, no tiene sentido. Soy consciente de que el discurso se renovó, que las situaciones se renovaron, que lo que era en el ’83 no es en el 2025.
–Ni hablar de los horizontes sociales con los que soñaban sus viejos y sus viejas.
–Miguel: Esa generación fue una de las mejores generaciones que tuvo la Argentina. Lo demostraron los ex detenidos después sosteniendo los procesos de Memoria, Verdad y Justicia, lo demuestran hoy los jubilados con 75 años yendo al Congreso. Esa generación era… no fue casualidad lo que pasó en ese momento. ¿Cuándo los vamos a terminar de reivindicar? ¿Cuándo vamos a terminar de darle ese peso histórico? Los que realmente todavía no fueron reivindicados como lo que son, son los treinta mil, porque para gran parte de la sociedad siguen siendo víctimas y, en realidad, fue la última generación feliz que tuvo la posibilidad, la energía, el sueño de cambiar esta sociedad. Hoy en día nosotros no podemos soñar con eso, no tenemos de dónde agarrarnos para soñar con eso.

–¿Algo para agregar?
–Miguel: En Abuelas estamos con muchas actividades, este año lanzamos una campaña. Como antes era “Sembramos memoria”, hoy es “Florecerán pañuelos”. Hay que resignificarlos, hay que darles sentido y también tratar de entender que hay que sostener Abuelas con lo que se pueda: comprar una remera, hacer un aporte, una donación. Porque hoy en día somos autogestionados, básicamente. Tenemos que darle continuidad a esta lucha. Es importante seguir apoyando, aunque sea con un poquito, aunque sea con un gesto. Lo simbólico es muchísimo si es colectivo, si es multitudinario. Por suerte siempre contamos con el soporte, la ayuda, sino no estaríamos donde estamos, ni hubiéramos encontrado 140 nietos. Pero ahora es un momento particularmente importante para nosotros.
–Esteban: Más allá del voluntarismo, del compromiso de quienes formamos parte de Abuelas, tenemos muchos compañeros que su día a día depende del trabajo que hacen en Abuelas para poder desarrollar sus propias vidas. No podemos dejar tampoco que esas personas que tienen años de experiencia y compromiso ahora se nos caigan, entonces sí necesitamos que Abuelas reciba ese amor que la sociedad le tiene, que le pueda llegar. Hoy por hoy es una parte económica lo que va a sostener la búsqueda. El principal objetivo de las Abuelas fue la búsqueda y para que esa búsqueda se pueda seguir sosteniendo, tenemos que seguir trabajando, y para eso necesitamos de la sociedad. Y no solamente viene el mangueo económico, sino también el mangueo de información. Aquél que pueda aportar un dato, que tiene algún vecino, que sabe que esa persona no vino de una panza que había crecido durante meses, sino que apareció de un día para el otro, que no se quede con la sospecha de que fue adoptado legalmente: que aporte esa información a Abuelas y que acerque esa información que puede ser el hilo del cual empezar a tirar para desanudar toda esta historia, y que ojalá termine en una restitución. Entonces, por favor, el compromiso de la sociedad, que nos acompañe, que nos siga acompañando, porque mientras está en duda la identidad de uno, está en duda la identidad de todos.

Si naciste entre 1975 y 1983 y tenés dudas sobre tu identidad, acercate a Abuelas: www.abuelas.org.ar.
::: Mariano Pagnucco para Revista Citrica / Fotos: Rodrigo Ruiz:::
