martes, octubre 6

DOCENTES DE VARELA, AL LÍMITE: SUELDOS QUE NO ALCANZAN, ESCUELAS EN MALAS CONDICIONES Y MÁS PRESIÓN PARA ENSEÑAR

Con sueldos que no alcanzan a cubrir la mitad de la canasta familiar, aulas sin vidrios ni estufas y una creciente tensión en las puertas de las escuelas, las y los docentes del conurbano bonaerense le ponen el cuerpo a una crisis sin pausa. El testimonio de Daniela Gorocito, educadora de Florencio Varela, desentraña la trama de una cotidianeidad atravesada por la pluriempleabilidad, la burocracia sindical, el recorte alimentario y la resistencia que brota desde abajo.

En el mapa cotidiano de Florencio Varela, la docencia dejó de ser una profesión de turno único para convertirse en una carrera de resistencia contra la inflación y la precariedad. Para sostener un hogar, la jornada escolar se multiplica, se fragmenta y se extiende hacia rubros ajenos a la pedagogía. La ecuación matemática es brutal y no deja margen para el descanso.

«Necesitan trabajar entre dos y tres cargos, incluso fuera de la escuela en diversos rubros (ventas), changas, etc. Por ejemplo: un preceptor que recién inicia tiene un sueldo básico de $794.000 y la canasta básica es de $1.700.000», detalla Daniela Gorocito con la precisión de quien habita esa planilla salarial mes a mes.

A la brecha estructural entre los ingresos y la subsistencia se le suman las irregularidades administrativas que golpean de manera directa a los trabajadores de la educación en las barriadas vulnerables. «Ha habido casos deliberados, arbitrarios, de descuentos por inasistencias no ocurridas. Además en el programa FINES hay docentes a quienes les informaron que no van a cobrar el mes de septiembre», denuncia Gorocito, exponiendo cómo la incertidumbre financiera se instala en los comedores y en las salas de profesores del distrito.


Vidrios rotos, estufas apagadas y la censura en el megáfono

Grupo de whatsapp de padres de la escuela 38

Enseñar en el conurbano profundo implica habitar edificios donde la infraestructura es una urgencia congelada. El invierno se combate con abrigo amontonado y el verano con ventiladores que no giran. Las paredes de las escuelas primarias y secundarias reflejan el abandono estatal que se arrastra desde hace años y que hoy se agudiza.

«En muchas escuelas las condiciones son precarias. Sin calefacción, sin vidrios en las ventanas o falta de agua. Por ejemplo, la primaria 3, primaria 38, etc.», relata la docente. La precariedad no es solo un déficit de materiales: es también la clausura del reclamo cuando la comunidad educativa intenta visibilizar sus carencias. «Por otro lado, en el caso de la secundaria 20, una compañera fue censurada cuando quiso denunciar en la concentración del Frente de Unidad Docente del 1 de octubre».

La crisis edilicia corre en paralelo al deterioro del plato de comida que llega a los alumnos. El Servicio Alimentario Escolar (SAE) y las políticas de contención sufrieron mermas invisibles para la estadística oficial, pero inocultables en las aulas. «El servicio alimentario es precario en cantidad y calidad. No cubre las necesidades nutricionales. Este año hubo un ajuste considerable en el Plan Mesas que consistía en un bolsón de productos no perecederos entregados a las familias. La promesa era que iba a tener un incremento o refuerzo en el SAE, lo cual no se vio reflejado en las escuelas».


La contención que desborda al guardapolvo

Frente a la desocupación y la miseria en los barrios, la escuela suele funcionar como el último refugio estatal en pie. Sin embargo, los docentes advierten que el rol pedagógico se ve desbordado por demandas sociales que exceden sus herramientas cotidianas, mientras falta el personal especializado para abordar situaciones complejas.

«Sobre la contención social, los docentes hacemos un esfuerzo pero no es la función del docente ni de la escuela. Las escuelas requieren más personal de EOE (Equipo de Orientación Escolar) y otros. En este contexto de miseria social y desocupación que viene de arrastre con gobiernos anteriores y se ha agravado con Milei», reflexiona Gorocito.

Desde esa mirada territorial, el análisis político no se limita al ámbito nacional, sino que interpela directamente la gestión provincial y sus prioridades económicas. «Consideramos que es necesaria una lucha común para echar a Milei con la huelga general pero también combatir el ajuste de Kicillof que ajusta a los trabajadores y se pone del lado de las patronales como en el caso del cierre de FATE. Kicillof no ha sancionado un proyecto de ley de reapertura presentado por los trabajadores del neumático. Lo mismo sucede con los salarios docentes y estatales en la provincia».


Un crisol de colores contra la tregua sindical

Frente al deterioro de las condiciones de vida, la respuesta del colectivo docente se manifests en las calles y en los paros, abriendo una grieta profunda entre las bases y las cúpulas gremiales. La tensión entre la conducción tradicional de SUTEBA y los sectores opositores marca el pulso de las escuelas de Florencio Varela.

«La disconformidad se manifiesta en el cumplimiento importante de los paros Multicolor. Además, en septiembre el gobierno provincial dejó plantados a los paritarios docentes y los dirigentes sindicales la dejaron pasar. No así la Multicolor en Suteba que convoca a medidas de lucha. Es más, el paro Multicolor del 1 de octubre obligó a la conducción provincial a parar cuando esto no estaba en sus planes», explica la dirigente docente.

La falta de espacios democráticos de debate en los establecimientos educativos acentúa la distancia con la dirigencia gremial alineada con el ejecutivo provincial. «No existe por parte de la burocracia celeste de SUTEBA hacer asambleas de escuela. Sí, por parte de las seccionales multicolor que obtienen mandatos de las mismas para sus planes de lucha».

La masividad de las medidas de fuerza, según Daniela Gorocito, no es casualidad sino el síntoma de un agotamiento acumulado: «Los últimos paros han sido masivos como resultado del hartazgo por los bajos salarios, agobio por la flexibilidad laboral impuesta por el gobierno en acuerdo con las direcciones sindicales del Fudb, amigas de Kicillof e integrantes de su agrupamiento Derecho al Futuro. La multicolor se impone a esta política. Sostiene la independencia política del estado y los gobiernos de turno».


Amedrentamientos, pasillos y el espejo de las familias

El ejercicio del derecho a huelga en las escuelas del municipio se enfrenta cotidianamente a presiones e intimaciones que buscan frenar la protesta social. A pesar de los marcos legales vigentes, las notificaciones y los amedrentamientos forman parte del paisaje institucional cuando se convocan medidas de fuerza.

«Sí, hubo amenazas de directivos, inspectores y dirigentes sindicales, amenazando con falta injustificada, descuentos, etc., violando el Derecho constitucional de huelga y un fallo del tribunal laboral 5 de La Plata», denuncia Gorocito. La solidaridad en las escuelas no surge de las cúpulas, sino de las alianzas cotidianas entre trabajadores de la educación y auxiliares: «Cuando hay coordinación, ocurre por abajo. Las direcciones de ATE y el Fudb no coordinan porque están de acuerdo con el ajuste de Kicillof».

En la puerta del colegio, donde se cruzan las carencias del barrio y la frustración social, la relación con las familias adquiere matices complejos. Si bien existe acompañamiento, el clima general de hostilidad discursiva termina repercutiendo en el aula.

«Hay padres que comprenden. Pero también es inocultable que han ocurrido casos de violencia contra docentes realizados por padres contra docentes. Y hay que agregar que son el gobierno nacional y provincial, los que lo han estimulado en sus discursos y pagando salarios miserables o agobiando a los docentes con múltiples obligaciones que exceden la de enseñar», concluye Daniela Gorocito, sintetizando el drama de quienes diariamente sostienen la educación pública en Florencio Varela.

FOTO PORTADA, IMAGEN DE ARCHIVO

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