martes, noviembre 3

Cuando la lluvia habla en el conurbano: El Niño, la ciencia del barrio y el derecho a no ahogarnos

El fenómeno de El Niño amenaza con intensificar las lluvias y agravar los anegamientos en Florencio Varela. En una entrevista con El Vespertino, la concejala y especialista en derecho ambiental Beatriz Domingorena explicó cómo la saturación de las napas, las características del suelo y la infraestructura hídrica condicionan la respuesta del distrito ante eventos extremos. ¿Está Varela preparada para enfrentar lo que viene?

Lunes 2 de noviembre. Afuera, la noche varelense está pesada. Es ese calor denso, pegajoso y cargado de electricidad estática que en el conurbano conocemos de memoria: el aviso biológico e inconfundible de que mañana va a llover. En mi pantalla, puntual a las ocho de la noche, se enciende la cámara de Beatriz Domingorena. La hora no es una arbitrariedad de agenda política; es el único margen que dejan la maternidad, el trabajo y las obligaciones diarias que atraviesan la vida de las mujeres en nuestro distrito.

Concejala Beatriz Domingorena

Betty es concejala del oficialismo local, del peronismo. Hay un rasgo en Domingorena que la hacen parte de un grupo reducido de funcionarios varelenses: no le escapa a los micrófonos ni a las preguntas incómodas de la prensa no oficialista. Abogada ambientalista, Magíster por la Universidad Nacional de Quilmes, docente de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), hija de un carnicero y un ama de casa de barrio, mamá todo terreno, acepta el diálogo sin condicionamiento alguno.

—Gracias por este rato, Betty —le digo ajustando el volumen mientras los perros y el piberío de barrio se escuchan de fondo. Ambas sabemos que mañana se viene el agua. Porque el clima no pide turno ni entiende de internas políticas. Por eso hay que hablar con fundamentos y con datos.

Para entender lo que se nos viene a los vecinos de Florencio Varela, hace falta mirar mucho más lejos de las zanjas de nuestros barrios. Hay que viajar once mil kilómetros hacia el oeste, hasta el corazón del Océano Pacífico Ecuatorial. Allí ocurre un mecanismo planetario que se debe, como les gusta a los docentes decir «poner en común».

En condiciones normales, la atmósfera funciona gracias a los llamados vientos alisios: soplos constantes que empujan las aguas cálidas de la superficie del mar desde América del Sur hacia Asia y Oceanía. Al desplazarse esa masa caliente hacia el oeste, en las costas sudamericanas aflora agua fría desde las profundidades del océano, manteniendo el clima en equilibrio. Pero durante el fenómeno de El Niño, esos vientos se debilitan o se frenan. Al perder su fuerza, la gigantesca piscina de agua caliente del Pacífico asiático se derrama de regreso hacia nuestras costas sudamericanas.

Los números que maneja Meteo Varela lo demuestran con precisión técnica: la temperatura superficial del océano en el Pacífico pasó de los 28 °C históricos de equilibrio a más de 29,5 °C, registrando anomalías térmicas de más de +2,1 °C por encima de lo normal. ¿Qué significa esto para doña Rosa o para cualquier vecino que sale a tomar el colectivo a las seis de la mañana? Que un mar más caliente evapora volúmenes descomunales de agua hacia la atmósfera. Esos «ríos invisibles» de humedad son transportados por la circulación del aire directamente hacia el centro y noreste de la Argentina, alimentando tormentas de una violencia inusual.

Como si a su pequeña le estuviera contando un cuento, Betty explica que los pescadores peruanos del siglo XIX fueron los primeros en notar este calentamiento oceánico, que siempre alcanzaba su punto máximo cerca de la Festividad de la Natividad, y por eso lo bautizaron como «El Niño», en referencia al Niño Jesús… Hoy, la ciencia confirma que atravesamos uno de los ciclos más intensos registrados en las últimas décadas.


La física del suelo: por qué el agua nos acorrala en Varela

Con la birome en la mano, lista para anotar, a través de la pantalla le planteo a Domingorena una inquietud central para cualquier habitante del partido: ¿cuál es la verdadera trama que hace que en Florencio Varela el agua nos acorrale tan rápido frente a un evento extremo?

Betty no elude la pregunta ni apela a respuestas de compromiso. Analiza la situación integrando la mirada técnica y la realidad social de nuestro municipio:

—Es una pregunta fundamental —responde ella— Para entender por qué nos anegamos, primero hay que desarmar lo que la ciencia llama la Ecuación del Riesgo: Riesgo=Amenaza x Vulnerabilidad… La amenaza es el clima, el fenómeno natural incontrolable: la masa de agua que cae del cielo debido a las anomalías atmosféricas. Frente a eso, los seres humanos no podemos cerrar la canilla de las nubes. Pero la vulnerabilidad sí es nuestra responsabilidad: tiene que ver con cómo nos encuentra parados esa lluvia en el territorio. Tiene que ver con las obras hídricas, con el nivel de las napas y con cómo la sociedad se organiza.

Para desentrañar esa vulnerabilidad del suelo varelense, hay que recurrir a la geografía profunda de nuestro subsuelo. Los estudios hidrogeológicos del Centro de Geología Aplicada (CEIDE) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y de la Facultad de Ingeniería de la UNLP —desarrollados por los investigadores Joaquín Gil, María Marta Trovatto, Mónica Salvioli, Nilda González y Mario Hernández— demuestran que Florencio Varela se asienta sobre capas geológicas de características complejas.

En los primeros 17 a 36 metros de profundidad nos encontramos con los Sedimentos Pampeanos: mantos de arcillas limosas y limos loessoides. Por debajo se ubica la Formación Puelches (las Arenas Puelches), un paquete de arenas de entre 9 y 28 metros de espesor que alberga al principal acuífero de abastecimiento de agua dulce de la región.

¿Qué sucede cuando las lluvias por encima de lo normal se sostienen durante semanas? Pongámoslo en una imagen cotidiana: el suelo funciona igual que una esponja de cocina. Si la esponja está seca, absorbe los primeros chorros de agua sin problemas. Pero cuando la esponja se satura completamente, cada gota adicional que cae resbala por la superficie. En Varela, las recargas intensas provocadas por los excesos de lluvia elevan el nivel del acuífero freático somero hasta rozar la superficie. Con el suelo saturado de agua y sin capacidad de absorción, los 190 kilómetros cuadrados de nuestro municipio —atravesados por las cuencas de los arroyos Las Piedras, San Juan, Jiménez, Conchitas y Baldovinos— se convierten en un escenario donde el agua no tiene hacia dónde drenar naturalmente.


Monitoreo local vs. desfinanciamiento nacional: las cartas sobre la mesa

En las previsiones difundidas por el equipo de Meteo Varela, las proyecciones indican excedentarios de +50 milímetros mensuales por encima de la media histórica (que roza los 1.049 mm anuales) y acumulados de +100 mm trimestrales durante el periodo de mayor impacto del fenómeno.

Entonces, en medio de la charla nocturna, le pregunto a la concejala cómo se prepara la estructura municipal para contener esta masa líquida en un escenario económico sumamente complejo.

—Florencio Varela tiene hoy una ventaja técnica que construyó con mucho esfuerzo —destaca Domingorena—contamos con una red propia de estaciones meteorológicas ubicadas estratégicamente en las cuencas de los arroyos Las Piedras, San Juan y en puntos neurálgicos como La Capilla y la sede municipal. Pasamos de los viejos pluviómetros manuales a sensores digitales de medición continua que transmiten datos en tiempo real. Eso nos convierte en uno de los distritos bonaerenses con mayor capacidad de monitoreo propio, articulado con la Autoridad del Agua (ADA) y con la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ).

Sin embargo, el cruce de miradas periodísticas obliga a poner sobre la mesa la realidad presupuestaria y las contradicciones entre jurisdicciones.

—No se puede ocultar lo que pasa a nivel federal. —argumenta Betty con firmeza—Asistimos a un preocupante desfinanciamiento y achique de organismos clave como el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), sumado a la paralización de fondos multilaterales (como los créditos del Banco Interamericano de Desarrollo – BID) destinados a obras de infraestructura hidráulica. Se recortó personal técnico y meteorólogos bajo el argumento erróneo de que la tecnología sustituye el saber humano. Medir el clima no es un gasto ideológico; es la primera línea de defensa de la vida y los bienes de nuestros vecinos.

Desde El Vespertino hemos sido críticos del ritmo y alcance de las obras hidráulicas locales. Pero la advertencia sobre el retiro del Estado nacional en materia de infraestructura y alertas meteorológicas es un dato fáctico que afecta directamente la seguridad del conurbano, decisión gubernamental que repudiamos.


La resiliencia comunitaria como garantía de futuro

La noche avanza y en el aire se huele lo que la meteorología anunciaba. La charla con Beatriz Domingorena entra en su tramo final con una reflexión compartida sobre lo que podemos y debemos hacer en cada manzana de Florencio Varela.

—Frente al evento climático, la infraestructura pública es indispensable, pero la organización social es lo que salva vidas —sostiene la concejala y agrega— La prevención no se hace el día que se desborda el arroyo; se construye todos los días en la comunidad.

El decálogo de acción comunitaria y prevención que surge del trabajo hídrico y de la conversación entre vecinas se sintetiza en puntos clave:

  1. No arrojar residuos en la vía pública ni en las zanjas: Los Plásticos PET, restos de poda y desperdicios bloquean los sumideros y arroyos, reduciendo drásticamente la velocidad de escurrimiento del agua.
  2. Consultar canales oficiales: Informarse a través de los datos de Meteo Varela y los reportes de la red hídrica local, evitando la difusión de rumores o alertas falsas en redes sociales.
  3. Asegurar techos y chapas: Prever vientos fuertes y ráfagas que suelen acompañar a las tormentas convectivas asociadas a El Niño.
  4. Solidaridad e inspección barrial: Mantener limpios los frentes de las viviendas, identificar a los adultos mayores o familias más vulnerables de la cuadra y coordinar vías de asistencia rápida con los centros de fomento y bomberos locales.

—No hay salidas individuales —concluye Beatriz Domingorena antes de despedirse de la videollamada y confirma— Podremos tener diferencias políticas o de gestión, pero cuando el Pacífico se calienta y las nubes cargan sobre Varela, lo único que nos sostiene es la presencia de un Estado responsable y la solidaridad entre vecinos.

Agradeciendo por dentro que Edesur y Telecentro no hayan fallado, me aseguro de que todo se haya grabado. Nos saludamos por la cámara y apago la pantalla. Afuera aun no cae la primera gota pero no ha de tardar. El fenómeno de El Niño ya está aquí, pero la información precisa, el rigor científico y la conciencia comunitaria son nuestras mejores herramientas para habitar y proteger nuestro territorio.

Porque ante la furia del clima, que no podemos detener, la comunidad organizada es el único cauce que siempre nos devuelve a casa.

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