Detrás del arpa láser desarrollada en la Escuela Técnica Nº1 de Florencio Varela no solo hay sensores y tecnología. Hay un hogar de cinco integrantes, viandas para la tarde y una familia que sostiene el aprendizaje en la educación pública. Crónica de un logro colectivo donde la innovación dialoga con el reconocimiento y la gratitud.
Las 2:40 de la mañana
El silencio de la madrugada en el barrio Villa Hudson se interrumpió cuando el circuito respondió por primera vez. Eran exactamente las 2:40 de la mañana. En la casa, entre la tensión propia de un proyecto técnico que no siempre avanzaba como se esperaba, tres rostros compartieron una misma sonrisa: Dennis Carlo Sahuanay Bernabe, su hermano Kevin y su mamá Karin.
«El momento que por primera vez sonaron las notas como queríamos, eran las 2 y 40 de la madrugada. Estábamos con mi hermano Kevin y mi Mamá; ellos fueron los primeros en sonreír conmigo y ver que por fin se logró», recuerda sobre aquella jornada decisiva en la que el prototipo de arpa láser dejó atrás las incertidumbres y emitió su primer sonido limpio.
El camino hasta esa noche no fue sencillo. El proceso de desarrollo atravesó etapas de dudas en las que el proyecto no funcionaba como estaba previsto y no quedaba claro cómo continuar. En esos momentos, el sostén principal provino del ámbito familiar, tanto en la contención económica como en la comprensión técnica: «Siempre conté con el apoyo de mi familia, ya sea tema económico, o de cómo funcionan las cosas, principalmente a mi hermano mayor que es quien me ayudó bastante».
El viaje desde Villa Hudson y las aulas de la Técnica 1
En el hogar de Villa Hudson conviven cinco personas: su papá Carlos, su mamá Karin, y sus hermanos Kevin y Erik. Al finalizar sexto grado de la escuela primaria, la elección de la escuela secundaria se orientó a partir de las visitas guiadas para conocer las escuelas técnicas por dentro. La Escuela Técnica Nº1 (E.T. Nº1) generó un impacto determinante.
«Cuando terminé 6to de primaria, no tenía muy claro qué elegir, pero siempre hicimos como visitas a las técnicas para ver cómo eran adentro. Entonces cuando visité la Técnica 1, me pareció enorme y lleno de posibilidades, y teniendo en cuenta a mis hermanos mayores que ya estaban ahí, entonces me mandé confiado y sabiendo que en ese lugar voy a poder desarrollarme personalmente y profesionalmente», explica.
El ingreso a la educación técnica requirió reorganizar la rutina diaria. El recorrido desde Villa Hudson hasta las aulas y talleres de la E.T. Nº1 implica un trayecto extenso, un «viajecito» cotidiano que demanda constancia. Sin embargo, en el transporte y en la rutina diaria, la motivación se impone sobre el cansancio:
«Es verdad que es un viajecito, pero sé muy bien lo mucho que mis viejos se esfuerzan para que tenga saldo en la SUBE, tenga una vianda para la tarde, etc., entonces qué excusa tengo para bajonearme; más bien me voy con más ganas, siempre con ganas de aprender y de pasarla bien con compañeros y compañeras».
Ese esfuerzo del hogar se entrelaza con el trabajo cotidiano en el colegio, donde el compromiso docente busca acompañar los proyectos de los estudiantes. «Es verdad que el esfuerzo de los profesores para incentivarnos y ayudarnos con tema de componentes y demás es grande, pero somos muchos alumnos los que tienen ideas y quieren mostrarlas, y a veces no alcanza. Puedo decir que gracias a Dios tengo unos viejos que se esfuerzan cada día por mí y mis hermanos. Confían en que yo puedo lograr lo que quiera, y yo confío en ellos».

La tranquilidad en Ricardo Rojas
Cuando el arpa láser fue presentada en la muestra escolar realizada en Ricardo Rojas, la experiencia técnica se convirtió en un momento de encuentro familiar. Ver a sus padres y hermanos presentes junto al dispositivo fue el pilar de la jornada de exposición.
«Sentí tranquilidad, felicidad y emoción de poder tenerlos a mi lado. Me hicieron explicar con una sonrisa a toda persona que pasara», rememora sobre aquel día en que el trabajo realizado en la escuela pública se exhibió ante la comunidad.
Ante la mirada de los visitantes de la muestra, la reflexión no se detiene en el logro individual, sino en el reconocimiento al acompañamiento brindado por su familia en cada etapa:
«Simplemente agradecerles bastante, decirles que me llevaron por buen camino siempre, que criaron a un chico que puede aprender y madurar gracias a ellos; agradecerles que siempre estuvieron a mi lado, a pesar de ser inestable a veces, ellos me hicieron saber que puedo contar con ellos, mi familia».
«Razón de vivir» y la última nota
Sin dominar la ejecución formal de instrumentos musicales, el estudiante elige una obra particular para sintetizar el sentido del camino recorrido: «Razón de vivir», de Mercedes Sosa. La dedicatoria busca poner en palabras el valor del trabajo diario que posibilitó sus estudios:
«Un tema que me gustaría dedicarles es Razón de vivir de Mercedes Sosa, no solo a mis viejos que siempre están para mí, sino también a mis hermanos y hermana, en mostrarme el camino de la vida, que el sacrificio siempre es necesario para conseguir lo que uno quiere».
Entre la cotidianeidad de Villa Hudson, los talleres de la E.T. Nº1 y la experiencia de la muestra, el desarrollo del arpa láser deja asentada una convicción personal. Al pensar en el significado de la nota final de su proyecto, concluye con la promesa trazada para su futuro:
«La verdad me hice varias promesas, pero una la cual estoy seguro que voy a conseguir es seguir adelante, nunca bajonearme y bajar los brazos, sin importar qué camino me espere, tengo que triunfar. Y esa última nota sonaría de una manera que exprese sueños, fe, y muchísimas ganas de salir adelante».
