miércoles, enero 7

Agua: el reclamo que se multiplica, el servicio que no llega y un derecho que sigue siendo violado

Cortes prolongados, baja presión, respuestas automáticas y vecinos que cargan baldes en pleno calor extremo. Reclamos provenientes de numerosos barrios del distrito exponen una crisis persistente en el suministro de agua potable que atraviesa localidades enteras y golpea con más fuerza a hogares con personas mayores, niñas, niños y personas con discapacidad. Por suerte, tras varios días en los que la temperatura alcanzó los 39 grados centígrados, este viernes Florencio Varela amaneció con unos 20 grados, llevando algo de alivio mientras el problema de fondo continúa.

Un mapa del reclamo que recorre todo el distrito

Desde Bosques hasta Villa San Luis, desde Zeballos hasta Ingeniero Allan, el verano volvió a instalar una escena conocida en Florencio Varela: canillas secas, tanques que no cargan y familias que reorganizan su vida cotidiana alrededor de la escasez de agua. Los comentarios y mensajes enviados por vecinas y vecinos a El Vespertino describen una situación que no aparece como un hecho aislado, sino como un patrón que se repite año tras año en distintas zonas del partido.

Bosques Norte, El Rocío, Villa Hudson, Las Margaritas y Nicolás Avellaneda concentran una gran cantidad de reclamos: allí se reportan desde varios días hasta semanas completas sin suministro, o con apenas “un hilo de agua” durante la madrugada. En numerosos casos, se señala que los cortes se profundizan durante las jornadas de temperaturas extremas, cuando la demanda aumenta y la presión de la red resulta insuficiente para abastecer los hogares.

En Villa San Luis, los barrios Sarmiento, El Alpino y sectores aledaños describen un escenario similar. Vecinas y vecinos hablan de semanas sin agua, de conexiones precarias y de una ausencia histórica de infraestructura que obliga a resolver la emergencia con medios improvisados. Ingeniero Allan y las distintas Carolinas tampoco escapan al problema: allí se repiten las menciones a cortes prolongados y visitas de personal que, según relatan, no derivan en soluciones concretas.

Zeballos, Villa Arias y Santa Marta aportan otro conjunto de testimonios que refuerzan la misma escena: agua solo de madrugada, baja presión durante el día y cortes totales que se extienden durante varios días. En San Juan Bautista —una de las localidades más pobladas del distrito— los reclamos atraviesan barrios como El Molino, Villa Angélica, López Romero, La Sirena, Santo Tomás y Monte Cudine.

Santa Rosa y Villa Brown también aparecen en el relevamiento, con denuncias que incluyen bombas fuera de funcionamiento, caños rotos y sectores donde el agua “no llega nunca”, aun cuando la facturación continúa de manera regular.


“Reclamo cerrado” y canillas vacías

Una constante en los mensajes es la referencia a los canales de atención. Varias personas describen llamados reiterados, reclamos que figuran como “solucionados” sin que el servicio se haya restablecido y respuestas que se limitan a informar supuestas tareas de mantenimiento con horarios que se extienden o se modifican sin explicaciones claras.

Algunos testimonios detallan reclamos realizados una y otra vez; otros señalan que directamente ya no se les asigna número de seguimiento. La percepción compartida es la de un sistema de atención que no da respuestas acordes a la magnitud del problema, en un contexto donde el agua potable no es un servicio accesorio, sino una condición mínima para la vida cotidiana.


Cuando la falta de agua profundiza desigualdades

Desde una perspectiva de derechos humanos, los relatos permiten identificar impactos diferenciados. Varias vecinas mencionan explícitamente la presencia de personas mayores, personas con discapacidad y niñas y niños en los hogares afectados. En algunos casos se describe a personas adultas mayores que viven solas y no pueden cargar cisternas o baldes; en otros, se habla de familias que deben reorganizar rutinas básicas de higiene y cuidado.

Estas situaciones no son anecdóticas. La falta de agua potable afecta de manera desproporcionada a quienes ya se encuentran en condiciones de mayor vulnerabilidad, profundizando desigualdades preexistentes y trasladando la carga del problema —buscar agua, almacenarla, administrarla— a las tareas de cuidado que, en muchos hogares, recaen mayoritariamente en mujeres.


Un problema estructural, no un episodio aislado

Varios mensajes coinciden en una idea central: “pasa todos los veranos”. La reiteración temporal del conflicto sugiere un problema estructural de infraestructura, mantenimiento o planificación, más que una contingencia puntual. Sin embargo, hasta el momento no hay información pública detallada que permita conocer el estado real de la red, las inversiones realizadas o las causas técnicas específicas de los cortes prolongados en cada zona.

Este medio no cuenta, al cierre de esta nota, con datos oficiales que expliquen de manera integral por qué barrios enteros del distrito permanecen días o semanas sin agua, ni con un cronograma verificable de obras o soluciones definitivas. Esa ausencia de información también forma parte del escenario que describen los vecinos.


El derecho al agua, en discusión

El acceso al agua potable es reconocido como un derecho humano esencial. No se trata solo de un servicio público, sino de una condición básica para la salud, la higiene y la dignidad. Cuando ese derecho se ve vulnerado de manera reiterada, y las respuestas institucionales resultan insuficientes o confusas, la pregunta deja de ser técnica y se vuelve social y política.

Los testimonios reunidos por El Vespertino no acusan delitos ni atribuyen responsabilidades penales: describen experiencias concretas, coincidentes y verificables, que merecen ser escuchadas y abordadas con seriedad. La extensión territorial del problema y su repetición histórica obligan a una discusión pública más profunda.


Un cierre que no debería repetirse

Mientras las temperaturas bajan momentáneamente y traen algo de alivio tras jornadas sofocantes, cientos de familias de Florencio Varela continúan esperando que el agua vuelva a salir con normalidad de sus canillas. No se trata de un pedido extraordinario, sino de la exigencia de un derecho básico.

Escuchar, informar con claridad y dar respuestas verificables no es solo una cuestión de gestión: es una obligación frente a una comunidad que, verano tras verano, vuelve a decir lo mismo. Y que ya no habla en voz baja.

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