La desigualdad en la Argentina no solo se refleja en los ingresos, la vivienda o la educación, también se mide en años de vida. En esta Argentina, envejecer es un privilegio que los barrios populares no conocen. Un estudio reciente del Centro de Investigación en Integración Socio Urbana (CISUR) sobre la mortalidad en los barrios populares encendió una alarma que no se puede ignorar: los habitantes de los barrios populares, villas y asentamientos mueren en promedio a los 60 años, once años antes que el resto de la población nacional, cuya edad promedio de fallecimiento es de 71 años.
En un país que experimenta un proceso de envejecimiento poblacional, los barrios populares parecen haberse quedado anclados en otra época. Las estadísticas son preocupantes:
- Edad promedio de fallecimiento: 71,6 años a nivel nacional vs. 60,6 en barrios populares.
- Mujeres: mueren en promedio a los 62 años en barrios populares, 12,3 años antes que el resto de las argentinas.
- Varones: fallecen a los 59,4 años, 9,5 años antes que el promedio nacional.
- Muertes en edad activa (15-64 años): 22,3% en la población general, pero un alarmante 47,7% en barrios populares.
- Mayores de 80 años: representan el 2,64% en el total país, pero apenas el 0,31% en villas y asentamientos.
En la Argentina, la mayoría de las muertes ocurre después de los 70 años. En cambio, en barrios populares los fallecimientos se concentran en edades más tempranas: El 25,3% de las muertes ocurren en menores de 50 años, mientras que a nivel nacional ese porcentaje es apenas del 10%. Entre los 40 y 49 años, los fallecimientos duplican a los del promedio nacional. “En los barrios populares, muere el doble de personas en plena edad activa que en la media nacional”, sentencia el informe.
“La pirámide poblacional de los barrios populares en la actualidad presenta una estructura similar a la que tenía la población total de la Argentina hace más de cien años (1914)”

De acuerdo con el estudio, la pirámide poblacional en estos barrios tiene una base ancha, lo que indica una alta concentración de niños y jóvenes. En los barrios populares, el 46% de la población tiene menos de 20 años , mientras que en el total del país, la población de 0 a 14 años representa el 22,07%. En contraste, la presencia de adultos mayores es significativamente menor. Por ejemplo, las personas de 65 a 79 años constituyen solo el 2,6% de la población de barrios populares, mientras que a nivel nacional este grupo representa el 9,14%.
Esta estructura demográfica contrasta fuertemente con la tendencia general de la población argentina, que experimenta un proceso de envejecimiento con una proporción creciente de personas mayores y una reducción de la población más joven. El informe destaca que esta diferencia en la composición de la población se debe en gran medida a las condiciones de alta vulnerabilidad sociourbana, como la falta de acceso a servicios básicos y la precariedad habitacional.
Eso significa un perfil demográfico joven, con alta presencia de niños y adolescentes, y una bajísima proporción de adultos mayores.
“La desigualdad en la composición demográfica y en la edad promedio de fallecimiento se explica por un entorno de alta vulnerabilidad, precariedad habitacional y falta de servicios básicos”.
Mientras la Argentina formal transita un proceso de envejecimiento y prolonga su expectativa de vida, los barrios populares siguen atados a la fragilidad. Allí, envejecer es casi un privilegio.

El índice de envejecimiento lo ilustra con claridad: En el total del país, hay 53 personas mayores de 65 años por cada 100 menores de 14. En barrios populares, apenas 8 mayores de 65 por cada 100 menores.
Es decir, mientras el país se acerca a estándares de longevidad globales, en las villas la vida se interrumpe mucho antes.
El estudio no se detiene en las cifras frías de la demografía, sino que describe con precisión las condiciones estructurales que deterioran la salud y reducen la expectativa de vida en villas y asentamientos. La falta de acceso a servicios básicos es una constante: en el 92% de los barrios, la mayoría de las familias no tiene acceso a agua potable segura, y más del 97% carece de red cloacal. A esto se suma la precariedad de las viviendas: el 66% de los hogares se conecta de forma informal a la electricidad, lo que representa un alto riesgo de incendios y electrocuciones. El hacinamiento, que afecta al 42,7% de las viviendas, y el uso de materiales precarios, presente en el 58% de las construcciones, terminan de configurar un panorama de alta vulnerabilidad que impacta directamente en la salud y la mortalidad de sus habitantes.
Además, muchos barrios están expuestos a riesgos ambientales: basurales a cielo abierto, industrias contaminantes, inundaciones recurrentes y autopistas que atraviesan las viviendas.
La conclusión es tan simple como contundente: la pobreza mata antes. No es una metáfora, es una realidad concreta y fehaciente de nuestra actualidad. La distancia de 11 años en la edad promedio de fallecimiento entre la Argentina formal y los barrios populares es el rostro más cruel de la desigualdad.
El informe de CISUR cobra aún más relevancia cuando se lo contrasta con el rumbo de las políticas públicas actuales. Mientras los datos muestran que la pobreza acorta la vida, las decisiones recientes del gobierno nacional van en sentido contrario: recortes en programas de integración socio urbana, paralización de obras de infraestructura básica, vaciamiento de organismos claves como la SISU, ajustes en educación, salud y sobre todo, en jubilados.
El resultado es un Estado debilitado, menos presente en los barrios más vulnerables, lo que profundiza la desigualdad en lugar de revertirla. En este escenario, el derecho a una vivienda digna, al agua potable o a la salud pública se convierten en privilegios cada vez más lejanos para millones de argentinos y argentinas.
En definitiva, el barrio donde nacés define cuántos años vas a vivir.
Fuente: CISUR – Estudio de Mortalidad en Barrios Populares (2025).
https://cisur.ar/wpcontent/uploads/2025/09/CISUR_Estudio_Mortalidad_Barrios_Populares.pdf
:::Matías Mora Caceres/ Foto Carmel Sabino Yglesias/ ANRED:::

Totalmente de acuerdo con el informe…La población es olvidada..y la atención medicinal pésima.Estamos expuestos a agroquímicos..especialmente por las quintas .a basurales dónde viven toda clase de roedores…La población bonaerense no tiene voz ni voto…además de vivir muchos extranjeros que no les importa la calidad de vida(porqué están de paso).