lunes, enero 12

Una vecina denuncia abuso y relata que el hombre señalado huyó el domingo dejando una mochila

En la plaza San Juan Bautista de Florencio Varela y, tras ser increpado, se huyó del lugar dejando una mochila con pertenencias personales. En su interior se habrían encontrado preservativos, gel lubricante, prendas de vestir y documentación a nombre de distintas mujeres,

Camila Soledad, vecina de Florencio Varela, denunció el 12 de noviembre de 2025 un episodio que, según su testimonio, tuvo como víctima a su hija menor de edad. De acuerdo a la denuncia radicada en la Comisaría Primera de Florencio Varela, la mujer afirmó que un hombre intentó sustraerle pertenencias a la niña y que, en ese contexto, la manoseó.

La causa fue iniciada en sede policial y, según indicó la denunciante, el hombre habría sido apehendido y posteriormente liberado. Hasta el momento, no consta información pública sobre una imputación formal ni sobre medidas de restricción vigentes, extremo que este medio no pudo confirmar mediante fuentes judiciales.

Tiempo después, Camila relató que volvió a cruzarse con el mismo individuo en la peatonal céntrica del distrito. Según su declaración, al increparlo verbalmente lo filmó con su teléfono celular, momento en el cual —siempre de acuerdo a su versión— el hombre habría realizado gestos intimidantes.

Tras la publicación de ese video en redes sociales, la mujer sostiene que otras jóvenes se comunicaron con ella para relatar situaciones similares, aunque aclara que esos testimonios no fueron aún judicializados.


Un nuevo episodio en un espacio público

El conflicto escaló el pasado domingo, cuando Camila aseguró haber reconocido al denunciado en la Plaza Municipal de Florencio Varela, mientras se encontraba con sus hijas. Según su relato, el padre de las niñas lo enfrentó físicamente y el hombre se dio a la fuga, dejando una mochila en el lugar.

Dentro de esas pertenencias, Camila afirma haber encontrado preservativos, gel lubricante, prendas de vestir y documentación perteneciente a distintas mujeres. Señaló además que se encuentra intentando contactar a las titulares de esos documentos para devolverlos.
Estos elementos, al momento de publicación de esta nota, no fueron peritados ni incorporados oficialmente a una causa judicial, por lo que su contenido no puede ser interpretado como prueba de delito.

Posteriormente, la denunciante manifestó haberse acercado al domicilio del hombre, donde —según su versión— la madre del mismo habría minimizado los hechos. Este medio no pudo obtener la palabra de la familia del denunciado, ni existe constancia judicial que respalde o contradiga esa afirmación.


Cuando la declaración no alcanza

El caso se inscribe en una problemática estructural que atraviesa a Florencio Varela y al conurbano bonaerense: la dificultad de las mujeres y niñas para obtener respuestas eficaces y sostenidas del sistema judicial frente a situaciones de violencia.

Según datos oficiales, la mayoría de las denuncias por violencia de género no derivan de manera inmediata en medidas de protección, lo que genera escenarios de revictimización, exposición pública y, en muchos casos, justicia por mano propia, un camino que no solo es ilegal sino profundamente riesgoso.

Especialistas en derechos humanos advierten que la ausencia de seguimiento judicial, sumada a la circulación de personas denunciadas en espacios comunitarios, incrementa el miedo, la angustia y la sensación de desamparo en las víctimas.


La palabra de la denunciante

No voy a parar hasta que la Justicia haga algo. ¿Qué están esperando, que lastime a alguien?”, expresó Camila en un mensaje público difundido en redes sociales, donde pidió a la comunidad que, en caso de reconocer al hombre, realice la denuncia correspondiente por vías formales.

Su reclamo no es aislado: refleja una demanda social creciente por procesos judiciales más rápidos, protección efectiva y acompañamiento real a las víctimas, sin exponerlas a nuevas violencias.


Un cierre necesario

Este caso, aún en etapa de denuncia y sin resolución judicial, no habilita condenas sociales ni linchamientos, pero sí interpela a las instituciones responsables de garantizar derechos básicos: la seguridad, la integridad física y la dignidad de mujeres, niñas y adolescentes.

La violencia de género no se resuelve con el silencio ni con la exposición descontrolada, sino con un Estado presente, una Justicia activa y una comunidad que acompañe sin revictimizar.

Mientras tanto, Camila espera respuestas. Y con ella, muchas otras.

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