domingo, noviembre 30

«La violencia está en lo visible y en lo estructural»: voces desde el territorio varelense

Desde el territorio, Gisel Navarrete —integrante de Voces de Mujeres y Diversidades— describe cómo persisten las violencias que atraviesan a mujeres y diversidades, los obstáculos para acceder a derechos y la urgencia de políticas locales más sólidas. Su mirada combina experiencia personal, trabajo comunitario y formación profesional.

En Florencio Varela, el testimonio de Gisel Navarrete —integrante de Voces de Mujeres y Diversidades— revela una realidad cotidiana que no parece haber sido mitigada por los cambios de gobierno. Sobre las violencias más comunes en el distrito dice:

“Las violencias más frecuentes siguen siendo la psicológica, económica, simbólica y física”.

Denuncia además su naturalización social:

“El control disfrazado de ‘cuidado’, la desvalorización cotidiana, el manejo del dinero, los celos, la manipulación emocional y el silenciamiento por miedo o vergüenza”.

Y sentencia:

“La violencia está en lo visible, pero también en lo estructural”.

Ese testimonio demuestra que las violencias de género se manifiestan, para muchas, no solo en episodios aislados, sino como una estructura de dominación cotidiana.

Navarrete describe también consecuencias concretas: mujeres dependientes económicamente de agresores, madres que sostienen solas hogares, chicas adolescentes que reproducen estereotipos: un panorama que evidencia la íntima relación entre desigualdad económica, género, cuidado, y vulnerabilidad.


Barreras al acceso a derechos en un contexto adverso

Para quienes buscan ayuda, la situación se complica. Según Navarrete, los obstáculos son múltiples:

“Los mayores obstáculos son la burocracia, la revictimización, la falta de respuesta inmediata, los tiempos judiciales eternos, la ausencia de profesionales formados en perspectiva de género y dispositivos de salud colapsados”.

También señala la dependencia económica, el miedo y la desinformación como factores que inhiben la posibilidad de denunciar o salir de situaciones violentas:

“La dependencia económica, la falta de información clara, el miedo a las represalias y la carga emocional que implica sostener una denuncia”.

Estas dificultades adquieren mayor gravedad en un momento en que el Estado nacional —según organizaciones sociales— se ha retraído de su rol de garante de políticas de género.

La convergencia entre el testimonio local y la crisis institucional nacional revela una doble vulnerabilidad: las víctimas no sólo lidian con agresores y desigualdades, sino también con un sistema público debilitado para responder.


Propuestas desde lo comunitario y lo territorial: urgencia de acción local

Ante ese panorama, Navarrete plantea medidas urgentes desde lo local:

“Es fundamental fortalecer la prevención territorial: talleres, encuentros, espacios de escucha, acompañamientos y campañas sostenidas en escuelas, clubes y organizaciones”.

Y propone una institucionalidad local capaz de garantizar respuestas adecuadas:

“Considero urgente la creación de una Secretaría de Género y Diversidad, dirigida por personas realmente capacitadas intelectual y socialmente, para evitar fallas en las intervenciones y garantizar una respuesta rápida, profesional, humana y coordinada”.

En su análisis, la desigualdad económica es central:

“La desigualdad económica es una de las trabas más fuertes… Sin ingresos propios… es casi imposible romper la dependencia del agresor”.
“La salida de la violencia también requiere políticas de empleo, capacitaciones, accesibilidad a guarderías y programas de autonomía económica”.

Estas propuestas —prevención comunitaria, institucionalidad territorial, autonomía económica— conservan plena vigencia en un contexto de recorte estatal nacional. Ponen el foco en lo local: en lo que puede hacerse desde los barrios, las organizaciones y las comunas, aún cuando falten políticas nacionales robustas.

Navarrete destaca asimismo el rol vital de las organizaciones territoriales en este escenario:

“Tienen un rol central. Muchas veces son el primer lugar donde una mujer se anima a hablar”.

Desde su experiencia en Voces de Mujeres y Diversidades y en la Mesa de Género de Florencio Varela, enfatiza que esas redes de contención, acompañamiento y articulación con lo institucional pueden marcar la diferencia cuando el Estado se retira.


Una historia personal que da voz a muchas

La militancia de Navarrete no surge solo de un compromiso ideológico: también nace de un pasado de vulnerabilidad. Relata:

“Fui víctima de violencia durante muchos años. Con ayuda profesional pude cortar ese círculo tan doloroso y recuperar mi vida”.

Ese testimonio personal no solo visibiliza la gravedad del problema: pone en evidencia que, aunque las políticas nacionales se desarticulen, la violencia no desaparece. Y que muchas mujeres que caminaron ese camino están dispuestas —como ella— a ofrecer contención y acompañamiento a otras.

“Me transformó y define mi compromiso”.

Así, su voz representa a muchas que viven en silencio, invisibilizadas por las estadísticas y por las decisiones políticas.


Un llamado urgente desde Florencio Varela: actitudes locales frente al retroceso estatal

A las jóvenes varelenses, Navarrete les deja un mensaje:

“El amor nunca lastima ni condiciona. Que no confundan control con cariño… Que aprendan a escucharse, a poner límites y a valorarse”.
“Que sepan que no están solas: siempre hay una red, un espacio o una persona dispuesta a acompañarlas”.

Sus palabras son un llamado a la solidaridad, a la construcción de redes locales de apoyo, en un contexto en el que muchas de las estructuras estatales formales han sido eliminadas o recortadas.

Y proyecta un futuro posible, a escala local: políticas sostenidas, presencia estatal real en los barrios, formación permanente, autonomía económica, guarderías accesibles, campañas educativas desde la infancia. Todo ello, pensado desde la comunidad, con perspectiva de género real, compromiso político y voluntad colectiva.

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