Acto, aplausos y anuncio de “Full LED”; pero a metros del escenario, en las mismas cuadras de Villa Hudson, las viejas luminarias de vapor siguen encendidas. El Vespertino lo comprobó en territorio: el 100% proclamado por Andrés Watson no coincide con lo que ven —y padecen— los vecinos todos los días.

En Florencio Varela, el concepto “Full LED” no es un eslogan menor: forma parte de una política pública que, según la propia comunicación municipal, implica alcanzar el 100% de reconversión del alumbrado a tecnología LED en cada barrio. Sin embargo, la afirmación reciente del intendente Andrés Watson sobre que Villa Hudson ya habría alcanzado ese estándar no resiste una verificación básica en territorio.
La semana pasada, el jefe comunal sostuvo públicamente: “Villa Hudson es full led, es el barrio número 10 de la localidad de Bosques, toda la localidad de Bosques está completamente con Full Led. Aquí hemos colocado 992 lámparas”. El anuncio se dio en el marco de un acto en la plaza de Villa Hudson, donde —según pudo reconstruir este medio— empleados municipales habrían convocado a vecinos para acompañar la oficialización del barrio como “Full LED”.
No obstante, un relevamiento realizado por El Vespertino en apenas dos cuadras detectó al menos cuatro luminarias que continúan siendo del sistema antiguo —las conocidas “de vapor”—, lo que contradice de forma directa el alcance total que implica la denominación utilizada por el Municipio.

En la calle Amenábar al 2411, un frentista aseguró que se comunicó con el delegado municipal, Daniel Beninatti, quien le habría indicado que la luminaria LED sería colocada, pese a que el barrio ya fue presentado públicamente como completamente reconvertido. La situación abre un interrogante evidente: si el recambio aún está pendiente en distintos puntos, ¿sobre qué base se anunció su finalización?
El mismo escenario se repite en Amenábar al 2250, donde la luminaria sigue siendo no LED. También en Monasterio 775 y Monasterio 716, donde vecinos conviven con tecnología obsoleta o insuficiente, en contraste con la narrativa oficial.
Desde el punto de vista jurídico-administrativo, la utilización de la etiqueta “Full LED” conlleva una obligación implícita de veracidad en la comunicación pública. No se trata solo de una cuestión semántica: cuando se informa que un programa está concluido en una zona determinada, se genera una expectativa legítima en la ciudadanía. De comprobarse que esa información es inexacta, podría configurarse un supuesto de información pública engañosa, con posibles derivaciones en términos de responsabilidad política y administrativa.

Pero más allá de las consideraciones legales, el problema es concreto y cotidiano: menos iluminación implica menor seguridad, menor visibilidad y peor calidad de vida. En barrios como Villa Hudson, donde la infraestructura urbana es un factor clave, la diferencia entre una luminaria LED y una de vapor no es técnica: es tangible.
El Vespertino pudo constatar en terreno lo que los vecinos vienen señalando: el “Full LED” en Villa Hudson, al menos por ahora, está lejos de ser una realidad. Y cuando la distancia entre el discurso y los hechos se mide en cuadras, el problema deja de ser comunicacional para convertirse en político.
