Pasaron más de treinta días de la noche en que una ráfaga de balas irrumpió en la vereda del barrio San Francisco. En diálogo exclusivo con El Vespertino, Carina, la madre del joven artesano de 23 años asesinado, rompe el silencio para reconstruir el perfil de su hijo, detallar las horas previas a la tragedia y sostener un reclamo de justicia que no se apaga.

Hay una gravedad opaca que se instala en los barrios periféricos cuando el calendario suma más de treinta días de espera. En el barrio Pro Tierra San Francisco de Florencio Varela, el polvo de la calle 1325 parece asentar el recuerdo de la noche del jueves 13 de agosto de 2026 como una grieta abierta que ninguna rutina logra reparar. El tiempo allí no anestesia; vuelve más nítida la silueta de los que ya no están.
En una entrevista exclusiva concedida a El Vespertino, Carina, la madre de Franco Javier Herrera, vuelve sobre los minutos previos a que la violencia irrumpiera en la puerta de su vivienda. No hay estridencia ni rencor en sus palabras, sino la hondura de quien sostiene el duelo con la dignidad del trabajo artesanal compartido en el hogar.
“Franco era muy compañero con la familia, alegre en su día a día”, evoca Carina en diálogo exclusivo con El Vespertino. “Todos juntos nos dedicamos a la artesanía. El último día trabajamos como todos los días, contentos porque nos iba un poco mejor, y cenamos pizzas en familia”.
Franco tenía 23 años y una trayectoria signada por la cultura del esfuerzo y el afecto hacia sus seres queridos. Lejos de cualquier margen delictivo, sus días transcurrían entre la producción manual y los proyectos de autonomía familiar que comenzaban a materializarse. Apasionado por sus metas, acababa de dar un paso crucial hacia su formación universitaria.
“Franco se compró una moto, el 30 de julio firmó la transferencia, con la cual iba a ir a la facultad a estudiar”, revela su madre en la entrevista exclusiva concedida a El Vespertino. “El mayor sueño de Franco era llegar a comprar un terreno para vivir en un lugar mejor”.
En la memoria materna, la figura de su hijo trasciende la frialdad de los partes policiales. Carina rescata la calidez de un joven noble cuya cotidianidad estaba atravesada por el amor hacia sus allegados:
“Recuerdo su forma alegre de ser, su devoción por sus padres y el hecho de que era una persona que no tenía maldad; amaba a sus amigos”, expresa Carina ante El Vespertino.
La ráfaga en la vereda y la cartografía de la confusión
Instantes después de aquella cena compartida, la vereda de la calle 1325, entre 1344 y 1348, se convirtió en el escenario de una tragedia atroz. Eran minutos después de las 22:00 cuando Franco salió al frente de su casa, donde lo aguardaban sus amigos Ariel Machi (28) y Sebastián Ortiz (25). La escena era el retrato de la solidaridad comunitaria: aguardaban herramientas para encarar una labor de albañilería a la mañana siguiente.
“Lo último que hizo fue estar un momento en la puerta de la casa prestándoles herramientas a sus amigos para ayudar”, relata Carina en su testimonio exclusivo para El Vespertino.
Cerca de las 22:23, según consta en las actuaciones judiciales que investiga la UFIJ N° 6 a cargo de la Dra. Teixeira y el Dr. Dufour, un automóvil Volkswagen Suran gris con varios ocupantes habría aminorado la marcha frente al domicilio. Sin mediar palabra, desde el interior del rodado se habrían ejecutado múltiples disparos de arma de fuego a quemarropa contra el grupo.
Ariel Machi sufrió heridas mortales en el abdomen y la pierna izquierda, falleciendo en el lugar. Sebastián Ortiz resultó gravemente herido tras recibir impactos en el abdomen y la espalda. Franco Herrera recibió disparos en el estómago y la espalda; su padre, Javier Adrián Herrera, lo trasladó de urgencia junto a Sebastián en un vehículo particular hacia el Hospital Mi Pueblo, donde lamentablemente se produjo el deceso del joven artesano al día siguiente.
Desde el inicio de las primeras diligencias encomendadas al Grupo de Trabajo Operativo (GTO) y a la Sub DDI de Florencio Varela, tanto las declaraciones testimoniales como los relatos de la querella han coincidido en señalar que los jóvenes no poseían vínculo alguno con el comercio de estupefacientes. La principal hipótesis de la investigación sugiere que los presuntos agresores se habrían equivocado de objetivo, confundiendo el domicilio con otra finca de la cuadra señalada por actividades de narcomenudeo.
En la entrevista exclusiva con El Vespertino, Carina ratifica esta línea explicativa sobre el móvil del ataque y la absoluta inocencia de los jóvenes:
“Sabemos que es así, ya que horas antes anduvieron personas sospechosas en un vehículo preguntando por las personas del búnker narco —el cual los vecinos prendieron fuego—, y tanto Franco como los otros dos chicos no estaban involucrados en nada ilegal ni en cosas raras”, afirma con contundencia.
La conmoción del barrio y el cauce de la investigación judicial
El doble homicidio desencadenó una oleada de conmoción e indignación en el barrio Pro Tierra San Francisco, una zona castigada por años de denuncias sobre la proliferación de bandas dedicadas a la venta de sustancias. Horas después de confirmarse la muerte de Franco, cerca de doscientas personas se movilizaron hacia la vivienda apuntada como presunto kiosco narco, la cual terminó incendiada.
Ese episodio derivó en el fallecimiento de una mujer identificada como Cintia, heridas de gravedad en su pareja y el rescate de dos menores de edad por parte de la Policía de la provincia de Buenos Aires, abriéndose una causa paralela tramitada en la misma UFIJ N° 6 bajo la carátula de homicidio simple y tentativa de homicidio simple.
Respecto al expediente principal que busca determinar las responsabilidades penales del ataque contra Franco, Ariel y Sebastián, las autoridades judiciales continúan acopiando elementos de prueba. Sobre los avances procesales, la madre de Franco comparte la información con la que cuenta la familia en exclusiva para El Vespertino:
“Hasta ahora lo que sabemos es que hay varios detenidos”, precisa Carina, aguardando que las actuaciones judiciales identifiquen a la totalidad de los autores materiales e intelectuales del hecho.
La espera inagotable y el derecho a la memoria
Ha transcurrido más de un mes desde aquella noche trágica. En la casa de la familia Herrera, la ausencia de Franco se percibe en las herramientas detenidas, en la moto que no llegó a rodar hacia las aulas universitarias y en la quietud de una habitación que conserva sus proyectos truncos.
El testimonio de Carina en El Vespertino resuena como un manifiesto ético que atraviesa la polvareda de la periferia: no hay espacio para el olvido cuando la vida arrebatada era la de un joven trabajador, alegre y solidario.
Mientras la instrucción judicial recorre sus plazos formales, la voz de una madre en pie de lucha recuerda que la justicia no es solo una carátula en un expediente, sino el único camino posible para reparar la dignidad de una familia golpeada y devolverle la serenidad a un barrio entero.
