“Ponéle tetas”, “abríle el escote”, “empezá a hacerla más trolita para que tenga un poco más de empatía” y “la peinan como si fuera un caniche”: con estas expresiones textuales, Santiago Cúneo atacó a la diputada Myriam Bregman, tildándola además de “Lamento Boliviano” mientras la acusó de ir al peluquero mientras la provincia -que gobierna su hoy aliado de partido y proyecto electoral 2027- «se prende fuego». El recorrido por los exabruptos sexistas de un dirigente aliado al PJ bonaerense que encendió las alarmas sobre la violencia política de género y los límites del financiamiento estatal.

La luz azul de la pantalla iluminó el rostro adusto del conductor en el estudio de Canal 22 Web. Con tono adoctrinador, Santiago Cúneo lanzó su recomendación estética para la disputa del poder: «ponéle tetas, abríle el escote, empezá a hacerla más trolita para que tenga un poco más de empatía». El destinatario del consejo era el asesor de vestuario de la diputada Myriam Bregman. La metáfora no se detuvo en el cuerpo expuesto; avanzó hacia el cabello alisado —«la peinan como si fuera un caniche»— y se extendió en descalificaciones hacia las mujeres que ocupan bancas legislativas. Horas más tarde, la embestida se amplió hacia Nicolás del Caño por haber salido en defensa de su compañera, recriminándole su respaldo a las minorías sexuales, al movimiento feminista y al derecho al aborto.
A pocos kilómetros de los estudios de streaming, la realidad mostraba otra postal física: una fila de más de cinco cuadras en Berazategui, donde mil quinientas personas esperaban bajo el frío para postularse a un puesto de trabajo en una parrilla. El contraste no es casual. En un país donde veinte millones de personas viven endeudadas para pagar el alquiler, los alimentos o los medicamentos, las agresiones verbales transmitidas por pantallas no son exabruptos aislados: constituyen una pedagogía de la crueldad destinada a moldear qué cuerpos tienen derecho a hablar y bajo qué condiciones estéticas y políticas se les permite existir.
Porque la violencia medíatica es el espectáculo de algunos que pretenden el disciplinamiento de la corporalidad -y con éste la erosión de la participación política-, que da paso a un silencioso ajuste económico y endeudamiento -aunque suene agarrado de los pelos-.
Cajas negras, boletas y la moneda del disciplinamiento
La violencia política de género actúa como un mecanismo directo de disciplinamiento. Como denunció el observatorio Ahora Que Sí Nos Ven, el objetivo de esta retórica es enviar un mensaje aleccionador a todas las mujeres y diversidades que intentan disputar espacios de poder en sindicatos, universidades o partidos. La propia Bregman señaló que estos ataques no solo apelan a la misoginia y al machismo, sino que reviven componentes antisemitas dirigidos a su apellido.
Esta dinámica local dialoga de forma directa con las advertencias globales. La directora ejecutiva de ONU Mujeres, Sima Bahous, advirtió ante el Consejo de Seguridad que el uso de la misoginia como «arma política» genera escenarios de mayor conflicto e inestabilidad, en un contexto global donde 612 millones de mujeres se ven afectadas por guerras y donde la violencia sexual en conflictos armados aumentó un 50 por ciento. Por su parte, informes de Amnistía Internacional revelan que este patrón se repite a escala planetaria: durante el debate por la legalización del aborto en Argentina, una de cada tres mujeres sufrió violencia digital, mientras que en países como la India, una de cada cinco mujeres parlamentarias es blanco de agresiones enfocadas en su aspecto, origen o vida personal.
La paradoja adquiere densidad analítica al rastrear la legitimación institucional de estos discursos. Cúneo fue recientemente afiliado al Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires por el ministro Andrés «Cuervo» Larroque. Sumado a ello, investigaciones periodísticas revelaron que su canal de streaming recibió en 2025 pauta publicitaria proveniente del gobierno de la provincia de Buenos Aires, además de fondos aportados por la Cámara de Diputados provincial y por municipios como Esteban Echeverría, José C. Paz, Malvinas Argentinas y Ezeiza. El financiamiento estatal a plataformas que amplifican discursos de odio devela una tensión estructural en los armados que se autodefinen como progresistas.
Los cuerpos que no se moderan: la calle frente al cálculo
Mientras la dirigencia tradicional promueve la moderación y la «plasticidad» pragmática para pactar con el capital financiero o con sectores conservadores, el descontento social desborda las hojas de cálculo. Mediciones de opinión pública de la consultora Atlas Intel posicionan a Myriam Bregman con un 42 por ciento de imagen positiva —superando por ocho puntos al oficialismo nacional—, abriendo un debate en los medios sobre el crecimiento de la izquierda frente al desencanto generalizado.
Frente a las sugerencias de esperar al turno electoral de 2027, la respuesta de las organizaciones sociales, estudiantiles y feministas se articula en la inmediatez. A cincuenta años de la Noche de los Lápices, la juventud secundaria volvió a movilizarse en defensa de la educación pública y la salud mental, al tiempo que se convocó a la «Marcha de la Bronca» con réplicas en 57 localidades del país. Como sintetizó Lala Pasquinelli, de Mujeres que no fueron tapa, ante el abandono estatal y el blindaje mediático, la única alternativa es la ocupación del espacio público para encontrarse con otros cuerpos y dar vuelta la tortilla.
Las preguntas quedan latiendo en la calle: ¿cuánta violencia de género está dispuesta a tolerar la política tradicional en nombre de la «amplitud» electoral? ¿Es posible construir una alternativa emancipadora financiando a las mismas jaurías que intentan silenciar a las mujeres que luchan? La respuesta, como de costumbre, no está en los estudios de televisión, sino en la marea humana que decide no quedarse a esperar.
