viernes, marzo 13

Así viajan los trabajadores de la ciudad que se vacía cada mañana

Florencio Varela funciona, en gran medida, como una ciudad dormitorio. Casi el 80% de los trabajadores depende del transporte público para salir a trabajar: hasta hace unos meses, el 55% viajaba en colectivo y otro 24% combinaba colectivo y tren. Sin embargo, la desaparición de la línea 148 dejó a miles de vecinos con menos opciones para llegar a sus empleos fuera del distrito. Con recorridos que ahora pueden extenderse hasta cuatro horas de ida y cuatro de vuelta, crece la preocupación por el impacto que esto podría tener en la capacidad de muchos trabajadores para sostener sus puestos, especialmente en la Ciudad de Buenos Aires, lo que podría traducirse en mayores dificultades laborales para los habitantes del distrito.

Cada madrugada, cuando las luces de muchas casas todavía están encendidas y el primer tren comienza a moverse sobre las vías del sur del conurbano, Florencio Varela empieza a vaciarse. No es una metáfora: es una rutina diaria. Miles de vecinos salen de sus barrios antes del amanecer para llegar a sus trabajos en otros distritos del Gran Buenos Aires o en la Ciudad de Buenos Aires.

La escena se repite en estaciones como Bosques, Zeballos o Florencio Varela, y en decenas de paradas de colectivo que atraviesan el distrito. Mochilas, termos, uniformes de trabajo y caras todavía marcadas por el sueño forman parte de un paisaje cotidiano que revela una característica estructural del municipio: gran parte de su población trabaja fuera del distrito.

Un estudio socio-territorial reciente sobre Florencio Varela aporta números concretos a esa realidad cotidiana. Se trata del trabajo “Diagnóstico socio-territorial y productivo de la Provincia de Buenos Aires. Tomo II: Florencio Varela”, elaborado por investigadores vinculados a la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), que analiza distintos aspectos de la vida urbana, social y productiva del distrito. Según esa investigación, casi el 80% de los trabajadores depende del transporte público para desplazarse hacia sus empleos. Dentro de ese universo, el 55% utiliza exclusivamente el colectivo, mientras que otro 24% combina colectivo y tren para llegar a destino.

Detrás de esas cifras aparece una realidad compleja: la vida laboral de muchos habitantes del distrito está atravesada por viajes largos, múltiples combinaciones y tiempos de traslado que condicionan la vida cotidiana.

Trabajar lejos de casa

La encuesta realizada en distintos barrios del distrito también permite entender a qué distancia se encuentran los trabajos de los vecinos.

De acuerdo con los datos relevados:

  • 17% trabaja a menos de 5 kilómetros de su casa
  • 18% lo hace entre 5 y 10 kilómetros
  • 11% debe viajar entre 10 y 40 kilómetros
  • 2% se desplaza más de 40 kilómetros para trabajar

El dato que completa el cuadro es que solo el 1% trabaja desde su hogar, una cifra muy baja si se la compara con otras regiones donde el trabajo remoto se expandió en los últimos años.

En la práctica, esos trayectos de entre 10 y 40 kilómetros suelen significar viajes hacia distritos vecinos o directamente hacia la Ciudad de Buenos Aires, donde se concentra una parte importante de las oportunidades laborales para los habitantes del conurbano sur.

Colectivos, trenes y combinaciones

Moverse desde Florencio Varela hacia otros centros de empleo implica, muchas veces, una cadena de combinaciones de transporte.

El diagnóstico elaborado por investigadores de la UNAJ señala que en el 77% de los casos los trabajadores utilizan más de un medio de transporte durante su recorrido diario, lo que habitualmente significa combinar distintas líneas de colectivos o sumar el tren en algún tramo del viaje.

El ferrocarril de la línea Roca continúa siendo uno de los principales conectores con el resto del Área Metropolitana, especialmente hacia la estación Constitución. Pero incluso para llegar al tren, muchos vecinos deben recorrer primero varios kilómetros en colectivo.

El resultado es una rutina marcada por tiempos de traslado extensos, esperas en paradas o estaciones y la necesidad constante de coordinar horarios entre distintos servicios.

La desaparición de la línea 148

En ese contexto, la desaparición de la línea 148 aparece como un factor que modifica el equilibrio del sistema de movilidad para muchos vecinos del distrito.

Durante años, esa línea fue una de las conexiones directas que permitía vincular Florencio Varela con distintos puntos del conurbano y con la Ciudad de Buenos Aires. Su ausencia obliga hoy a muchos trabajadores a reorganizar sus trayectos diarios, incorporando nuevas combinaciones o recorridos más largos.

En algunos casos, vecinos relatan viajes que pueden extenderse hasta cuatro horas de ida y cuatro de vuelta, dependiendo de las conexiones disponibles, las frecuencias y el punto de partida dentro del distrito.

En una ciudad donde la mayoría de los trabajadores depende del transporte público, cada cambio en el sistema de movilidad impacta directamente en la vida laboral y familiar de miles de personas.

El tiempo como frontera social

La movilidad también refleja desigualdades.

El estudio indica que los habitantes de barrios vulnerables suelen trabajar más cerca de sus casas que quienes viven en zonas menos precarizadas. En esos barrios, el 39% trabaja a menos de cinco kilómetros del hogar, mientras que en los barrios no vulnerables esa proporción desciende al 28%.

Esto se explica, en parte, porque muchas actividades económicas que se desarrollan dentro del propio distrito —como trabajos vinculados a la horticultura, la producción rural o tareas informales— se concentran cerca de los barrios populares.

En cambio, quienes acceden a empleos más estables o formales suelen hacerlo en otros municipios o en la Ciudad de Buenos Aires, lo que implica recorrer mayores distancias.

El impacto que puede venir

En ese escenario, comienza a surgir una preocupación creciente entre trabajadores y especialistas en movilidad urbana: qué impacto pueden tener los cambios en el transporte sobre la estabilidad laboral de los vecinos del distrito.

Cuando los tiempos de traslado se vuelven excesivos, sostener un empleo formal con horarios rígidos se vuelve más difícil. Llegar tarde, perder combinaciones o enfrentar recorridos cada vez más largos puede transformarse, con el tiempo, en un problema laboral.

Por eso, algunos analistas advierten que las dificultades de movilidad podrían traducirse en mayores obstáculos para sostener empleos fuera del distrito, especialmente en la Ciudad de Buenos Aires, donde se concentra buena parte del trabajo al que acceden los habitantes del sur del conurbano.

La ciudad que espera el regreso

Mientras tanto, Florencio Varela mantiene su ritmo cotidiano.

Cada mañana miles de personas salen hacia otros distritos para trabajar. Y cada noche, cuando los trenes y colectivos regresan cargados desde Constitución o desde los municipios vecinos, la ciudad vuelve a llenarse.

Es el movimiento constante de una ciudad que, durante el día, se dispersa por el Área Metropolitana para sostener su vida laboral.

Y que cada madrugada vuelve a empezar el mismo viaje.

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