La ola anti-trans está influyendo de manera drástica en el acceso al deporte. El Comité Olímpico Internacional (COI) planea regulaciones para 2026, que limitarían la participación de mujeres trans, intersex y cisgénero bajo una supuesta «ventaja injusta» sin evidencia.
El Comité Olímpico Internacional (COI) planea nuevas regulaciones para 2026, que limitarían la participación de mujeres trans, intersex y cisgénero. El argumento es que que quienes de manera natural expresan niveles altos de testosterona “tienen una ventaja injusta” en las categorías femeninas del deporte olímpico. Esta supuesta «ventaja injusta» se utiliza sin bases científicas concluyentes.
Antes de este anuncio, el propio COI se regía por el “Marco sobre equidad, inclusión y no discriminación por motivos de identidad de género y variaciones sexuales” con énfasis en los criterios de elegibilidad en las categorías femeniles. Allí enfatiza que “no hay consenso científico sobre cómo la testosterona afecta el actuar deportivo”.
El anuncio de esta nueva postura ocurre durante el primer año de la nueva gestión de la presidenta del Comité, Kirsty Coventry. Está cumpliendo su promesa de “defender el deporte femenino”. A los tres meses de tomar posesión, formó el Grupo de Trabajo para la Protección de la Categoría Femenina
Recientemente Jane Thornton, directora médica y científica del COI, presentó las conclusiones de una “revisión científica sobre atletas trans y con diferencias en el desarrollo sexual que compiten en deportes femeninos”. Este documento no es público pero en febrero de 2026 se esperan noticias al respecto, de cara a los Juegos Olímpicos de Invierno, en Milan-Cortina.
Según informó el diario inglés The Guardian, “el grupo de trabajo sobre el tema continúa sus deliberaciones. El verano de 2026 es un plazo más realista para la aplicación de la nueva política”. Y además señala que el COI podría considerar una prohibición total de atletas trans de cara a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
¿Un guiño a la política anti-trans de Trump?
En los últimos años se ha argumentado, sin bases científicas concluyentes, que la participación de las mujeres trans en los deportes representa una supuesta “ventaja injusta” para las mujeres cisgénero. Esta narrativa ha sido utilizada tanto por federaciones internacionales deportivas como por grupos antiderechos en puesto de toma de decisión.
Figuras de poder como Donald Trump han influido de manera drástica en las políticas deportivas. Tras asumir la presidencia, en febrero de 2025 una de sus primeras órdenes fue prohibir la participación de niñas, adolescentes y mujeres trans en competencias deportivas a nivel escolar. También instruyó al secretario de estado intentar cambiar las reglas del COI.
En lo que va de 2025, en Estados Unidos se han presentado 95 iniciativas de leyes para prohibir que atletas trans, sobre todo niñas y mujeres, participen en los deportes a nivel escolar. Además, 54 de estas iniciativas han avanzado y en 6 estados ya son ley.
En este contexto las federaciones internacionales de varios deportes como natación, atletismo y box, han endurecido aún más sus regulaciones de participación de atletas trans e intersex.
Por qué son regulaciones sexistas
Históricamente, las regulaciones a la participación deportiva han impactado sobre todo en las atletas trans, intersexuales y cisgénero que de manera natural expresan niveles altos de testosterona. Dichas regulaciones han sido criticadas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por violar derechos fundamentales, incluida la privacidad, la salud y la no discriminación. Human Rights Watch (HRW) documentó que fomentan la discriminación, la vigilancia y la intervención médica coercitiva e innecesaria en mujeres atletas, lo que resulta en lesiones físicas, psicológicas y dificultades económicas. También tienen un sesgo racista.

Esta vigilancia de los cuerpos se ha centrado en atletas como la corredora sudafricana Caster Semenya y la boxeadora Imane Khelif, sometidas al escrutinio de sus cuerpos e identidades de género. Khelif, campeona olímpica de box, fue falsamente señalada como mujer trans, lo que resultó en transodio y escrutinio mediático. Ambas llevan sus casos de discriminación y violación a sus derechos humanos frente a los tribunales.

Hasta ahora cada federación deportiva crea sus propios reglamentos. Pero con las nuevas declaraciones del COI se espera que la regulación abarque a todas las federaciones deportivas internacionales.
Solo 3 mujeres trans en competencias olímpicas

Es importante recordar que solo una mujer trans ha llegado a competir a nivel olímpico. Laurel Hubbard participó en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y fue eliminada en la final de su categoría de levantamiento de peso. A partir de su participación, comenzó una ola de desinformación y discusiones que argumentaban una supuesta “ventaja injusta” frente a las mujeres cisgénero.
A nivel paralímpico han participado dos atletas trans. La lanzadora de disco holandesa Ingrid van Kranen quedó en noveno lugar en la final de su prueba en Río 2016, su participación no tuvo impacto a nivel mundial. En París 2024, la italiana Valentina Petrillo (foto apertura) fue eliminada en la semifinal de los 400 metros T12 y cuestionada por otras atletas.
En un escenario global marcado por el avance de narrativas anti-trans y por regulaciones cada vez más restrictivas, las decisiones del COI no solo definirán quién puede competir, sino también qué cuerpos son considerados legítimos en el deporte.
Mientras federaciones, gobiernos y grupos antiderechos buscan moldear el futuro de las categorías femeninas bajo argumentos sin evidencia concluyente, las vidas y trayectorias de atletas trans, intersex y de mujeres cis con variaciones corporales quedan expuestas a la vigilancia y escrutinio que limita su derecho humano al deporte.
:::Geo González para Agencia Presentes:::
