Ante el 25N, Claudia Georgina Núñez describe un mapa crudo y urgente de la violencia de género en Florencio Varela: la revictimización, la falta de contención estatal, las barreras en el acceso a la justicia y el rol decisivo de las organizaciones territoriales. Su testimonio —marcado por el intento de femicidio contra su hija— expone un contexto que, según advierte, exige organización social y políticas integrales.
“La revictimización es cotidiana”: la denuncia central de Núñez
Claudia Georgina Núñez no habla desde la teoría, sino desde la experiencia. Afirma que en Florencio Varela la revictimización sigue siendo un patrón frecuente cuando mujeres y diversidades intentan denunciar violencia en comisarías o ámbitos judiciales. Según su testimonio, ese trato constituye “violencia institucional”, algo que asegura haber vivido de forma directa en el caso de su hija, Erica Obregón.
Plantea también que esta situación se profundiza por “la falta de políticas públicas efectivas y un retroceso en materia de derechos”. Todas estas valoraciones corresponden a la voz de la entrevistada.
El cambio cultural: del silencio a la denuncia colectiva
Núñez reconoce que en la última década hubo un salto en la conciencia social, impulsado —según señala— por movimientos como Ni Una Menos y la Marea Verde. Para ella, estas luchas pusieron fin a eufemismos y permitieron nombrar las violencias de manera directa, responsabilizando al Estado cuando no garantiza derechos básicos: refugio, trabajo, independencia económica.
Sostiene que la modificación legal que permitió tipificar femicidios fue un punto de inflexión. También expresa preocupación por debates actuales sobre regresiones normativas.
Barreras para acceder a justicia, salud y acompañamiento
Consultada por los obstáculos que siguen encontrando las mujeres varelenses, Núñez describe un escenario complejo: dificultades para radicar denuncias, demoras judiciales, ausencia de refugios y de equipos interdisciplinarios, y una crisis habitacional que —según su lectura— limita la posibilidad de salir de situaciones violentas.
En materia de salud sexual y reproductiva, afirma que la eliminación o desfinanciamiento de programas genera falta de insumos esenciales, lo que afecta de manera directa a mujeres de bajos ingresos. Insiste en que esta combinación refuerza la sensación de desprotección.
Desigualdad económica: un cerco que atrapa
Para Núñez, la violencia machista no puede separarse de la desigualdad económica. Describe un panorama donde la precarización laboral, la falta de oportunidades y la sobrecarga de tareas de cuidado reducen la autonomía de las mujeres y aumentan la dependencia de vínculos violentos. Remarca que la crisis golpea primero a las más jóvenes y a las que trabajan en la informalidad.
Los barrios como refugio cuando el Estado no llega
Un punto que Núñez subraya varias veces es el rol de las organizaciones territoriales. Afirma que merenderos, centros culturales, redes feministas y agrupaciones sociales vienen sosteniendo la primera línea de acompañamiento a víctimas. Cita como ejemplo el triple femicidio de Morena, Brenda y Lara, donde —según su testimonio— fueron estas redes quienes se movilizaron de inmediato para apoyar a las familias y organizar la búsqueda.

El quiebre personal que se volvió colectivo
Su compromiso nace de un hecho devastador: el intento de femicidio contra su hija. Ese episodio, cuenta, la llevó a articularse con otras madres del distrito que atravesaron situaciones de violencia extrema, desde abusos a violaciones grupales. De esos encuentros, relata, surgieron redes de acompañamiento y reclamos de justicia que continúan hoy.
Un mensaje a las pibas: “No es el riesgo lo que hay que cambiar, es el contexto”
A las jóvenes varelenses, Núñez les deja un mensaje directo: defender el derecho a vivir una vida plena y a elegir vínculos sin miedo ni estigmas. Asegura que la responsabilidad nunca es de la víctima y llama a organizarse, buscar redes y no aceptar disciplinamientos sociales.
El Varela que imagina: derechos, trabajo y políticas integrales
Cuando piensa en un distrito más seguro, Núñez apunta a tres pilares: trabajo digno, acceso a la vivienda y políticas públicas sostenidas. Desde su perspectiva, sin esos elementos no hay igualdad posible para mujeres, adolescentes y diversidades.
El desafío del 25N: unir luchas para frenar retrocesos
Para cerrar, Núñez afirma que el principal desafío político y social es construir una salida “feminista, anticapitalista y desde abajo” que articule a mujeres, diversidades, trabajadores, estudiantes y sectores populares. Sostiene que, a su entender, los avances en derechos siempre surgieron de la movilización y no de la pasividad.
