jueves, marzo 12

Watson se puso la 10: el municipio financiaría el transporte para que los chicos de Los Tronquitos no pierdan el año escolar

Durante días, la angustia recorrió las calles de tierra de Los Tronquitos. Cerca de 250 chicos y chicas de Florencio Varela no podían asistir a clases porque la línea 148 —que durante años los conectó con una escuela rural del partido de La Plata— dejó de funcionar. Sin ese colectivo, el camino hacia el Jardín de Infantes Nº 990, la Escuela Primaria Nº 77 y la Escuela Secundaria Nº 60 quedó interrumpido. Tras reuniones entre autoridades educativas y referentes de la comunidad, llegó una noticia que trajo alivio al barrio: el municipio de Florencio Varela financiaría el transporte para garantizar que los estudiantes no pierdan el año escolar.

En Florencio Varela hay barrios que no siempre aparecen con claridad en los mapas, pero sí en la memoria de quienes los habitan. Los Tronquitos es uno de ellos.

Allí, donde el polvo del verano y el barro del invierno conviven con la vida cotidiana, las soluciones suelen surgir de algo profundo: la comunidad.

Cuando el problema del transporte comenzó a hacerse visible, no fueron solo las madres quienes levantaron la voz. También lo hicieron padres, dirigentes barriales, docentes, entrenadores y vecinos que conocen de cerca la realidad del barrio.

En Los Tronquitos nadie vive completamente solo. Siempre hay un vecino que acerca una mano, un mate que circula, un adulto que pregunta por los chicos del otro como si fueran propios.

Durante años, en ese tejido silencioso de solidaridad barrial, hubo también un aliado inesperado: el colectivo 148.

No era solamente un transporte.

Era el hilo que unía al barrio con la escuela.


Cuando el colectivo dejó de pasar

Durante años, la línea 148 conectó a los barrios de Florencio Varela con un complejo educativo ubicado sobre la Ruta 53, casi en la intersección con Ruta 6, en zona rural del partido de La Plata.

Allí funcionan tres instituciones que comparten edificio:

el Jardín de Infantes Nº 990, la Escuela Primaria Nº 77 y la Escuela Secundaria Nº 60.

Para cientos de familias del barrio, ese recorrido representaba algo mucho más grande que un simple viaje.

Era la posibilidad concreta de estudiar.

Pero ese puente se rompió.

Hace meses el 148 dejó de funcionar, y con ello muchos estudiantes quedaron sin un medio de transporte directo para llegar a la escuela.

El problema es más complejo de lo que parece. La línea 148 es un servicio de carácter nacional, cuya regulación depende del Estado nacional a través de los organismos competentes en materia de transporte.

Frente a la crisis del transporte local, en febrero el municipio de Florencio Varela decretó la emergencia en el servicio y reorganizó varias líneas comunales.

Sin embargo, esas nuevas líneas tienen un límite claro: solo pueden circular dentro del distrito de Florencio Varela.

Y la escuela queda del otro lado.


Casi 250 estudiantes dependen de ese traslado

La distancia entre el barrio y el establecimiento educativo es de 9,9 kilómetros.

Para muchas familias, recorrer ese trayecto sin transporte público es simplemente imposible.

Según explicó la propia comunidad educativa, cerca de 250 estudiantes dependen del transporte para poder asistir a clases.

Alrededor del 80% proviene de barrios de Florencio Varela, principalmente de La Capilla, Los Tronquitos y Los Tronquitos 2.

Las cifras muestran la magnitud del problema.

En el nivel secundario hay 108 estudiantes matriculados, de los cuales 80 utilizaban el micro para llegar a la escuela.

En el jardín y la primaria hay 140 chicos inscriptos, y 120 dependían de ese transporte.

Cuando el colectivo dejó de pasar, la consecuencia fue inmediata.

La semana pasada solo asistieron entre 5 y 3 chicos diarios de primer año a la mañana”, relató Juan Osvaldo Carballo, presidente del Club Ambayco.


El club como lugar donde empiezan las soluciones

En los barrios, los problemas colectivos rara vez aparecen primero en una oficina pública.

Suelen aparecer en una cancha.

Eso fue exactamente lo que ocurrió en el Club Ambayco, una institución profundamente arraigada en Los Tronquitos donde cada tarde se reúnen decenas de chicos y chicas.

Su presidente es Juan Osvaldo Carballo, aunque en el barrio casi nadie lo llama así.

Para todos es simplemente “Paco”.

Abuelo, entrenador y dirigente del club, fue uno de los primeros en advertir la dimensión del problema.

Mientras estábamos en vacaciones escolares la verdad no me había dado cuenta del problema más importante que nos iba a preocupar”, recuerda.

La alerta llegó a través de una conversación familiar.

Me di cuenta al hablar con mi hija. El fin de semana me dijo si podía hablar con el dueño del micro que nos hace los viajes para el club”.

A partir de ese momento comenzó a reconstruir el panorama a través de la red de familias vinculadas al club.

Como estoy en todos los grupos de categorías del club —en total 20— con más de 200 chicos de ambos sexos, convoqué a una reunión de padres”.

Mientras tanto, en los entrenamientos empezó a repetirse una pregunta simple.

Los chicos preguntan por qué los compañeros van y ellos no todavía”.

Carballo lo explica con claridad:

El traslado de los chicos al colegio es imposible si no es en micro. Si bien hay papás que tienen coche, no pueden con todos”.


La reunión que trajo alivio

Durante los últimos días, la comunidad educativa mantuvo reuniones con autoridades para encontrar una salida urgente.

Participaron la Jefatura Regional de Educación (Región 4), la Jefatura Distrital, la Secretaría de Educación, la Presidenta del Consejo Escolar de Florencio Varela y el Vicepresidente del Consejo Escolar de La Plata.

En ese encuentro se habría comunicado una decisión política clave.

Según trascendió entre los participantes, el intendente de Florencio Varela, Walter Andrés Watson, decidió avanzar con el financiamiento del transporte para garantizar que los estudiantes puedan asistir a clases.

La noticia comenzó a circular rápidamente entre las familias del barrio.

Después de semanas de incertidumbre, el clima cambió.


Cuando el derecho a la educación depende de un colectivo

En los barrios del sur del conurbano, las políticas públicas no se evalúan en discursos.

Se evalúan en hechos concretos.

Un colectivo que pasa.
Una mochila que vuelve a salir temprano.
Un aula que vuelve a llenarse.

La crisis del transporte en Los Tronquitos dejó al descubierto algo que muchas comunidades del conurbano conocen bien: el acceso a la educación también depende de decisiones territoriales, de coordinación entre distritos y de sistemas de transporte que funcionen.

Cuando una línea deja de circular, no se corta solo un recorrido.

También puede interrumpirse el camino hacia la escuela.


Lo que viene ahora

Durante la reunión también quedaron abiertas nuevas líneas de trabajo.

Entre ellas, la posibilidad de implementar un servicio que incluso permita incorporar mayor matrícula proveniente del propio partido de La Plata, fortaleciendo la comunidad educativa del establecimiento.

Pero en Los Tronquitos el objetivo inmediato es mucho más simple.

Que los chicos vuelvan a clases.

Que las mochilas vuelvan a cruzar el barrio temprano.

Que los 9,9 kilómetros que separan al barrio de la escuela vuelvan a ser un camino posible.

Porque en lugares como este, donde la comunidad sostiene lo que muchas veces el Estado tarda en ver, a veces un colectivo puede cambiar la historia de todo un barrio.

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