viernes, abril 24

Cuando se gobierna sin pisar el barrio: el error que dejó a estudiantes de Los Tronquitos sin transporte para ir a la escuela

La suspensión definitiva de la línea 148, la falta de una planificación territorial que contemplara que el 80% de los estudiantes —del Jardín de Infantes Nº 990, la Escuela Primaria Nº 77 y la Escuela Secundaria Nº 60 que allí funcionan— proviene de Florencio Varela, la reorganización del transporte local sin conexión con la escuela rural ubicada en Ruta 6 y Ruta 53, la ausencia de alternativas para las familias sin movilidad propia y la falta de respuestas coordinadas entre distintas jurisdicciones dejaron a cerca de 250 chicos y chicas del barrio Los Tronquitos con enormes dificultades para ejercer algo tan básico como su derecho a ir a la escuela.

En Florencio Varela hay barrios que no aparecen en los mapas con la misma claridad con la que existen en la memoria de quienes los habitan. Los Tronquitos es uno de ellos. Allí, donde las calles de tierra guardan el polvo de cada verano y el barro de cada lluvia, la vida cotidiana se organiza alrededor de algo simple y profundo: la comunidad. Nadie vive completamente solo. Siempre hay un vecino que acerca una mano, un mate que circula, una madre que pregunta por los hijos del otro como si fueran propios.

Durante años, en ese tejido silencioso de solidaridad barrial, hubo también un aliado inesperado: el colectivo 148. No era solamente un transporte. Era el hilo que unía a decenas de chicos y chicas con su escuela. Cada mañana, ese recorrido conectaba el barrio con una escuela rural ubicada en el cruce de la Ruta 6 y la Ruta 53, ya en el partido de La Plata. Allí funcionan el Jardín de Infantes Nº 990, la Escuela Primaria Nº 77 y la Escuela Secundaria Nº 60.

Para muchos estudiantes de Los Tronquitos, de La Capilla y de otros barrios cercanos, ese colectivo representaba algo mucho más grande que un simple viaje: era la posibilidad concreta de estudiar.

Pero ese puente se rompió.

Hace meses el 148 dejó de funcionar y, con ello, el barrio Los Tronquitos quedó aislado. La línea 148 es un servicio de carácter nacional, cuya regulación depende del Estado nacional a través de los organismos competentes en materia de transporte.

Frente a la crisis del transporte local, en febrero de este año la intendencia de Florencio Varela decretó la emergencia en el servicio y avanzó en una reorganización de las líneas comunales. Estas nuevas líneas, sin embargo, tienen un límite jurisdiccional claro: solo pueden circular dentro del distrito de Florencio Varela.

La semana pasada comenzaron a funcionar nuevos recorridos operados por tres empresas distintas. En el caso del barrio Los Tronquitos, la empresa La Colorada se hizo cargo de la zona que antes le correspondía al recorrido de la línea 502, que había sido operada por la empresa El Nuevo Halcón, la misma que también prestaba el servicio de la línea 148.

Sin embargo, el rediseño del sistema de transporte local dejó al descubierto un problema más profundo: muchos de los estudiantes del barrio no asisten a escuelas dentro del distrito, sino a un establecimiento educativo ubicado en el partido vecino de La Plata.

La escuela se encuentra sobre la Ruta 53 antes de llegar al cruce con Ruta 6, en una zona rural del partido de La Plata. Allí funcionan tres instituciones educativas que comparten edificio: el Jardín de Infantes Nº 990, la Escuela Primaria Nº 77 y la Escuela Secundaria Nº 60.

En total, cerca de 250 alumnos dependen del transporte para poder llegar a clases.

Según explicaron las familias de la comunidad educativa, alrededor del 80% de los estudiantes proviene de barrios de Florencio Varela, principalmente de La Capilla, Los Tronquitos y Los Tronquitos 2.

La interrupción del servicio de la línea 148 dejó a muchas de esas familias sin un medio de transporte directo para llegar al establecimiento educativo. Al mismo tiempo, las líneas comunales reorganizadas por el municipio no pueden extender su recorrido hasta el partido de La Plata, lo que limita las alternativas disponibles.

En este escenario también aparece otra dimensión institucional: la educación en la provincia de Buenos Aires depende de la administración provincial, lo que abre la posibilidad de que la Provincia evalúe distintas alternativas para garantizar el acceso a la escolaridad, ya sea mediante soluciones de transporte o a través de otras estrategias que permitan sostener la continuidad educativa. Hasta el momento, ninguna de las jurisdicciones involucradas anunció una solución definitiva para el traslado de los estudiantes.

Mientras tanto, la situación impacta directamente en la vida cotidiana de la escuela.

Durante la primera semana del ciclo lectivo la asistencia fue mínima. Apenas un pequeño grupo de estudiantes logró llegar al establecimiento. El resto quedó atrapado entre distancias difíciles de cubrir y la falta de transporte.

En las casas del barrio comenzaron a repetirse conversaciones que ningún padre o madre quiere tener: buscar otra escuela, reorganizar horarios, pedir favores para que alguien acerque a los chicos en auto. Pero no todas las familias cuentan con esa posibilidad.

Dentro del establecimiento, docentes y directivos intentan sostener lo que pueden.

Una docente que trabaja allí y que dialogó con El Vespertino describe la situación con una mezcla de angustia y responsabilidad que atraviesa hoy a toda la comunidad educativa.

Según relata, el impacto del problema ya se refleja en la matrícula y en la forma en que se organizan las clases.

“Trabajo en esta escuela. Es bastante desesperante porque les chicos ya se están buscando otras escuelas, se nos cae la matrícula. Por lo pronto, esta semana empezamos con actividades híbridas: presencial para quienes puedan ir y virtual por WhatsApp… tipo pandemia. Pero con el cierre de la línea 148 ya no llegan”.

La docente también recuerda que los problemas con el transporte no comenzaron de un día para otro.

“Yo de la línea sé que durante el año pasado estuvieron en conflicto porque cada dos por tres hacían paro y los chicos no podían ir y no había clases. Pero ahora que cerró definitivamente es un bajón”.

El impacto resulta todavía más evidente cuando se observa el origen de la matrícula escolar.

“La gran, gran mayoría —80% o más— de la escuela es de Florencio Varela. No sé cómo esa comunidad aguanta tanto maltrato”.

La preocupación alcanza a todos los niveles educativos que funcionan en el mismo edificio.

“Hay primaria y secundaria. No sé cómo estarán haciendo en primaria”.

Mientras tanto, las familias buscan soluciones de manera informal para que los estudiantes no pierdan completamente el vínculo con la escuela.

“Con las familias de secundaria estamos en permanente comunicación, sobre todo la dirección, y quienes tienen movilidad los llevan en auto”.

Incluso el equipo docente debió reorganizar su presencia frente a las dificultades de traslado. No solo dan clases presenciales como siempre sino que ahora deben reforzar su practica con tiempo virtual de enseñanza a quienes no pueden llegar hasta la escuela.

“Yo voy dos veces por semana nada más a la escuela”, aclara la docente pues su materia se brinda esa cantidad de veces.

En Los Tronquitos la preocupación crece en silencio. No hay grandes movilizaciones ni discursos ruidosos. Lo que hay es algo más profundo y más difícil de sostener: familias intentando que la educación de sus hijos no se interrumpa.

Porque en los barrios del conurbano profundo la escuela no es solamente un lugar donde se aprende. Es un punto de encuentro, una promesa compartida, una puerta abierta hacia un futuro distinto.

Y cuando el colectivo deja de pasar, lo que se pierde no es solamente un recorrido.

A veces, también se pone en pausa el derecho de un barrio entero a seguir soñando.

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