martes, marzo 10

La juventud no encuentra un reflejo en la política: un nuevo informe revela que el 70% de los jóvenes muestra desinterés

El reciente informe del Observatorio Pulsar de la UBA y la Asociación Conciencia relevó que la apatía y el desapego hacia la política predominan entre los jóvenes, quienes valoran la democracia pero confían poco en su capacidad de transformación.

En un país que parece haber hecho del fracaso una costumbre y de la violencia una política de Estado, donde el gobierno nacional dedica sus mejores horas a librar batallas imaginarias en el plano de las redes sociales y la oposición deambula como un fantasma atrapado en sus propios errores históricos, no debería sorprendernos en lo más mínimo que los jóvenes hayan decidido construir su propio refugio y mirar hacia otro lado.

El estudio, basado en una encuesta nacional a 2.494 estudiantes secundarios de entre 16 y 19 años, nos devuelve un espejo que debería llenar de vergüenza y preocupación a toda la clase dirigente, porque nos muestra a una generación que no es apática por capricho, sino que ha aprendido a ser profundamente realista frente a un entorno que no le ofrece ninguna garantía o una proyección de futuro. Resulta desolador, pero al mismo tiempo de una lucidez que asombra, observar cómo estos chicos levantan un muro de contención emocional entre el desastre colectivo que les dejamos y sus propias vidas; mientras que un 54% logra mantener cierta expectativa de que la Argentina estará mejor o igual de bien dentro de un año, un abrumador 73% proyecta un futuro positivo para su situación personal y la de su familia en ese mismo lapso.

Esa enorme distancia entre lo que esperan del país y lo que esperan de sí mismos es la radiografía perfecta de una juventud que entendió rápido que, en esta Argentina rota por la soberbia de los que mandan, la única salida posible parece ser el esfuerzo individual.

Ese distanciamiento preventivo encuentra su correlato más evidente en la falta de entusiasmo que despierta la cosa pública, un dato que resulta verdaderamente preocupante si consideramos que el 69% de los adolescentes interrogados admite tener poco o nulo interés en la política, una cifra global que el informe desglosa entre un 51% que se declara poco interesado y un 18% al que la política no le interesa nada.

Esta apatía, que nos invita a reflexionar críticamente sobre las carencias y el agotamiento de la oferta de representación actual, moldea también de forma directa sus hábitos de consumo informativo, volcándolos masivamente hacia el ecosistema digital, donde el 79% elige las redes sociales como su principal canal para informarse sobre noticias o temas políticos, combinándolas con un 58% que todavía acude a los medios tradicionales como la televisión. Sin embargo, esta exposición intermitente a la actualidad, que decididamente no organiza su día a día, no se traduce en un deseo de militar, confrontar o debatir las ideas en su tiempo de ocio, puesto que la política ha dejado de ser un tema central de conversación entre pares, al punto que un 46% asegura que no habla nada seguido de política con sus amigos y un 35% declara hacerlo poco seguido.

En el ámbito familiar, la situación revela una notable continuidad de pensamiento y una muy baja conflictividad, dado que un 80% de los chicos sostiene coincidir en sus opiniones políticas con sus padres, divididos entre un 36% que coincide casi siempre y un 44% que lo hace a veces, lo que sugiere que el hogar opera en la actualidad como un espacio de resguardo y consenso antes que como un escenario de disputa intergeneracional.

A pesar de este desapego generalizado hacia las instituciones formales y el debate público, el relevamiento expone un rasgo sumamente constructivo que contrasta fuertemente con la crispación y la intransigencia que suelen dominar el mundo de los adultos: los jóvenes rechazan de plano que las diferencias ideológicas deban contaminar sus relaciones afectivas o servir como parámetro para medir la catadura moral del otro. Exhiben una flexibilidad democrática madura frente a la polarización cuando un consolidado 59% rechaza la premisa de que se puede saber si una persona es buena o mala simplemente por sus opiniones políticas, sumando un 40% que está poco de acuerdo y un 19% nada de acuerdo con esa afirmación.

Esta convivencia tolerante, que no percibe a la diferencia como una amenaza, se verifica empíricamente en la cotidianidad de sus vínculos sociales, permitiendo que un 64% mantenga amistades con personas que tienen ideas opuestas a las suyas, y que un 61% admita que podría estar en pareja con alguien situado en las antípodas de su propio pensamiento político sin mayores inconvenientes. No obstante, este valioso pragmatismo y esta convivencia pacífica no alcanzan para disipar la preocupación de fondo sobre el arraigo institucional y el futuro demográfico de esta generación en nuestra tierra, un desafío mayúsculo que queda crudamente expuesto cuando observamos que apenas un 40% manifiesta el deseo de seguir viviendo en la Argentina en el futuro, frente a un 28% que ya tiene decidido que preferiría irse a vivir a otro país y un 32% que se mantiene en una prolongada y alarmante indecisión.

Los hallazgos de este informe nos devuelven la imagen de una generación que ha decidido sobrevivir a la intemperie institucional construyendo sus propios refugios, configurando una ciudadanía en plena construcción que no rechaza la política de cuajo, pero tampoco la abraza con la intensidad propia de épocas pasadas. No estamos frente a una juventud perdida en el desencanto absoluto, sino ante un colectivo más pragmático que ideológico que, al no encontrar en la dirigencia un proyecto de país que lo convoque, optó por resguardar sus afectos de la polarización y apostar sus fichas al destino individual. Que una porción tan significativa de esta juventud conciba un posible futuro disociado del éxito de nuestro país, o que directamente evalúe buscarlo más allá de nuestras fronteras, constituye un veredicto silencioso y lapidario sobre una clase política que, de no tomar nota urgente de esta advertencia, corre el grave riesgo de quedarse administrando un país sin herederos.

Fuente: https://pulsar.uba.ar/wp-content/uploads/2026/03/Informe-Jovenes-2025_Primera-entrega.pdf

:::Matías Mora Cáceres, para ANRed:::

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