Detrás de la reforma electoral que impulsa Javier Milei se esconde una paradoja incómoda: en distritos como Florencio Varela, el fin de las PASO podría exponer más las debilidades libertarias que ordenarlas.

La política, como la física, suele moverse por fuerzas visibles y otras subterráneas. A veces, una decisión en la cima del poder reorganiza —casi sin proponérselo— equilibrios en territorios que parecen lejanos. El reciente ingreso al Senado del proyecto de reforma electoral impulsado por Javier Milei —con la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) y la insistencia en Ficha Limpia como ejes— pertenece a esa categoría de movimientos que, bajo la apariencia de una discusión institucional, esconden consecuencias profundamente políticas.
En el conurbano bonaerense, y más específicamente en Florencio Varela, esa iniciativa podría tener efectos que exceden largamente el debate técnico. Porque si las PASO funcionaban como un mecanismo de ordenamiento —a veces imperfecto, pero ordenamiento al fin— su eventual eliminación trasladaría el conflicto hacia el interior de cada fuerza. Y allí, no todos están igualmente preparados.
La Libertad Avanza, que en Varela aparece como una segunda fuerza en expansión, pero todavía en estado embrionario, es un caso elocuente. Su principal activo sigue siendo la gravitación nacional de Javier Milei, que le permite capturar un voto de malestar difuso, particularmente entre jóvenes y sectores urbanos desencantados, con una expansión incipiente hacia franjas populares donde el peronismo ya no logra retener todo el voto. Sin embargo, ese capital electoral convive con una debilidad estructural: la ausencia de una arquitectura territorial sólida.
El elenco local del espacio refleja esa tensión. Figuras como Marcela Ochs —con pasado peronista y visibilidad institucional creciente— conviven con perfiles técnicos como Carolina Gallo, apuestas mediáticas como Ezequiel Taborda y nombres de bajo conocimiento público como Ivonne Canto. A eso se suma un intento de organización más silencioso, encarnado en el coordinador Javier Serra, junto a dirigentes que aún no terminan de consolidarse, como Martín Castello o el controvertido Diego Vallejos. El resultado es un mosaico que todavía no logra convertirse en conducción.
En ese contexto, la eliminación de las PASO podría operar como un arma de doble filo. Por un lado, evitaría una exposición temprana de las diferencias internas, algo que en espacios en formación suele ser riesgoso. Pero, por otro, obligaría a resolver esas tensiones sin una instancia institucionalizada, trasladando la disputa a mecanismos menos transparentes: acuerdos de cúpula, validaciones externas o, en el peor de los casos, fragmentaciones.
Para el oficialismo peronista local —históricamente dominante en Varela— el escenario es distinto. Acostumbrado a procesar sus internas a través de estructuras territoriales consolidadas, el eventual fin de las primarias no necesariamente implicaría una desventaja. Por el contrario, podría reforzar el peso de la organización y la disciplina partidaria, dos atributos que La Libertad Avanza todavía no ha desarrollado plenamente en el distrito.
De este modo, una reforma pensada en clave nacional podría terminar reforzando, al menos en el corto plazo, las asimetrías locales. La Libertad Avanza seguiría creciendo, con un piso consolidado en torno a los dos dígitos medios —a partir de su desempeño reciente en el conurbano— y un techo que, con arrastre nacional de Javier Milei, podría acercarse al 25%. Pero ese crecimiento encontraría un límite en la falta de estructura, en la escasez de cuadros con arraigo barrial y en una capacidad de fiscalización aún limitada.
La pregunta de fondo es si el oficialismo libertario logra advertir esta paradoja: que una herramienta diseñada para ordenar el sistema político puede, en territorios donde su fuerza aún es incipiente, exponer sus debilidades más que potenciar sus virtudes.
En definitiva, mientras el Senado discute reglas, en lugares como Florencio Varela se redefine algo más profundo: quién tiene la capacidad no sólo de representar el malestar, sino de transformarlo en poder. Porque en política, como enseñan los municipios del conurbano, no alcanza con crecer. Hay que saber organizarse. Y ese sigue siendo, para La Libertad Avanza, su desafío más urgente.
