A medida que México se prepara para la Copa del Mundo 2026, la fiesta deportiva se convierte en un inquietante espejo del Mundial de Argentina 1978. Mientras la propaganda oficial y el despliegue de seguridad buscan proyectar una imagen de júbilo y control, los colectivos de madres buscadoras denuncian un «borramiento» institucional que intenta ocultar a más de 134,000 desaparecidos bajo el brillo de los estadios, repitiendo la histórica tensión entre el festejo internacional y la represión u omisión ante una crisis humanitaria.
En las vísperas del pitazo inicial del Mundial 2026, colectivos de madres y familiares de personas desaparecidas de al menos quince estados han iniciado una serie de intervenciones directas en las inmediaciones de los estadios sedes, destacando el Estadio Azteca (ahora Banorte) en la Ciudad de México. Las familias han comenzado a cubrir la publicidad oficial de la FIFA con fichas de búsqueda y cédulas de identidad de sus seres queridos, una acción desesperada para visibilizar la crisis ante el turismo internacional tras denunciar que policías y funcionarios públicos vandalizan y retiran sus carteles para ofrecer una «imagen limpia» de las ciudades anfitrionas.
La magnitud de la tragedia en México es apabullante: el Registro Nacional contabiliza más de 134,000 personas desaparecidas y una crisis forense que mantiene 72,000 cuerpos sin identificar. Esta realidad choca frontalmente con la inversión del “Plan Kukulcán”, una estrategia de seguridad de alta tecnología destinada a blindar estadios y hoteles con vigilancia antidrones, mientras las madres deben costear sus propias herramientas —picos y palas— para buscar fosas clandestinas, enfrentando un riesgo mortal: desde 2010, 44 buscadoras han sido asesinadas o desaparecidas en el país.
Este escenario evoca inevitablemente el Mundial de 1978 en la Argentina de la dictadura militar. En aquel entonces, mientras el país gritaba los goles de su selección, el régimen utilizaba el fútbol como una herramienta de distracción oficial para encubrir la existencia de centros clandestinos de detención y el exterminio sistemático de opositores (información no presente en las fuentes, se sugiere verificar independientemente). Hoy, en un México donde el Comité contra la Disparición Forzada de la ONU ya califica las desapariciones como crímenes de lesa humanidad, las madres mexicanas replican la resistencia de las Madres de Plaza de Mayo, marchando sobre un «mapa del horror» donde sedes como Jalisco albergan centros de exterminio y fosas comunes a escasos kilómetros de los estadios mundialistas.
A pesar de que el gobierno federal ha calificado los informes internacionales como “tendenciosos” y sostiene que no existen desapariciones forzadas desde el Estado, los colectivos mantienen su exigencia de verdad y justicia. «Les meteremos todos los goles posibles a la impunidad», sentenciaron las familias, quienes planean para el 11 de junio, día de la inauguración, una jornada de protesta que incluye la distribución masiva de fichas en los accesos y las «Cascaritas por la memoria», partidos simbólicos para recordar que, mientras el mundo disfruta del fútbol, miles de hogares mexicanos siguen incompletos.
