EL GRITO QUE NOS DEVUELVE EL AIRE: CUANDO EL CORAZÓN LLEGA DONDE EL BOLSILLO NO PUEDE
En el conurbano sur, la esperanza no es una palabra de diccionario ni un slogan de campaña; es una forma de no morirse de angustia antes de que baje el sol. Porque acá, en las calles de Florencio Varela, el éxito no se mide en números macroeconómicos ni en esa inflación que dicen que bajó pero que nadie ve en el mostrador del chino. Ganar, para nosotros, es otra cosa. Es una tregua. Es ese segundo donde el alma le gana por goleada al cansancio de un cuerpo que ya no sabe cómo estirar los billetes.
Caminar por el barrio un martes a la tarde, con el cielo color cemento y el olor a pasto mojado mezclándose con el humo de alguna quema de basura en la esquina, es entender que la Argentina de hoy está exhausta. Se nota en la cara de los vecinos esperando el 148, en los pibes que patean un...







