A 98 años de aquel invento nacido en 1928 para enfrentar una crisis, trabajadores de Misión Buenos Aires denuncian una realidad muy distinta sobre la Línea 148: cabeceras sin infraestructura, recortes de servicios nocturnos, cambios de diagramas y presiones laborales. En Florencio Varela, la celebración de la historia del colectivo choca con las condiciones que, según los trabajadores, atraviesan hoy quienes sostienen el servicio sobre el asfalto.

Cada 24 de septiembre la efeméride urbana desempolva la misma estampa de nostalgia: la reunión de taxistas en un bar de la esquina porteña de Rivadavia y Lacarra durante la crisis de 1928, la idea de fraccionar el pasaje entre cinco viajeros por diez o veinte centavos y los trayectos pioneros hacia Primera Junta o Plaza de Mayo con carrocerías coloreadas. Fue una solución popular que mutó en el mayor ícono de la movilidad nacional. Pero en la cinta de asfalto que une la Capital con el conurbano sur, aquel invento colectivo choca contra las denuncias de precarización vertidas por quienes hoy sostienen el volante.
Según los testimonios y denuncias de los choferes de la empresa Misión Buenos Aires, a la madrugada —cuando el frío atraviesa el pasillo y el tablero ilumina rostros exhaustos— el mito del colectivero festejado se disuelve en las paradas finales. Las voces de los trabajadores exponen la falta de infraestructura básica en los puntos de salida: “La cabecera de Villa del Plata aún brilla por su ausencia, los compañeros están ahí como en el Alpino, en la calle, utilizando el baño de la estación de servicio, en el caso de Villa del Plata, ruta 2 y 21, y en el caso del Alpino, bueno, dónde pueden. La verdad, en este contexto de frío, lluvia, es una vergüenza, una vergüenza”.
De acuerdo con las declaraciones del personal, las deficiencias no se limitan al bienestar físico en cabecera, sino que alcanzan a la prestación general del servicio y al rol del gremio. “Es muy evidente la complicidad del sindicato con este empresario en dejar hacer todo esto, no respetar los diagramas, no respetar el compromiso de un servicio a 10 minutos. Acá no sobran choferes, faltan servicios, esa es la realidad”, afirman los choferes en sus denuncias.


La paradoja del 1º de Mayo y la cuota de responsabilidad municipal
La historia reciente de la Línea 148 contiene una fecha cargada de densidad simbólica. Tras varios meses de parálisis por la crisis de la anterior operadora (El Nuevo Halcón S.A.), la vuelta de las unidades fue anunciada formalmente para el viernes 1º de Mayo. Aquel día —el Día Internacional de los Trabajadores, una jornada en la que histórica y normativamente se respeta el descanso laboral— el intendente de Florencio Varela, Andrés Watson, se hizo presente y en la foto oficial, el jefe comunal celebró la reactivación como un «beneficio directo a los vecinos» y destacó el compromiso empresarial de restituir puestos de trabajo.
Sin embargo, a la luz del relato de los trabajadores, la cuota de responsabilidad política del municipio reaparece tras aquella escenografía festiva del 1º de Mayo. Según denuncian los choferes, la gestión municipal ejerce una severa fiscalización sobre las líneas locales —como las cuadrillas que monitorean la exlínea 500—, pero usa una escapatoria ante las irregularidades de la 148.
En sus testimonios, los choferes interpelan directamente al intendente Watson: “El municipio, a través de los agentes de tránsito, lleva un control, un seguimiento, sobre las líneas locales que se hicieron cargo de la ex500. Lo que no controla, quizás porque no esté en su ámbito hacerlo, es lo que sucede con la 148. Yo creo que si el municipio levanta el teléfono o convoca a los empresarios de la 148, se daría cuenta el pésimo servicio que le brindan a los vecinos del Fondo de Varela. Sería interesante que el intendente se involucrara para que no manoseen y cambien semana a semana los diagramas con el agravante de que quitan servicios”.
La noche desmantelada y el ajuste sobre el usuario
Las modificaciones de diagramas denunciadas por los trabajadores no solo desgastan la jornada laboral; impactan de forma directa sobre las barriadas populares. De acuerdo con las afirmaciones del personal, los recortes afectaron severamente las frecuencias nocturnas y la conectividad en el conurbano profundo.
“El último servicio sale a las 10 de la noche, La Capilla. No hay servicios nocturnos. Los primeros dos servicios hoy, particularmente hoy, no salieron. La gente queda a la de Dios”, señalan los choferes. Según relatan desde la línea, las decisiones operativas se toman de manera arbitraria desde la jefatura de tráfico: “El jefe de tráfico dijo: ‘bueno, de las 8 en adelante no viaja nadie, así que que lo pongan a una hora, el servicio de la 148 de Los Tronquitos’. Vino a verificar, se fue viajando… y vio que había un montón de gente que estaba en las paradas y dijo: ‘bueno, no, pongan uno a media hora’. Sacaron todos los servicios nocturnos, están haciendo una reducción drástica, terrible”.
Los testimonios del personal advierten que el surgimiento de servicios semirápidos desde El Alpino desvistió los recorridos tradicionales de Los Tronquitos. “Esto tiene que ver con un proceso de ajuste, porque no es que suman más servicios. Sacan de un lado para poner en el otro, pero en realidad no sostienen ni uno ni otro… y después de las horas pico los mandan a guardar a los coches”, argumentan los trabajadores. Todo esto transcurre mientras el pasaje se incrementa mes a mes entre un 4% y un 5%, ritmo que, según denuncian los empleados, contrasta con las cifras de inflación del 1,7% difundidas por el INDEC.
La trampa del artículo 245 y la persecución de la memoria
En la arquitectura jurídica argentina, la Ley de Contrato de Trabajo Nº 20.744 regula las indemnizaciones por despido sin justa causa a través de su artículo 245, fijando un piso económico según los años de servicio prestados. Sin embargo, según las denuncias recabadas entre el personal de Misión Buenos Aires, la patronal convierte ese marco legal en un instrumento de disciplina, desgaste e intimidación.
“Aplican la ley con la 245 y no respetan la ley cuando se trata de las condiciones de los trabajadores”, enfatizan los choferes en sus testimonios, exponiendo la contradicción entre el rigor patronal para ejecutar despidos y el incumplimiento de las condiciones higiénicas e infraestructurales en las cabeceras.
De acuerdo con el relato de los trabajadores, el uso del artículo 245 se articula en una doble pinza sobre la plantilla:
- Presión y bajo costo sobre los ingresantes: La empresa utilizaría la amenaza del despido sin causa sobre el personal reciente aprovechando que, al registrar menor antigüedad, la indemnización legal representa una erogación baja para las arcas empresariales. “Amenazan a 17 de los compañeros más nuevos con la 245, porque bueno, sale barato indemnizarlos de alguna manera”, advierten los choferes.
- Desmantelamiento de la antigüedad y la memoria colectiva: Paralelamente, los choferes de mayor trayectoria denuncian persecución y traslados compulsivos para licuar la historia organizativa de la línea. “La conducta laboral, donde el compromiso, la responsabilidad no está dentro de los valores de este grupo empresario. Evidentemente la antigüedad parece que es el motivo y fundamentalmente la historia que tiene la 148 de lucha y de resistencia la quieren desaparecer junto con cada uno de sus integrantes”, relatan las voces del personal.
En los testimonios se describe además la mecánica de amedrentamiento posterior a las desvinculaciones: “Echaron a tres compañeros con el artículo 245… Hay una modalidad de: echamos 50, quedan dos afuera; echamos tres, queda uno afuera. Es instalar un poco. Después de esos despidos vienen, hacen pasear a todos los trabajadores por Recursos Humanos ofreciéndole un arreglo que ‘te van a echar gratis, te conviene irte’”.
Entre el personal circulan además versiones sobre una posible venta de la línea al grupo DOTA (a través de la firma San Vicente) por presuntas dificultades de recaudación. En ese escenario de incertidumbre laboral, los trabajadores depositan sus expectativas en las elecciones del 8 de octubre dentro de la UTA, buscando promover un recambio dirigencial encabezado por referentes jóvenes de la seccional Mar del Plata.
Mientras cada 24 de septiembre la efeméride oficial celebra la mística de aquel invento nacido en un café de Rivadavia y Lacarra, sobre las calles de Florencio Varela la voz de los trabajadores retrata una realidad opaca: la de un servicio estratégico donde la retórica del relanzamiento oficial contrasta con la precariedad cotidiana sobre el asfalto.
