Mientras ajusta motores y organiza recorridos, La Colorada se prepara contrarreloj para salir a la calle. Según señalaron sus propios trabajadores, ya están diagramando frecuencias, asignando choferes y poniendo a punto las unidades, pero el inicio efectivo del servicio depende de un elemento clave: la llegada de los validadores SUBE, cuya provisión aún esperan. “Estamos preparando todo lo posible; si todo llega a tiempo, estaremos en la calle”, afirmaron. La promesa es clara: reforzar las líneas del fondo, mejorar la conectividad en barrios como Los Tronquitos y garantizar un servicio que —admiten— puede tener ajustes iniciales, pero que apunta a ser más estable, cercano y eficiente para las y los usuarios varelenses.

Por estos días, el pulso del transporte público en Florencio Varela late al ritmo de la incertidumbre. Tras la pérdida de la concesión por parte de San Juan Bautista, el Municipio activó un esquema de contingencia para evitar la paralización de un servicio esencial que, en los barrios, no es un lujo: es el puente diario hacia el trabajo, la escuela y los centros de salud.
En ese rediseño provisorio, Micro Ómnibus La Colorada se encamina a tomar el control de las líneas 500, 503 y 508; Micro Ómnibus Primera Junta absorbería las 506 y 509; mientras que el Grupo DOTA (Tomás Guido / San Vicente) operaría las 507, 511, 512 y 513. La redistribución busca sostener la conectividad sin interrupciones, en un distrito donde más del 60% de las personas usuarias dependen del colectivo para trasladarse.
Desde La Colorada, los trabajadores confirmaron a este medio que el inicio del servicio está supeditado a la llegada de los equipos validador SUBE —“los huevitos”, en la jerga del sector— cuya provisión depende de Nación. “Estamos contrarreloj, preparando todo lo posible. Si está todo bien el domingo, estaremos en la calle”, señalaron. La empresa proyecta que el recorrido de la 503 incluya La Colorada, Los Tronquitos, el Penal, el Cementerio y Mayol, con la intención de fortalecer la conexión en zonas históricamente relegadas.
El dato no es menor. En barrios como Los Tronquitos o el entorno del Cementerio, el transporte no solo ordena la rutina: define oportunidades. Las mujeres, que asumen mayoritariamente tareas de cuidado no remuneradas, son también quienes más utilizan las líneas locales para combinar empleo, escuela y trámites. Cada interrupción impacta de manera diferencial en sus tiempos y en su economía.
La mesa de trabajo local sostiene que el nuevo esquema permitirá “mejorar mucho, sobre todo en las líneas del fondo”, en referencia a los recorridos que conectan sectores periféricos con el centro. Sin embargo, la transición exige controles claros, información pública y garantías laborales para choferes y personal administrativo.
La reorganización del transporte no es solo un cambio de nombres en las carrocerías. Es una prueba para el Estado local y para las empresas: demostrar que el derecho a la movilidad —y, por extensión, al trabajo, la educación y la salud— puede sostenerse aun en contextos de crisis concesionaria.
En Varela, el colectivo no es un trámite. Es una política pública sobre ruedas.
