sábado, octubre 3

La piel del recinto: botox, trajes sastre y la doble vara de los cuerpos en el Conurbano

En la 11ª sesión del Concejo Deliberante de Florencio Varela, la propuesta de la concejala libertaria Ivonne Canto y la exposición de la activista trans Antonella Vallejos destaparon la disputa central de la época: la invención de la “ofensa personal” para neutralizar la crítica social a la estética del poder. ¿Por qué depende de quién enuncia las palabras para tildarlas o no de “ofensa”?

El recinto «Islas Malvinas Argentinas» del Honorable Concejo Deliberante de Florencio Varela es un espacio donde la liturgia republicana intenta imponer orden sobre la intemperie. Entre banderas de ceremonia y micrófonos de pie, los representantes locales tramitan la cotidianeidad de un distrito atravesado por el ajuste, la precariedad y las urgencias de la salud pública. Sin embargo, durante la 11ª Sesión Ordinaria, las costuras del protocolo crujieron cuando la discusión por la salud de los adultos mayores y el reconocimiento a la diversidad sexual se transformaron en un debate sobre la moral, la corporeidad y la función social del discurso político.

El puntapié metodológico del debate lo dio la concejala libertaria Ivonne Canto durante el tratamiento del Expediente N° 29.875/26, relativo a los recortes de medicamentos en el PAMI. Al defender la reestructuración impulsada por el Gobierno Nacional como un «proceso de ordenamiento de datos» y devolver el golpe reclamando la misma firmeza para auditar las falencias de IOMA en la provincia, Canto instaló un principio rector: en la política hay que «dar el mismo peso a todo» y medir la realidad con la misma vara.

Esa premisa de la simetría, tan válida para la gestión de las prestaciones públicas, volvió como un bumerán cuando el recinto aprobó la declaración de Interés Legislativo para la 9ª Marcha del Orgullo LGBTQ+ varelense —a pesar del voto negativo en bloque de la bancada de La Libertad Avanza—.


El reconocimiento a la Marcha del Orgullo y la intervención en el estrado

Posteriormente, el Concejo abordó el Expediente N° 29.877/26 para declarar de Interés Legislativo la 9ª Marcha del Orgullo LGBTQ+ de Florencio Varela. El proyecto fue aprobado por mayoría, contando con el voto negativo en bloque de La Libertad Avanza, espacio que argumentó el ejercicio de su representación bajo ideales políticos diferenciados y la defensa de prioridades legislativas distintas.

Tras la aprobación, las autoridades del cuerpo invitaron al estrado a referentes comunitarios para recibir el reconocimiento institucional. En ese marco, tomó la palabra la activista trans y artista local Antonella Vallejos, fundadora de la primera marcha en el distrito. En su alocución, Vallejos cuestionó la postura del bloque opositor y llamó a los ediles opositores a «dejar el botox y los trajecitos sastre» para salir a caminar los barrios populares.

La bancada libertaria se apresuró a repudiar sus dichos como un «ataque estético fútil» y una «ofensa a la dignidad legislativa».


El «lloriqueo» de bancada como trinchera

Aquí es donde el principio de la concejala Canto de «medir a todos con la misma vara» se vuelve un espejo impiadoso. Resulta por demás llamativo que una bancada reclame para sí el resguardo de las formas y la sensibilidad institucional cuando una vecina la interpela desde el estrado, pero valide, celebre o minimice la agresividad discursiva y la violencia material que se ejercen de manera sistemática desde la cima del Poder Ejecutivo Nacional.

Mientras los concejales libertarios de Florencio Varela pertenecen a la misma fuerza política cuyo líder máximo, el Presidente de la Nación, llama despectivamente «chilindrina troska» a legisladoras de la oposición, califica de «enfermos» a colectivos disidentes en escenarios internacionales como Davos, o desmonta mediante DNU derechos consagrados en la Ley de Identidad de Género.

Ahora en lo local se utiliza la incomodidad del señalamiento estético como un refugio de etiqueta: un «lloriqueo institucional» -como el que su jefe máximo, Javier Milei, le indilga a la mayor referenta de la izquierda cuando a él le parece correcto-.


La verdad de los cuerpos frente a la ceguera del protocolo

La sesión del Concejo Deliberante de Florencio Varela dejó expuesta una radiografía nítida del debate contemporáneo. Cuando la política formal intenta reducir las demandas de supervivencia que la ciudadanía lleva al recinto a una discusión sobre la «urbanidad» o la «corrección del lenguaje», revela la fragilidad de su propio proyecto.

El aporte analítico del prisma de la concejala Canto exige no mirar la realidad con un ojo tapado: no se puede exigir hacia abajo, a las vecinas e históricamente vulneradas que pisan el estrado, una etiqueta victoriana mientras se tolera hacia arriba la crueldad retórica y el desmantelamiento de la vida. Y la intervención de Antonella Vallejos demostró que, cuando la voz disidente entra al templo de la ley sin la servidumbre del reglamento, no busca la aprobación del protocolo, sino agrietar la asepsia del poder para recordar que detrás de cada expediente hay cuerpos reales resistiendo a la intemperie.

Si acordamos en que sobre las elecciones corporales de las personas no se debe opinar ni juzgar, ¿por qué cuando se trata de la opresión sistemática y el dolor sobre los cuerpos de «las mayorías»los otros» se prefiere el silencio y la cortesía institucional?

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