miércoles, abril 22

De Varela a Netflix: Antonella Vallejos y un logro de toda la diversidad

Hay historias que no empiezan cuando se enciende la cámara. Empiezan mucho antes: en la calle, en la militancia, en la construcción paciente de una identidad que tuvo que abrirse paso entre prejuicios, silencios y puertas cerradas. La de Antonella Vallejos es una de esas historias. Y ahora, también, es parte del universo de Moria Casán, en la serie que Netflix estrenará el próximo 14 de agosto.

“Formar parte de la serie sobre Moria Casán en Netflix no fue solo una oportunidad laboral… fue un momento de reivindicación personal y colectiva”, dice. La frase no busca impacto: lo tiene. “Llegó después de mucho camino recorrido, de lucha, de construir identidad y de no bajar los brazos”.

En su manera de contar no hay épica impostada, pero sí una conciencia clara de lo que significa estar ahí. Porque su participación no responde a la lógica habitual de la industria. “Mi convocatoria fue muy significativa, porque no tuve que hacer casting: fui convocada directamente por dar con el perfil exacto. Y eso también habla de un reconocimiento a todo lo que una viene construyendo”.

Ese “perfil exacto” no es solo físico ni actoral. Es biográfico. Es político. Es, en definitiva, experiencia. “Mi personaje está atravesado por muchas realidades que conozco muy de cerca. Hay mucho de mí ahí: mi historia, mi sensibilidad, mi forma de ver el mundo como mujer trans”.

La serie promete un recorrido por los momentos más icónicos de la vida de Moria, sin nostalgia ni solemnidad, con el pulso de alguien que siempre eligió incomodar antes que encajar. Antonella deja entrever una de esas escenas donde lo personal y lo espectacular se cruzan: “En esta historia se van a encontrar con muchas fiestas, momentos icónicos, y puedo adelantar algo muy especial: hay una gran celebración por los 80 años de Moria… y ahí estoy yo, siendo parte de ese universo”.

Pero si hay algo que insiste en aparecer en su relato es la dimensión colectiva. La imposibilidad —o la decisión— de no pensarse en singular. “Viniendo de Florencio Varela, representar a la diversidad en una producción tan grande es un orgullo enorme. Porque no es solo mío, es de todas las que luchamos por un lugar, por ser vistas y escuchadas”.

En tiempos donde la palabra “inclusión” se repite hasta desgastarse, Antonella la devuelve a su espesor. “Siento que cada vez hay más espacios para nuestras historias, pero todavía falta. Necesitamos más inclusión real, más oportunidades y más voces diversas contando desde adentro”.

No es una queja: es diagnóstico. Y también horizonte.

El paso por el set aparece, en su relato, como una experiencia que desarma ciertos prejuicios sobre la industria. “Además, fue realmente hermoso compartir el set con Moria, poder tener un vínculo más cercano con ella y vivir una experiencia tan respetuosa y cuidada. Eso no es menor, y se valora muchísimo”. La palabra “cuidada” vuelve, como una forma de nombrar lo que durante tanto tiempo faltó.

La producción, dirigida por Javier Van de Couter y realizada íntegramente en Argentina por About Entertainment, apuesta a contar la vida de Moria desde múltiples capas: su pasado, su presente y hasta una proyección de futuro. Tres actrices —Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth— se reparten el desafío de encarnar a una figura que desbordó todos los formatos.

Pero incluso en ese despliegue, Antonella encuentra su lugar. No como excepción, sino como parte de algo que empieza a correrse. “Si algo me gustaría que quede de mi participación es esto: que podamos mirarnos con más empatía, con más amor y sin prejuicios”.

Hay, en esa frase, algo más que un deseo. Hay una forma de intervención.

Y cuando habla del futuro, no hay pausa ni contemplación. “Este es solo el comienzo. Voy por más, sin olvidar nunca de dónde vengo ni por qué lucho”.

Quizás de eso se trate. De no olvidar. De llegar —a una serie, a una pantalla global, a un nuevo público— sin dejar atrás el territorio que hizo posible ese recorrido. De Varela a Netflix, sí. Pero también de la lucha a la escena, de lo invisible a lo visible, de lo individual a lo colectivo.

Porque, como insiste Antonella, una y otra vez, nada de esto es solo suyo. Es, en todo caso, un logro de todas.

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