jueves, julio 2

Libertarios varelenses o la fisiología del canibalismo y el perro despulgado

Mientras el Gobierno nacional edita su «fase Santilli» buscando el orden del hormigón y el acuerdo político, en el barro de Florencio Varela la estructura libertaria naufraga en una antropofagia interna de traiciones, emboscadas y expedientes judiciales. En el corazón del feudo inexpugnable de Julio Pereyra, los referentes de Milei enfrentan la paradoja de intentar representar el malestar de un distrito «detonado» mientras se desangran en una lucha de «hormigas obreras» contra la «maldad» de su propio bloque. ¿Es posible perforar la hegemonía peronista en el Conurbano con una fuerza que gasta su capital político en «despulgar al perro» antes de aprender a organizar ese malestar en poder real?

La política, cuando se queda sin ideas, suele refugiarse en la biología. En este invierno de 2026, mientras la Casa Rosada intenta una «metamorfosis del hormigón» con la jura de Diego Santilli para ofrecer «estabilidad» y «gestión» en reemplazo de la «disrupción», en el Conurbano —ese territorio que no sabe de modales— la realidad nos devuelve una postal mucho más descarnada. En Florencio Varela, el municipio que Julio Pereyra custodia con la precisión de un entomólogo, La Libertad Avanza (LLA) no está construyendo una alternativa; está librando una guerra de guerrillas en el barro.

Esto nos lleva a un problema mucho más profundo, que es la precarización del armado territorial. Acá hay una pregunta central: ¿Qué ocurre cuando el «grito de libertad» se convierte, puertas adentro, en un susurro de espanto?

El dilema de la oposición manchada

Miren este detalle: un testimonio fundamental, obtenido bajo estricto off the record de un referente del espacio varelense, nos permite asomarnos a la verdadera psicología del poder libertario. Sus palabras no son solo una queja; son una radiografía del naufragio. “La oposición también está manchada. Hay que limpiarla”, dispara quien oficia de referente con una frialdad que asustaría al propio Maquiavelo. Es una confesión de parte: para LLA en Varela, el enemigo no es solo el «feudo» peronista, sino una estructura opositora que perciben como infectada.

Para describir este proceso de purga interna, el referente utiliza una metáfora de una rusticidad asombrosa: “Todavía hay que despulgar al perro”. Semejante definición, que ya le habría transmitido al coordinador regional, sugiere que el cuerpo político de la libertad en el distrito está parasitado por intereses ajenos o por la propia «casta» que juraron combatir. No se trata de una competencia política; se trata de una higiene sanitaria.

La fisiología de la maldad interna

Lo que estamos viendo es la antropofagia partidaria. El testimonio del referente libertario alcanza niveles de dramatismo que contrastan con la estética de las «Fuerzas del Cielo». Confiesa haber quedado destruido «con tanta maldad”, cuando supo caminar por años los barrios militando partidariamente-Deja en claro que el golpe no vino de la vereda de enfrente. “Desde el oficialismo lo puedo esperar, ponele. ¿Pero desde adentro del Bloque? Fue y es muy feo”, añade, subrayando que la verdadera amenaza no es el intendente Andrés Watson —el Dr. Watson de Sherlock Pereyra— sino el compañero de bancada.

Acá hay que detenerse en una palabra: maldad. No habla de «diferencias tácticas» o «disidencias ideológicas». Habla de una persecución que incluyó “demandas judiciales” internas para intentar expulsar gente del espacio. Es el uso del derecho como garrote para resolver lo que la política no puede ordenar. La fragilidad de este armado se resume en una frase que ya es un clásico de la precariedad libertaria: “Estuve a dos Doritos de dejar todo, renunciar”. Es la política reducida al tiempo de un snack: una subjetividad que cruje ante la presión de un sistema que no perdona a los «amateurs».

El teorema de la hormiga obrera

Frente a un “Varela detonado por todos lados”, donde según el testimonio “la gente está cansada de vivir así”, LLA enfrenta su propio techo de cristal. Mientras Karina Milei centraliza la lapicera en Balcarce 50 junto a los Menem para evitar filtraciones, en Varela la tropa se siente a la intemperie.

Detrás del teclado -nuestra fuente- admite que, a pesar de la oportunidad histórica, los vicios internos los condenan: “Falta unión y convicción”. Por eso, su pronóstico es de un realismo brutal: el 2027 solo servirá para “ganar más concejales, pero no la Intendencia”. La “bandera de victoria”, ese fetiche mesiánico, queda postergada para un lejano 2031.

Mientras tanto, esta cara visible de La Libertad Avanza, ha decidido refugiarse en su despacho, redoblando la apuesta al trabajo de “hormiga obrera”. Es la crónica de un espacio que intenta representar el malestar externo mientras padece, en carne viva, la metástasis de su propia interna.

Al final del día, la pregunta de hierro que recorre las calles de Varela es una sola: ¿Puede un perro ganar la carrera mientras gasta todas sus energías en despulgarse a sí mismo?

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