La gente ve una rutina, una patada, un salto y un resultado. No ve los años. En Florencio Varela, el Wushu se sostiene entre trabajos, estudios, familias, viajes y entrenamientos pagados de bolsillo. Ian llegó a un Mundial en China y ahora diez atletas de la asociación se preparan para el Panamericano en Buenos Aires. Pero la verdadera pelea ocurre mucho antes de pisar el tapiz: conseguir que el lugar donde naciste no determine hasta dónde podés llegar.
Hay un instante fugaz en el que el tiempo parece suspenderse. Todo se sintetiza en un salto, en una patada en el aire, en el crujido fino del traje al cortar el viento sobre la alfombra de competencia. Son apenas ciento veinte segundos. Pero detrás de ese relámpago público hay una trama invisible de meses y años de viaje, de sueldos ajustados y de cuerpos golpeados por el cansancio acumulado.
«Después la gente ve dos minutos de una rutina y parece que fueron solamente esos dos minutos. Pero para llegar a esos dos minutos capaz hubo meses o años de trabajo». La revelación sintetiza la trastienda del Wushu en el sur del Gran Buenos Aires, donde una disciplina milenaria encuentra su cantera más perseverante en la periferia metropolitana.
En un territorio atravesado por exigencias económicas y rutinas vertiginosas, la Asociación Varela Wushu Team sostiene un espacio donde la procedencia de clase no fija el límite de las aspiraciones. Aquí nadie vive de la actividad deportiva: los jóvenes estudian, los adultos trabajan, atienden a sus familias y, al terminar la jornada, encuentran las horas necesarias para entrenar, repetir movimientos y afrontar los gastos de su propio bolsillo.
La cartografía del territorio compartido
La identidad del proyecto nació arraigada a la geografía de Florencio Varela, pero con el tiempo desbordó los límites municipales para convertirse en una red de contención metropolitana. «Para nosotros es un orgullo enorme. Nosotros somos de Varela, la Asociación nació acá y siempre tratamos de demostrar que desde Varela también se puede llegar». La pertenencia funciona como un vector de dignidad que busca desarmar prejuicios territoriales.
Con el crecimiento institucional, el tapiz de entrenamiento comenzó a poblarse de atletas provenientes de diversos puntos del conurbano. «Pero también hoy tenemos una Asociación que creció y tenemos gente de otros distritos. Tenemos gente de Moreno, de Berazategui, de Lomas. Entonces se fue armando algo mucho más grande», afirman desde Asociación Varela Wushu Team. Jóvenes de distintas realidades cruzan el mapa urbano para integrarse en una misma disciplina colectiva.
«Y creo que lo más lindo es eso: demostrarles a los chicos que no importa si arrancás entrenando en un barrio, con lo que tenés. Si hay trabajo, gente que te acompañe y oportunidades, podés llegar muy lejos». Esa convicción atraviesa el trabajo diario en el gimnasio, donde el esfuerzo individual se amalgama con el sostén comunitario.
«Y… es complicado. Porque acá nadie vive del Wushu. Los chicos estudian, los grandes trabajan, tienen su familia y después tienen que encontrar el tiempo para entrenar». Cuando se aproxima un certamen decisivo, la preparación exige doblar la apuesta: «Y cuando estás preparando algo importante, entrenás mucho. Repetís y repetís. Viajás. Gastás. A veces llegás cansado y entrenás igual».
La cadena de referentes y el espejo de Ian

El desarrollo competitivo del club tiene un hito fundamental en la trayectoria de Ian, el primer deportista de categoría menor de la asociación en clasificar y competir en un Mundial disputado en la República Popular China. Ver a un compañero del barrio vestir la indumentaria del seleccionado nacional quebró la percepción lejana del alto rendimiento.
«Lo de Ian para nosotros es muy especial porque es nuestro primer menor que llegó a un Mundial». Sin embargo, la reconstrucción del logro evita el individualismo y pone el foco en el trabajo pedagógico de su entrenador, David Herrera. «Y ahí también quiero nombrar a David Herrera, que es su entrenador. Porque Ian es el que entra al área y compite, obviamente, pero atrás hubo un entrenador que estuvo todos los días trabajando con él, corrigiéndolo y acompañándolo para que pudiera llegar a ese nivel».
La dimensión colectiva de la alta competencia se vuelve evidente al repasar la preparación requerida. «La gente ve a Ian compitiendo en China, pero para llegar a China hubo años de trabajo entre atleta y entrenador, hubo una familia y hubo un montón de gente acompañando».
Ese recorrido produce una transformación directa en la mirada de los más chicos:
«Y… a mí esas cosas me pegan bastante. Porque vos sabés de dónde arrancó. Lo viste cuando recién empezaba, cuando algo no le salía, cuando había que corregirlo veinte veces. Y después de un tiempo lo ves con la ropa de la Selección Argentina representando al país».
«En el caso de Ian, verlo llegar a un Mundial en China siendo menor fue muy fuerte. Y también sirve para los demás chicos. Porque ya no les estamos contando una historia de alguien que vive a diez mil kilómetros. Es un compañero de ellos. Lo conocen. Entrenó acá. Entonces pueden decir: “Bueno, si él pudo, ¿por qué yo no?”».
Ian no surgió de forma aislada, sino como parte de una trayectoria institucional que cuenta con otros nombres internacionales. Gastón Sabaño, oriundo de Berazategui, integró la Selección Argentina y compitió en certámenes celebrados en Estados Unidos. Por su parte, Lucila Valdivia, proveniente de Moreno, fue convocada el año pasado por el equipo nacional para representar al país en Brasil. «Entonces hay una historia. Hoy Ian es nuestro primer menor en llegar a un Mundial y eso para nosotros es enorme. Pero atrás también hay gente que fue abriendo el camino».
El Panamericano en el Sheraton: del conurbano al centro del continente

Entre el 6 y el 11 de octubre, las instalaciones del Hotel Sheraton de Retiro albergarán el Campeonato Panamericano de Wushu, un acontecimiento de gran magnitud que reunirá a más de 1.000 competidores de diversos países en la Ciudad de Buenos Aires. La delegación de la Asociación Varela Wushu Team estará presente con diez atletas clasificados.
«En octubre tenemos el Panamericano acá en Argentina, en el Sheraton de Retiro. Nosotros vamos a estar participando entre el 6 y el 11 de octubre y nuestra Asociación va a tener 10 atletas compitiendo. Y para que la gente entienda la dimensión de lo que estamos hablando: estamos hablando de más de 1.000 atletas de distintos países que van a venir a competir a la Argentina». La escala del torneo se refleja en comitivas internacionales como la de Estados Unidos, que desembarcará con aproximadamente 230 deportistas y 200 acompañantes.
En Florencio Varela, la representación marcial trasciende las fronteras de una sola entidad. Existen deportistas locales que construyen su carrera en otros espacios, como Emiliano Firmapaz, vecino varelense que entrena en la escuela Shen Jin Hu de Malvinas Argentinas bajo la dirección del maestro Darío Rosales. «Emiliano no es atleta de nuestra Asociación, pero es varelense. Y si un atleta de Varela llega, para nosotros también está bueno que se conozca. Nosotros estamos orgullosos de nuestros diez atletas, obviamente, pero nunca vamos a decir que todo el Wushu de Varela somos nosotros, porque no es así».
El certamen en Retiro representa una oportunidad única para acercar el deporte a los vecinos sin necesidad de realizar viajes internacionales. «Porque tener un Panamericano de esta magnitud en Argentina no pasa todos los días».
La ética de la resiliencia y el valor de lo humano

Frente a la exigencia de la alta competencia, la filosofía de trabajo prioriza la asimilación del traspié como parte del aprendizaje vital. Ante la consulta sobre cuántas veces debe ponerse de pie un deportista tras una derrota o una lesión, la respuesta es categórica: «Todas. No hay otra».
«Si hacés deporte en serio, vas a perder. Te vas a lesionar, alguna vez te va a salir todo mal, vas a entrenar muchísimo para algo y quizás ese día no se te da». El enfoque busca trascender el resultado inmediato: «Ganar es hermoso, obviamente. Pero aprender a perder, levantarte al otro día y volver a entrenar también te forma. Y eso después te queda para la vida».
Detrás del brillo de una medalla se sostiene una estructura familiar y comunitaria invisible para el espectador casual. «Atrás de una medalla está la familia, primero que nada. Está el papá o la mamá que lleva al chico a entrenar, que espera, que paga un viaje, una inscripción, la ropa». A ello se suma el rol de los entrenadores y los compañeros de entrenamiento. «Entonces la medalla se la cuelga uno, pero nunca llega solo».
El cuerpo docente enfatiza los valores formativos por encima de los trofeos. «Para mí el respeto es fundamental. Después la disciplina, el compromiso, ser compañero y entender que las cosas cuestan». Si bien existe una búsqueda natural por competir y lograr buenos atletas, el propósito central es de carácter ético: «El día de mañana quizás ese chico deja de competir, pero todo lo que aprendió entrenando se lo lleva. Si nosotros logramos buenos atletas pero, principalmente, buenas personas, hicimos bien nuestro trabajo».
Las puertas abiertas del barrio
El desafío cotidiano de la asociación radica en generar oportunidades para que la falta de recursos económicos no interrumpa las carreras deportivas de los jóvenes con condiciones. Por eso, la invitación a los vecinos invita a descubrir el trabajo que se realiza en el propio territorio. «Que se acerquen. Que conozcan lo que hacemos. A veces tenemos deportistas de Varela haciendo cosas muy importantes y el vecino ni se entera. Y no es culpa del vecino tampoco si nadie se lo muestra».
El mensaje dirigido a las familias prescinde de la presión por el rendimiento profesional inmediato: «Que lo acerque. Nada más. Que venga y pruebe. No hace falta traer un chico pensando que va a ser campeón argentino o que va a ir a un Mundial… Primero que encuentre un lugar, que haga amigos, que aprenda disciplina, que se mueva, que tenga un grupo de pertenencia». El tiempo y la vocación individual dirán lo demás: «Después el propio chico te va mostrando hasta dónde quiere llegar».
Para el Varela Wushu Team, llevar el nombre del municipio en la indumentaria constituye la marca de su identidad compartida. «Para nosotros Varela pesa mucho. La Asociación se llama Varela Wushu Team por algo. Es nuestra identidad». «Ian representa mucho de lo que queremos mostrar: un chico de acá que llegó a ponerse la camiseta argentina y competir en un Mundial».
Con la mirada puesta en el futuro, el objetivo institucional apunta a multiplicar estas experiencias en los próximos años. «Esto recién está creciendo. Y queremos que dentro de unos años Ian no sea una excepción. Queremos tener muchos chicos de Varela y de toda nuestra Asociación llegando a esos lugares». Cuando los diez atletas pisen el tapiz en el Panamericano de Retiro, llevarán consigo el respaldo de una comunidad entera que aprendió a construir sus propios caminos hacia la cumbre.

