miércoles, septiembre 30

VARELA Y NUESTRAS MUERTAS TRISTES

Una serie de Netflix puede empezar en una pantalla y terminar en una calle conocida. En Senzabello. En Villa Vatteone. En cualquier barrio donde una adolescente aprende demasiado temprano que hay vidas que importan menos. “Mis muertos tristes” habla de fantasmas, pero lo que queda después de verla tiene poco que ver con los muertos: tiene que ver con las chicas que todavía están vivas, con los barrios que miramos desde lejos y con todo aquello que una palabra como “vulnerabilidad” consigue borrar.


Hay una parte de «Mis muertos tristes» que me produjo una extraña sensación… Quizás por varelense. Seguramente. No fue por los espíritus/fantasmas. Fue por ellas.
Tres adolescentes que viven en un contexto de vulnerabilidad, que tienen sueños, que imaginan una vida diferente, que quieren salir adelante y mejorar sus condiciones de vida. Tres chicas que podrían ser tantas otras pero que son acribilladas, que son asesinadas por una suerte de mafia.
Ahí fue cuando ese Gran Buenos Aires de Netflix dejó de ser solamente el escenario de una ficción. Porque mientras veía esa historia, inevitablemente pensé en Senzabello. Recordé a Villa Vatteone. Pensé en esas vidas jóvenes que aparecen en las noticias cuando ya es demasiado tarde. En el precio que se paga por ser mujer en el conurbano.
Pensé en lo fácil que resulta hablar de “jóvenes vulnerables”, de “barrios peligrosos”, de “violencia”, como si esas palabras explicaran algo. Pero detrás de cada una había una persona que quería vivir. Una adolescente que tenía proyectos. Una familia, amistades, sueños. Una vida que todavía no había terminado de empezar.
«Mis muertos tristes» no tiene nada que ver conmigo, pero dejó de ser solamente una serie para mí. Porque el problema no son solamente quienes disparan. Sino también quien observa desde afuera y espera para contar una historia que no tiene solución.
Mis muertos tristes me dejó esa sensación. La de mirar una ficción y terminar pensando en una realidad demasiado cercana.
Porque “no se puede vivir con tanto veneno”.

Lic. Ángela Beatriz Juárez
DIRECTORA
www.elvespertino.ar

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