No hay autocríticas en el país que permite los femicidios
Agostina Vega tenía solo 14 años cuando el sistema decidió soltarle la mano: una búsqueda que comenzó con una semana de retraso porque la policía priorizó custodiar un partido de fútbol, un fiscal que se niega a admitir errores y un entramado político que protegió al sospechoso hasta el hallazgo del cuerpo. Mientras la Justicia intenta mostrarse impoluta y "baja el precio" a las denuncias de paradero sugiriendo huidas voluntarias, los protocolos federales fallan por desidia y los funcionarios se felicitan entre sí frente al horror. Este femicidio no es solo una tragedia individual, sino el reflejo de un Estado que llega tarde, se ampara en la impunidad y elige no mirar hacia adentro mientras las familias entierran a sus hijas.
-Doctor, la familia denuncia que la justicia y la Policía se...










